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	<title>Prototyping</title>
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	<description>how social experimentation works</description>
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		<title>Hasta la próxima</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Mar 2026 12:01:14 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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					<description><![CDATA[Dieciséis años después de aquel primer post de abril de 2010, hoy echamos el candado a Prototyping. Prototyping nació como un cuaderno de campo en línea. Habíamos empezado una etnografía de Medialab-Prado y necesitábamos un lugar donde pensar en voz alta, donde dejar constancia del asombro que nos producía lo que estábamos viendo: personas que [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Dieciséis años después de aquel primer post de abril de 2010, hoy echamos el candado a Prototyping. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Prototyping nació como un cuaderno de campo en línea. Habíamos empezado una etnografía de Medialab-Prado y necesitábamos un lugar donde pensar en voz alta, donde dejar constancia del asombro que nos producía lo que estábamos viendo: personas que se juntaba para fabricar sensores, gente que hacía arte con código, que convertía las paredes de un centro cultural en superficies de colaboración. No sabíamos muy bien qué era aquello —si innovación abierta, cultura libre, experimentación social, activismo vecinal— y decidimos que lo más honesto era hacer hueco a ese asombro en público. Así que abrimos un blog. Lo llamamos Prototyping porque la idea del prototipo —algo que se comparte antes de estar terminado, una invitación a que otros contribuyan a su desarrollo— nos parecía la mejor descripción de lo que estábamos presenciando. Pero también, sin saberlo del todo, de lo que nosotros mismos estábamos haciendo: prototipar una forma de investigar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Muy pronto el blog se desbordó. Dejó de ser un diario de campo para convertirse en un laboratorio abierto de nuestras propias preguntas. ¿Qué significaba investigar <em>con</em> y no solo <em>sobre</em> los colectivos que estudiábamos? ¿Qué clase de compromisos epistémicos y políticos se abrían cuando la etnografía se hacía porosa a las prácticas que describía? ¿Qué podía significar &#8220;abrir&#8221; el código de la cultura académica? Prototyping se convirtió en el sitio donde ensayábamos respuestas provisionales, donde nos equivocábamos, donde dejábamos que las ideas madurasen o se desinflaran al aire libre.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Prototipar una investigación</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mirado en retrospectiva, es difícil no sentir un poquito de emoción ante la cantidad de cosas que pasaron por aquí. Quizá lo más útil sea trazar un mapa, aunque sea esquemático, de los proyectos que el blog fue albergando o documentando a lo largo de estos años.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Prototyping Cultures</strong> (noviembre de 2010) fue nuestra primer experimento: un congreso internacional en el que reunimos a Lucy Suchman, Fred Turner, George Marcus, Chris Kelty, Javier Lezaun, Alex Wilkie, Nerea Calvillo o Michael Guggenheim, entre otros, para pensar juntos sobre las culturas del prototipado, la ciencia do-it-yourself y el conocimiento beta. Kelty propuso entonces un experimento que resumía bien el espíritu de aquellos días: prototipar el prototipo, pedir a los ponentes que compartieran borradores de sus presentaciones antes de la conferencia para que fueran comentados y reelaborados colectivamente. El resultado fue un <a href="https://digital.csic.es/bitstream/10261/142681/1/prototyping%20prototyping%20arce_episode2.pdf">episodio publicado en el ARC Studio de Anthropology of the Contemporary</a>. La conferencia se celebró entre el CSIC y Medialab-Prado, y fue, en cierto modo, el acta fundacional de todo lo que vino después. De todo ello, <a href="https://www.routledge.com/Prototyping-Cultures-Art-Science-and-Politics-in-Beta/CorsinJimenez/p/book/9780367220198?srsltid=AfmBOoq6507Bz8KKg7QQtCMtDgxkOkFfkD89RjChKXlv2XqZ71H9NJ7t">publicamos, también, un libro</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>The City as an Open Interface</strong> (julio de 2012) fue el segundo congreso, esta vez centrado en la ciudad como problema. ¿Qué ocurre cuando los datos, los sensores, las cartografías críticas y las tecnologías de lo abierto reconfiguran la experiencia urbana? Invitamos a James Holston, Stephen Graham, Mike Crang, Ignacio Farías, Evelyn Ruppert, Hannah Knox, Maribel Casas-Cortés y Sebastián Cobarrubias, entre otros, a Medialab-Prado e Intermediae para dos días de discusión y reflexiones compartidas. Fue allí donde empezamos a barruntar una idea que luego resultaría central en nuestro trabajo: que la ciudad no es sólo un espacio atravesado por luchas y tensiones, sino un crisol donde vecinos, activistas y diversas organizaciones de base ensayan nuevos métodos y herramientas con los que hacer vivible una ciudad distinta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El Estudio de Hackeos de la Academia</strong> que montamos con Antonio Lafuente en el CSIC entre 2012-2013 constó de dos temporadas. La primera, dedicada a la inventiva metodológica, trajo al seminario a colectivos como Squatting in Europe, MásterDIWO, Zuloark, Basurama, 15M.cc, Domenico di Siena y José Luis de Vicente: hackers, arquitectos, comisarios, periodistas y activistas que estaban transformando desde fuera los lugares, los métodos y los lenguajes de la investigación social. La premisa era radical y, vista hoy, sigue siendo necesaria: si todos producimos datos, analizamos evidencias y ensayamos teorías, la academia no puede presumir de hacerlo mejor que nadie; lo que sí puede hacer es abrirse a esa reflexión distribuida, hacerse partícipe de ella, y contribuir a desestabilizar la investigación desde sus propias controversias.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Crítica a Paseo</strong> fue la segunda temporada del Estudio de Hackeos, y con ella salimos, literalmente, a la calle. Nos preguntamos por otras modalidades de crítica urbana distintas de las académicas: la Bici Crítica, los talleres de Todo por la Praxis, las derivas del Paseo de Jane, los proyectos de Agronautas, el Vivero de Iniciativas Ciudadanas, la Red de Huertos Urbanos. Lo que nos interesaba era una crítica que no operase mediante gestos de desenmascaramiento sino mediante ejercicios de composición colectiva. Una crítica que, en lugar de desvelar las estructuras últimas de la desigualdad, la injusticia o la lucha de clases, produjera conocimiento encarnado pedaleando, plantando, construyendo. Deambulamos por la ciudad —Intermediae, el Campo de Cebada, los huertos— y eso mismo, el deambular, se convirtió en método. Cerramos la temporada con Sacar la Crítica a Paseo, <a href="https://lagaleriademagdalena.wordpress.com/tag/critica/">una exposición efímera y transeúnte organizada por lagaleriademagdalena</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Empiria Digital</strong> fue nuestra serie de seminarios de investigación social sobre Internet y las tecnologías digitales, organizada con Medialab-Prado y la Red de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Queríamos poner en valor el trabajo empírico —especialmente etnográfico— frente a los discursos especulativos y las generalizaciones voluntariosas que rodeaban todo lo que tenía que ver con &#8220;lo digital&#8221;.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Ciudad Escuela</strong> (2014) fue quizá el proyecto más ambicioso y el que más nos enseñó sobre lo que significaba trabajar <em>con</em> colectivos de verdad. Junto con Basurama, Zuloark, Domenico di Siena y Alfonso Sánchez Uzábal, formamos la <a href="https://ciudad-escuela.org/">plataforma 15Muebles y desarrollamos lo que llamamos la primera pedagogía urbana open-source</a>: un intento de hacer visible la ciudad como escenario educativo, como aula abierta. Utilizando los Open Badges de Mozilla, diseñamos prototipos de aprendizaje asociados a iniciativas ciudadanas: huertos, solares autogestionados, hacklabs, asambleas. Ciudad Escuela se <a href="https://www.museoreinasofia.es/actividad/taller-15-muebles">presentó en el Museo Reina Sofía en mayo de 2014</a>, tras una residencia de investigación allí, y supuso para nosotros una inflexión importante: dejamos de hablar <em>sobre</em> los prototipos para meternos de lleno en su producción.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y luego, por supuesto, estuvo el <strong>15M</strong>. El blog se convirtió, durante las semanas y meses de mayo y junio de 2011, en un espacio de documentación frenética de lo que estaba pasando en las plazas. No fue un giro planificado; simplemente, la etnografía que habíamos empezado en Medialab-Prado se desbordó hacia las acampadas, las asambleas de barrio, las infraestructuras materiales de la ocupación. El 15M atravesó Prototyping y nos obligó a repensar casi todo: la relación entre lo digital y lo urbano, el sentido de la experimentación social, las formas de la participación, la naturaleza misma de lo político.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Madrid, a medias</strong> (2017-2018) fue el proyecto donde todo lo que habíamos ido pensando en el blog encontró una forma expositiva. Junto con Raquel Congosto, comisariamos para CentroCentro un ciclo de tres exposiciones que se proponía narrar la ciudad esperanzada, acogedora y jovial que se había puesto en pie durante una década de crisis e indignación (2007-2017). La primera muestra, <em><a href="https://www.centrocentro.org/exposicion/madrid-medias-el-urbanismo-libre">El urbanismo libre</a></em>, recorría las experiencias e iniciativas ciudadanas que contribuyeron a liberar la imaginación política de la ciudad, organizada en torno a cinco ejes —Airear la crisis, Alumbrar, Mobilizar (con b de mueble), Enredar, Curar y cuidar— que intentaban dar cuenta de las sensibilidades, dedicaciones y complicidades que se despliegan cuando nos hacemos cargo de nuestras ciudades. La segunda, <em><a href="https://www.centrocentro.org/exposicion/madrid-medias-las-ciudades-manuales">Las ciudades manuales</a></em>, se adentraba en el universo de archivos, estéticas documentales y tecnologías narrativas con los que colectivos ciudadanos habían relatado la ciudad. La tercera, <em><a href="https://www.centrocentro.org/exposicion/madrid-medias-los-aprendizajes-solares">Los aprendizajes solares</a></em>, descubría las pedagogías ciudadanas nacidas en huertos y solares, plazas y asambleas: aprendizajes al sol que habían transformado el habitar urbano en una ciudad escuela. En cierto modo, <em>Madrid, a medias</em> fue la traducción expositiva de todo lo que Prototyping había ido registrando durante años: una ciudad hecha a medias, a varias manos, y a medio hacer.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La ciudad y la cultura libre</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Todo ese trabajo fue sedimentando y encontró finalmente su forma más elaborada en el libro que publicamos en 2023, <em><a href="https://www.cornellpress.cornell.edu/book/9781501767180/free-culture-and-the-city/">Free Culture and the City: Hackers, Commoners, and Neighbors in Madrid, 1997-2017</a></em>. Un libro en el que, tras más de diez años de investigación, trazamos la historia del movimiento de la cultura libre en España: cómo las tecnologías, los argumentos legales y las herramientas pedagógicas diseñadas para defender las libertades digitales fueron inesperadamente reconvertidas, a lo largo de dos décadas, en diseños activistas contra el urbanismo de la austeridad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante todo ese tiempo, el blog fue la infraestructura de pensamiento del libro. Aquí ensayamos las ideas de <em>urbanismo libre</em> y <em>urbanismo intransitivo</em>, aquí nos preguntamos por las <em>materias del sentido</em>, los <em>bricolajes de aprendizaje</em> y los<em> climas de método</em>. Conceptos que nacieron en posts tentativos, en reflexiones a medio cocinar, y que luego fueron madurando hasta encontrar su lugar en un argumento más largo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De este viaje hay tres aprendizajes que nos gustaría recoger, dos sobre los modos de investigar y uno sobre la cultura libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pensar al aire libre</strong>. Hoy las redes sociales lo inundan todo y los blogs han pasado a mejor vida. Pero conviene recordar que unos y otros medios tienen tiempos, exigencias y compromisos distintos. Nosotros aprendimos que un blog no es una forma menor de producción intelectual, ni un suplemento auxiliar o divulgador de la escritura académica, sino un espacio con sus propias temporalidades, sus propias obligaciones y sus propios riesgos. Escribir en público, antes de tener las ideas claras, exige una disciplina distinta de la escritura de un artículo o un libro. Es más parecido a pensar con las manos, como quien trabaja con arcilla y no sabe todavía qué forma tomará la pieza. O a pensar al aire libre, desde la vulnerabilidad e incertidumbre que entraña tomar la voz en la plaza pública.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Pensar desde la hospitalidad</strong>. Definimos originalmente Prototyping como un espacio sobre las culturas del prototipado y la experimentación social. Pero poco a poco, con el paso del tiempo, lo que acabamos haciendo fue experimentar con la hospitalidad: abrir el seminario a colectivos que no eran académicos, sacar la investigación a la calle, dejar que la etnografía fuera transformada por aquello que describía. Esa hospitalidad tecno-política de la que hablamos en nuestro primer artículo juntos —&#8221;Prototyping relationships: on techno-political hospitality&#8221;— resultó ser no solo nuestro objeto de estudio sino nuestra condición de trabajo. Pensar desde la hospitalidad obliga a revisar todos los supuestos de la investigación académica: para quién, cómo, dónde, cuándo y cómo trabajamos, escribimos y publicamos. Quizás esto explique por qué nuestra conversación y aprendizajes se han extendido a lo largo de dieciséis años. Como decían las asambleas del 15M, <em>vamos despacio porque vamos lejos</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La cultura libre es más importante que nunca</strong>. Internet ha cambiado mucho desde que se abrió al público hace ya más de treinta años. Y no para bien. Hoy en día es casi imposible hacerse escuchar en la red si no es desde un medio o una plataforma privada. El espacio público digital está parcelado en plazas de acceso restringido y propietario, vigiladas siempre por actores cuyos intereses desconocemos. Pero no siempre fue así. Los que hemos habitado la red desde finales de los años 1990 hemos sido testigos del cercamiento progresivo del procomún digital que empezó siendo Internet. Y hemos participado, y perdido, las innumerables batallas que se dieron para resistir su privatización: desde el canon digital, a la Ley Sinde, pasando por el Digital Millenium Copyright Act (EEUU). También hemos sido testigos de pequeñas victorias — las licencias Creative Commons, Wikipedia o Internet Archive — que nos han enseñado que en Internet no es posible separar los <em>contenidos </em>de las <em>tecnologías </em>que los alojan, los contenedores. Si las tecnologías no son abiertas y para todos, acabarán canibalizándolo todo: los contenidos y las tecnologías que sí lo son. La explosión de la desinformación esta última década es prueba incontestable de ello. Y la llegada de la inteligencia artificial sólo viene a refrendarlo: nuevas tecnologías que se han devorado Internet entero sin dar cuenta a nadie. Sólo hay una respuesta posible: una apuesta radical por la cultura libre. Esto es: tecnologías libres, licencias libres, acceso libre.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Archivo</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cerramos el blog pero dejamos el archivo en pie. Quien quiera pasear por sus 23 páginas de entradas, sus categorías (15M, Hackacademia, Lab, Urbanismo, Procomún, Ciudad Escuela, Cultura Digital&#8230;) y sus etiquetas, puede hacerlo en la memoria digital de <a href="https://web.archive.org/web/20260000000000*/prototyping.es">Archive.org</a> y desde el <a href="https://cementerio.montera34.com/">cementerio de webs de Montera 34</a>. Todo seguirá ahí, bajo licencia Creative Commons, como siempre ha estado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Queremos dar las gracias a todas las personas que han pasado por aquí: las que vinieron a los seminarios, las que comentaron los posts, las que nos leyeron en silencio, las que nos invitaron a compartir estas reflexiones en otros lugares. Gracias a Antonio Lafuente, maestro del procomún. Gracias a los colectivos que se dejaron acompañar y que nos acompañaron a nosotros: Basurama, Zuloark, Todo por la Praxis, la Bici Crítica, la Red de Huertos Urbanos, el Vivero de Iniciativas Ciudadanas, Lagaleríademagdalena y tantos otros. Gracias a Medialab-Prado, anfitrión generoso e interlocutor imprescindible, y muy especialmente a Marcos García, por abrirnos las puertas y enseñarnos tantas cosas. Gracias a Intermediae, al Museo Reina Sofía, al CSIC, a las instituciones que hicieron posible la investigación. Gracias a Raquel Congosto, por ayudarnos a encontrar el tono que <em>Madrid, a Medias</em> necesitaba. Gracias a las compañeras y compañeros de las asambleas populares del 15M. Y gracias, también, a Madrid, por su vocación indestructible de ciudad solar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Alberto Corsín Jiménez y Adolfo Estalella</em> <em>Madrid, marzo de 2026</em></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Free Culture and the City: A Brief Intro</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Dec 2023 16:12:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[acampasadol]]></category>
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					<description><![CDATA[Free Culture &#38; the City was published earlier this year. I never got around writing a brief summary on the book&#8217;s central argument and main concepts. Better late than never. Let me wrap up 2023 with a brief introduction to the book. The book traces the rise of the free culture movement in Spain from [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://www.cornellpress.cornell.edu/book/9781501767180/free-culture-and-the-city/#bookTabs=1">Free Culture &amp; the City</a> was published earlier this year. I never got around writing a brief summary on the book&#8217;s central argument and main concepts. Better late than never. Let me wrap up 2023 with a brief introduction to the book.</p>



<p class="wp-block-paragraph">The book traces the rise of the free culture movement in Spain from 1997-2017: how technologies, legal arguments &amp; pedagogical tools devised at the end of the twentieth century to define &amp; defend the reach of digital liberties were unexpectedly reworked over the course of twenty years into activist designs &amp; problematizations against austerity urbanism. To do so, the book stages a conversation between urban studies, social studies of science and technology, critical media and design studies, and anthropological theory.</p>



<p class="wp-block-paragraph">For close to 15 years we did fieldwork &amp; archival work amongst hackers, curators, guerrilla architects, cultural mediators, journalists, squatters, neighborhood activists, artists, civil servants, historians &amp; participants at Occupy assemblies</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-scaled.jpg"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="539" src="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-1024x539.jpg" alt="" class="wp-image-2641" srcset="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-1024x539.jpg 1024w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-300x158.jpg 300w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-768x404.jpg 768w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-1536x808.jpg 1536w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-2048x1077.jpg 2048w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-15-450x237.jpg 450w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption>Photo Zuloark</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">The book has four parts. Part One tells the story of the encounter between hackers and squatters in the late 1990s—how digital autonomous projects found their way out into the city. </p>



<p class="wp-block-paragraph">Part Two describes how the urbanization of libre activism was further textured and enriched by the arrival on scene of curators, guerrilla architectural collectives or academics—as well as the work of public organizations, such as museums or universities.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Part Three zooms in on the Spanish Occupy movement (locally known as 15M) through a detailed ethnography of the infrastructures of sensing and ambulation of neighborhood assemblies.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Part Four focuses on the practices of auto-construction of guerrilla architectural collectives, and how their “designs for inhabiting controversies” offer new insights into the pedagogies, systems and methods holding our experiences of cityness together.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Given its historical &amp; multi-sited approach, the book is therefore also an ethnography of Madrid, a city caught between near-Norths and near-Souths, between fatuous regimes of modernization and the legacies of postdictatorial peripheralizations.</p>



<p class="wp-block-paragraph">The story about the ways in which free culture carved out a space for itself as a political project between the digital &amp; the urban is therefore also a story about the stuff of politics &amp; cities today—what they are made of, how they are remade &amp; what living in them feels like.</p>



<p class="wp-block-paragraph">We show how free culture activism in Spain drew inspiration from three liberation agendas: the liberation philosophy of hackers, the libertarian aspirations of autonomous activists &amp; the struggles over the right to the city of neighborhood activists. Drawing inspiration from all three agendas, we develop the concept of “free/libre urbanism”, which we contrast with traditional theories on public or liberal urbanism, but also the urbanism of the commons.</p>



<p class="wp-block-paragraph">The triangulation of the public, libre &amp; commons plays an important part in the argument. We show empirically how activists worked creatively to open new spaces of political action by tactically mixing, antagonizing or blurring their infrastructures, methods and designs.</p>



<p class="wp-block-paragraph">I noted above that the journey of free culture from the digital to the urban is also a story about what cities are made of, how they are remade &amp; what living in them feels like today. We offer three concepts for each of these dimensions: Matters of Sense, Bricolages of Apprenticeships and Climates of Method. Let me look at each in turn.</p>



<p class="wp-block-paragraph">The concept of “matters of sense” makes a contribution to a now well-established conversation in STS about how the political can be variously assembled as matters of fact, concern or care. Building on an ethnography of Occupy assemblies, we argue that assembling rehearsed a collective mattering of empathy, sympathy &amp; anticipation that at once solicited and redistributed the material sensibilities of the city—theatricalizing a common sense (con-sensus) of sorts.</p>



<p class="wp-block-paragraph">The concept of “bricolages of apprenticeships” aims to offer an umbrella term to define the infrastructures, systematics and sensoriums employed by activist collectives as they learn to navigate and reinvent the city against austerity.</p>



<figure class="wp-block-image size-large"><a href="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-scaled.jpg"><img decoding="async" width="1024" height="683" src="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-1024x683.jpg" alt="" class="wp-image-2642" srcset="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-1024x683.jpg 1024w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-300x200.jpg 300w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-768x512.jpg 768w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-1536x1024.jpg 1536w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-2048x1365.jpg 2048w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/12/figure-17-450x300.jpg 450w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /></a><figcaption>Photo Zuloark</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">&#8220;Climates of methods” describes the practical logistics through which activists breath, imagine &amp; conspire together: What atmospheres of distress, excitement, or joy sustain the imagination of fugitive and insurrectionary designs as enduring and convivial habitats?</p>



<p class="wp-block-paragraph">The concepts of matters of sense, bricolages of apprenticeship &amp; climates of methods were suggested to us by our ethnography as we looked into the interstices of description for different enunciations &amp; assemblages of the informal, material &amp; affective in urban affairs.</p>



<p class="wp-block-paragraph">We finally bring the book to a close by placing this interest in new languages of description for the city in conversation with the specific history of free culture activism in Spain. Much ink has been spilled over Spain’s “transition” from dictatorship to democracy in the late 1970s – early 1980s. In this context, the “transitional” has become a paradigm for making sense of transformations in the Spanish liberal public sphere. </p>



<p class="wp-block-paragraph">In the conclusion, we offer a broader analysis of how “transitional” frameworks have been used to explain processes of democratization, modernization and development. Recent proposals for “transitional ecologies” draw—perhaps inadvertently—from this paradigm. Against the transitional, we argue finally that the history of the free culture movement in Spain offers an alternative model for “intransitive urbanisms”.</p>
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		<title>Políticas anti-morfológicas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 May 2023 10:31:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Experimentation]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace casi dos años ya, el 1 de julio de 2021, tuve la suerte de acompañar a Amador Fernández-Savater, Hugo Savino y Amanda Núñez en la presentación del libro de Amador, La fuerza de los débiles, en el espacio de arte y pensamiento, Cruce. La fuerza de los débiles es un libro preciso, de esmerada [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Hace casi dos años ya, el 1 de julio de 2021, tuve la suerte de acompañar a Amador Fernández-Savater, Hugo Savino y Amanda Núñez en la presentación del libro de Amador, <em>La fuerza de los débiles</em>, en el espacio de arte y pensamiento, Cruce.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>La fuerza de los débiles </em>es un libro preciso, de esmerada economía y elegancia conceptual, lleno de flechazos, que te <em>emboscan</em> y conmueven.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hace unos días volví a leer las notas que preparé para la presentación y me ha parecido que hay algunas ideas sugerentes, así que me he decidido a publicarlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En las notas abro un espacio para poner en conversación el pensamiento de Amador con la antropología política de Pierre Clastres y David Graeber y David Wengrow, y algunos textos clásicos de Marcel Mauss o Robert Lowie. (Cuando escribí estas notas <em>El amanecer de todo</em>, de Graeber y Wengrow, no había salido aún, pero algunas de sus propuestas principales circulaban ya en textos sueltos. Aquí resumo ideas que aparecen luego en el libro.)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las notas se dividen en dos partes. En la primera parte ofrezco un resumen del libro de Amador. La segunda parte ensaya la idea de una <em>política anti-morfológica</em>. Con esta noción apunto no tanto a una <em>política sin formas</em>, como a una <em>política sin</em> <em>concentraciones</em>, cuya intensidad se apoya, no en la centralización o agregación del poder, sino en sus transformaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sobre <em>La fuerza de los débiles</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">El libro de Amador se abre invitándonos a <em>recordar</em>, volver a pasar por el corazón, lo que el 15M pudo, y de ese modo <em>hacer balance</em>. Como dice Amador: “El balance nos regala la posibilidad de <em>insistir distinto</em>. […] El balance abre, desde la derrota, un nuevo derrotero.” (11)</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 15M, nos dice Amador, abre “un agujero en la historia” (18) de la cultura democrática española, rasga la cronología consensual que había fabricado el mito de la Transición. Y nos hace ver con claridad que esa cultura consensual se sostiene sobre una <em>democracia disuadida y disuasiva</em>, que ha transformado el terror en amenaza y donde gobernar consiste ahora en <em>administrar el miedo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y este es el origen secreto de nuestra democracia, una democracia amparada en la <em>lógica de la guerra</em>. Como dice Amador: “El consenso que pone fin a la guerra no la deja atrás, sino que la conserva indefinidamente en su seno […] El mismo consenso es la guerra hecha lenguaje, la guerra en el lenguaje, <em>muerte que habla</em>.” (28)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este es el marco teórico de partida, el desafío: pensar desde la teoría de la estrategia, desde la teoría de la guerra</p>



<p class="wp-block-paragraph">En una lógica de guerra solo hay vencedores y vencidos, o como dice Amador, vencedores y <em>convencidos</em>, vencidos que asumen la lógica de guerra como tablero donde ha de desplegarse lo político—y a partir de ese momento, <em>la política</em>, también. Pues en última instancia “la guerra es la verdadera razón de Estado” (26).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sólo hay una manera de jugar en ese tablero, el tablero impone sus reglas, que son las reglas de la guerra de conquista, del control, de la cosificación de las relaciones y los afectos, siempre acechadas por la amenaza de muerte. Este tablero, esta política, este mundo, solo puede ofrecernos una convivencia donde nuestros vecinos son nuestros enemigos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay manera de cambiar las reglas del juego desde dentro del tablero mismo. “No se sale del juego”, dice Amador, “añadiendo jugadores, sino <em>produciendo nuevo juego</em>.” (33)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y el 15M aparece aquí, irrumpe en medio de esta partida. Rompe el tablero, rompe el consenso, propone una línea de fuga. Un gesto disidente frente a la disuasión, democracia real ya frente a la democracia disuadida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El 15M ilumina el camino que hay que seguir para desalojar el miedo de la vida en común. ¿Cómo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Desde un <em>principio de plasticidad</em>, mostrándonos formas de vida, espacios y tiempos que se sustraen y transforman las lógicas de la conquista</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. Desde un <em>principio de división</em>, mostrando la fecundidad democrática que deviene de habitar conflictos y controversias</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Desde el <em>principio de la primacía de lo instituyente</em>, que no le tiene miedo a la vida sino que goza con sus continuos despertares, que busca y crece desde la autoorganización del caos</p>



<p class="wp-block-paragraph">Plasticidad, tumulto y creatividad instituyente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí lo que el 15M hace, la figura de su gesto intempestivo en el tablero político, en el laberinto español. ¿Pero qué nos enseña sobre las fuerzas y energías que recorren y sostienen nuestros modos de habitar?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vivir en la democracia disuadida, atenazados sigilosamente por el miedo, no es otra cosa que vivir en una tregua, una suerte de interregno entre la muerte y la vida, entre la guerra y la paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Habitar el interregno pueda dar pie a dos ilusiones:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Podemos llegar a creernos que es posible hacer política sin ostentación de fuerza (porque la democracia es una tabula rasa que nos ecualiza a todas).</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. O, por el contrario, donde todo es mentira y fachada, seguimos instalados en la muerte, y la única manera de vencerla es armándonos de muerte nosotros también. Sólo haciéndonos fuertes podemos ganar la partida de la fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese es el peligro de las treguas, saturadas como están por la amenaza de muerte y las tentaciones de la fuerza.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Pero hay otra fuerza, una fuerza de naturaleza distinta.</em> Una fuerza que no busca “ganar”, que no busca conquistar el tablero, sino <em>organizar su duración</em>, conservar una forma de vida y territorio. Esta es la <em>fuerza de los débiles</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La fuerza de los débiles busca poner el tiempo de su parte, abriéndolo, desplegándolo, haciendo vibrar y activar cada capa, cada folio, las energías que en ellas habitan, recorriendo y excitando sus nervios, multiplicando amistades, tejiendo complicidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los débiles hacen tiempo y se hacen territorio, desde los afectos, desde los vínculos, desde la voluntad de escucha, desde la fecundidad del conflicto como motor de auto-transformación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí donde los fuertes solo buscan rodearse de ausentes, para poder hacer y deshacer a su antojo, los débiles buscan <em>intensificar las presencias</em> (80).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí mi resumen del libro. Hay toda una parte del libro, muy importante, que no he cubierto, sobre “el problema de la traducción”: cómo prolongar las energías de un movimiento en el tiempo, las tentaciones del “asalto institucional”, de traducir el movimiento en uno de los jugadores del tablero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voy a tocar alguno de estos temas, pero primero me gustaría ponerme mi gorro de “antropólogo” y acercarme al libro desde ahí, desde la antropología.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bueno, desde <em>una</em> antropología, una antropología muy clásica, pero que en cierto modo se pone a la altura, desde sus recursos, del desafío que el propio Amador se ha puesto: pensar la estrategia, el largo plazo, la fuerza, la muerte, la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde esta antropología vamos a trabajar figuras muy similares, incluso llegar a conclusiones parecidas, pero los pliegues y las sombras son algo distintos, y espero que los contrastes den qué pensar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sobre antropologías anti-morfológicas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quiero poner en juego dos ideas, asociadas a dos autores, y tirar un poquito de cada una. Las ideas giran en torno a (i) la guerra como forma social, (ii) en torno a la desigualdad (la diferencia entre los fuertes y los débiles). Los autores son Pierre Clastres y David Graeber. Empiezo con Clastres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En mi lectura del libro de Amador me he topado con un interlocutor silencioso: Pierre Clastres, editor, junto con Claude Lefort, Castoriadis, Miguel Abensour, de <em>Libre</em>, y alguna de cuyas ideas yo he sentido que caminan de puntillas de la mano de estos otros autores en el libro de Amador.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Clastres es uno de los padre de la antropología política, que hasta su llegada solía ser teoría política comparada. Clastres piensa <em>desde</em> y <em>con </em>las “sociedades primitivas” (el término que usa Claestres; a partir de ahora voy a hablar de sociedades indígenas). Estas sociedades, para Clastres, no son <em>ejemplos</em> que nutren el repertorio de la teoría política clásica. Son creadoras de pensamiento político ellas mismas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Clastres se posiciona abiertamente frente a la teoría política clásica.  En su estado “natural”, nos dice esta tradición, la sociedad es violenta, está en guerra (Hobbes). Las sociedades indígenas son ejemplo de ello. El Estado es el agente pacificador, la herramienta de civilización. Esto nos recuerda eso que dice Amador: “la guerra es la verdadera razón de Estado”, la única manera de abandonar el primitivismo infantil de la violencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta es una metáfora importante, sobre la que volveré: la idea de que hay un estado de “infancia” en la política que es necesario superar. El Estado nos permite superar el primitivismo tribal de la guerra, abre la puerta al hombre desnudo y lo “sociabiliza”, pasa de ser anti-social a formar parte de “lo social”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Amador nos descubre que una de las traducciones que hace Podemos del aliento del 15M va en esa misma dirección: el 15M es inmadurez e infancia y Podemos habilita un paso para entrar en el tablero y “jugar con los mayores”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero Clastres desplaza el argumento. No es que las sociedades indígenas no tengan Estado, no son sociedades <em>sin </em>Estado. Al contrario, son sociedad <em>en contra </em>del Estado, cuyos modos de organización están expresamente diseñados para impedir su estatalización, para impedir la concentración de poder y el nacimiento de la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Son sociedades guerreras, sí, pero lo son justamente porque la guerra es su vector de inmunización, se hacen inmunes al Estado gracias a la guerra. ¿Cómo? Porque la guerra es un mecanismo de diferencia, no de unificación; luchan para demarcarse unas de otras. Dice otro antropólogo, Eduardo Viveiros de Castro, recordando a Clastres, que pensar la multiplicidad es pensar “<em>contra el Estado</em>” (<em>Cannibal metaphysics</em>, 177), porque la multiplicidad es dispersión, movimiento centrífugo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí Clastres. Recapitulo: La guerra es estructural a la sociedad, no es algo anti-social, es uno de los tuétanos del ser social. Pero hay distintos tipos de guerra. Hay guerras que buscan la unificación de un poder coercitivo; hay guerras que buscan dispersarse, molecularizarse en forma de poder no-coercitivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Pero entonces, os diréis, hay atomización tribal, anomia, cada uno por su lado? No, porque el impulso de la guerra se <em>prolonga</em>, se transforma, en lo que Viveiros de Castro (bebiendo de Deleuze y Guattari) llama “alianzas demoniacas”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las sociedades amerindias se relacionan unas con tras desde una “metafísica caníbal” que no busca aniquilar al otro sino relacionarse desde la ambigüedad diferencial, <em>intensificando los roces y los desencuentros</em>. Se prolonga la guerra para tornarla en un modo de <em>construirse con la diferencia</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La imagen clásica del diplomático amerindio es la del chamán: “transformador” de mundos, que no es intermediador de “tolerancias”, ni siquiera de “convivencias”, no es un <em>gestor</em> de diferencias, sino un catalizador de tensiones, de energías, que se la juega en cada viaje, en cada desplazamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta imagen de las diplomacias amerindias ofrece pliegues interesantes vis-a-vis la propuesta de Amador. Dice Amador que los débiles no defiende un territorio, <em>son</em> el territorio, resuenan y reverberan con él. Esta es una idea muy fecunda que también ha sido explorada desde la antropología.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eduardo Kohn ha escrito por ejemplo sobre <em>cómo piensan los bosques</em>, qué pueda significar “emboscarse”. No es lo mismo <em>ser bosque</em> que <em>dejarse emboscar</em>: mientras la primera acepción evoca un romanticismo identitario del terruño, la segunda incoa ese conocimiento profundo de un territorio <em>y de sus amenazas</em>, las promesas de sus alianzas y de sus demonios. Se conoce un territorio no desde la saturación de sus saberes, sino haciendo lugar a sus misterios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y esto me da pie para hablar del problema de la traducción que menciona Amador: la importancia de esas “alianzas demoniacas” en política, que no son alianzas entre enemigos, que no son alianzas entre jugadores del tablero, sino alianzas <em>con lo desconocido</em>, una orientación a la política desde la aventura, la transformación y el riesgo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La traducción del “asalto institucional”, dice Amador, convierte en espectáculo la fuerza de los débiles, diluye los afectos, los vínculos y el amor por un territorio en un slogan, un signo, un tuit. Esto es un error, dice con razón Amador. “La base de la fuerza de los débiles es el “entre”, la madeja de afectos que nos constituye y sostiene, la trama de los vínculos.” (69)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero de la mano de esas metafísica caníbales me gustaría añadir un plus de generosidad a esa política de los afectos, los vínculos y el territorio: un plus que nos invita a pensar no sólo la filosofía de sus emociones sino también la antropología de sus sombras y misterios. No sólo “lo social” sino también lo “anti-social”. El vínculo y el anti-vínculo, el afecto y el anti-afecto, la territorialización y la desterritorialización. <em>Porque no sabemos qué pueda ser cada cosa</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pasemos a Graeber y Wengrow. En <em>El amanecer de todo</em> abordan la pregunta clásica sobre el origen de la desigualdad. Esta pregunta está en el corazón de la filosofía política occidental: ¿de dónde nace el poder?, ¿cómo organizarlo?, ¿qué sería entonces un contra-poder? Hay ecos de estas preguntas también en el texto de Amador: “¿Cómo componer las diferencias en una fuerza mayor? ¿Cómo construir una fuerza que no es exactamente una organización? ¿Cómo coordinarse sin coordinadora?” (77)</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las historias sobre el origen del poder funcionan todas como variantes seudo-rousseaunianas del discurso sobre la desigualdad: de las sociedades igualitarias de cazadores-recolectores a la revolución agrícola, el nacimiento de las ciudades, la división del trabajo, las burocracias, las élites administrativas, la concentración del poder, la desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esa obra maestra que es <em>El amanecer de todo</em>, Graeber &amp; Wengrow nos demuestran que nada de esto es del todo cierto, que el archivo arqueológico y etnohistórico nos invita a cuestionar ese imponente consenso liberal sobre los orígenes de la desigualdad. Es un error, insisten, fundar el pensamiento político en el mito de una <em>infancia</em> que es necesario superar. Las meta-narrativas de <em>la modernidad, el progreso, la democratización</em>, son todas hijas del mismo ideario seudo-rousseauniano, y en todos los casos sus fundamentos empíricos están equivocados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un par de ejemplos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los trabajos de Mauss sobre la “doble morfología” de los Inuit nos enseñan cómo las sociedades esquimales siguen una organización <em>estacional</em>, agregándose en formas comunales durante el invierno (con una sociabilidad ceremonial abierta a los muertos y los espíritus, liderazgos basados en el carisma y la persuasión, un ethos de generosidad comunal) y desagregándose en bandas moleculares de cazadores que se dispersan por el territorio en verano (con liderazgos más marcados, mayor presión patrilineal y control de los padres sobre sus hijos, y un sistema de propiedad pronunciado, delimitando quién tiene acceso al uso de qué armas). Las sociedades esquimales, nos dice Mauss, tienen <em>dos</em> estructuras sociales, con dos sistemas de diferenciados de ley y religión. Una sociedad, dos sistemas político-religiosos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las investigaciones de Robert Lowie sobre la estacionalidad de las formas políticas y rituales de la vida en común entre las sociedades de las Grandes Llanuras apunta en una misma dirección. Lowie estudia los movimientos de concentración y posterior desconcentración de bandas Cheyenne y Lakota durante la caza del búfalo en verano. Y observa que durante las épocas de “agregación” los indios desarrollaban formas de organización “estatales”, con cuerpos de policía y castigo, que sin embargo se deshacían al término mismo de la estación ritual, con la vocación expresa de subvertir justamente cualquier impulso autoritario.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué nos dicen estos ejemplos? Encontramos una experimentación constante, una reflexión colectiva continua sobre las tentaciones, las oportunidades, los ritmos, los espacios, los relatos y ceremonias que son necesarios para sostener una comunidad. No hay <em>una política </em>para<em> una sociedad</em>. La política no es un tablero sino una <em>orientación</em>: hacia el ensayo, la experimentación, la transformación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En rigor, la política ni siquiera es poder, fuerza, desigualdad. Es movimiento, circulación, estacionalidad, ritmos, reversibilidad, intercambio, fiesta, duelo, comunidad espiritual. La política son estos viajes y estos paisajes, sus modos de ensayo, sus rastros, sus aprendizajes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Podemos poner esto en conversación con nuestras experiencias políticas más cercanas?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensemos en el 15M por ejemplo. Yo diría que el <em>clima del 15M</em> fue justamente eso: viajes, paisajes, experimentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Se desinfla el 15M a finales del 2013? Las plazas y las mareas, quizás. Pero hay un aliento quincemayista incombustible en la Red de Huertos, el Campo de Cebada, En bici por Madrid, La Liga Cooperativa de Basket, la Red de Espacios Vecinales (con EVA, Montamarta, Estaesunaplaza, La Ingobernable, etc., etc.), el espacio Ucrania, el Instituto Do-It-Yourself de Todo por la Praxis, el proyecto Autobarrios de Basurama en San Cristóbal, Makespace Madrid…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pensemos estos espacios como <em>estaciones</em> del 15M, momentos de su <em>estacionalidad</em>, sistemas que se “agregan” y “dispersan”, a veces en espacios y asambleas, a veces en redes e infraestructuras, a veces en aprendizajes, complicidades, afectos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Podríamos, incluso, pensarlas como “alianzas demoniacas”, modos de habitar umbrales confusos, entre lo público, lo común y lo libre. Y observaríamos que hay natividad política allí donde se dan movimientos anti-morfológicos, por ejemplo, cuando lo público y lo común se desbordan mutuamente, o lo libre y lo público conspiran juntos, abriendo grietas para el despertar de lo público-común o lo público-libre.</p>
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		<title>El urbanismo libre y el urbanismo intransitivo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 13 May 2023 10:17:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace un par de meses se publicó por fin un libro en el que Adolfo y yo llevábamos trabajando casi quince años: Free Culture and the City: Hackers, Commoners, and Neighbors in Madrid, 1997-2017 Hoy me gustaría hacer una breve presentación del libro poniendo en juego dos de sus ideas centrales: las ideas de urbanismo [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Hace un par de meses se publicó por fin un libro en el que Adolfo y yo llevábamos trabajando casi quince años: <em><a href="https://www.cornellpress.cornell.edu/book/9781501767180/free-culture-and-the-city/">Free Culture and the City: Hackers, Commoners, and Neighbors in Madrid, 1997-2017</a></em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy me gustaría hacer una breve presentación del libro poniendo en juego dos de sus ideas centrales: las ideas de <em>urbanismo libre</em> y <em>urbanismo intransitivo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que sigue no es tanto un resumen del libro como una puesta en escena de algunas de sus propuestas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gustaría empezar con un par de citas:</p>



<p class="wp-block-paragraph">La primera pertenece a un plan urbanístico desarrollado por la Asociación de Vecinos de Palomeras Bajas de Madrid en 1968 para contradiagnosticar un plan de expropiaciones que había presentado unos meses antes el Ministerio de Vivienda para dar solución a los problemas de infravivienda y falta de dotación de infraestructuras del barrio. El plan de los vecinos dice así:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“Queremos casas <strong>para todos</strong>, y no sólo para los primitivos propietarios del terreno ni incluso de las chabolas, dado que muchos las habitan en régimen de arrendamiento e incluso sin contrato.</p><p>“Queremos casas <strong>pronto</strong>, porque nuestros hijos crecen, y se precisa una solución urgente; pero no una solución precipitada; que la urgencia no impida la construcción de unas casas con las máximas condiciones de seguridad.</p><p>“Queremos casas <strong>aquí</strong>. Nuestro barrio es fruto de nuestro esfuerzo. Hemos venido de nuestros pueblos de todas las regiones, porque allí no podíamos vivir ni asegurar un futuro para nuestros hijos. No nos conocíamos. Tuvimos que vencer dificultades increíbles para adaptar nuestra vida a la gran ciudad, para construir una nueva comunidad humana de personas que se conocen, que se ayudan unas a otras. Esta es una gran riqueza humana y social, creada a fuerza de tiempo, de paciencia, de confianza de unos en otros. Se han hecho estudios científicos de nuestra comunidad, y todos coinciden en que es de una gran calidad humana, superior a la vida del centro de la ciudad. Pues bien, esta obra no queremos que sea destruida, queremos conservar la comunidad entrañable, las relaciones de amistad y solidaridad. Una nueva dispersión sería gravísima para la mayoría de nosotros.” (Angulo Uribarri 1972, 45–46)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El informe habla también de la integración social de sus habitantes, de la participación de los vecinos para, y cito textualmente, alcanzar la meta de la ““autotransformación” de la comunidad, de la necesidad de una promoción total de la población, abarcando todos los aspectos, sin limitarse exclusivamente al de la vivienda…”</p>



<p class="wp-block-paragraph">De esta primer cita quería quedarme con dos asuntos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. En primer lugar, el informe mismo que redactan los vecinos: un plan urbanístico, un contraplan, como se llamaban a veces entonces, que no sólo reivindica sino que diseña y propone.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. En segundo lugar, la idea de la autotransformación: los y las vecinas no sólo reclaman derechos, sino que reclaman un modo de vivir en comunidad. Reclaman viviendas, por supuesto, pero también, y cito, “conservar la comunidad entrañable, las relaciones de amistad y solidaridad.” Podríamos decir que más que una solución habitacional (casas) lo que se pone aquí en juego es un <em>modo de habitar</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi segunda cita la saco de una carta que escribe la Asociación “Gure Etxea”, de Zurbarán-Trauco, de Bilbao, al diario <em>La Gaceta del Norte</em> en diciembre de 1971 en relación a la privatización de espacios públicos y escasez de zonas verdes en la ciudad: Dice así:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“La raíz de este mal que nos envuelve es que no pensamos en los niños, que la infancia no es feliz en este Bilbao encogido, sucio, sin espacios verdes, sin fantasía, sin ilusión… Vaya nuestra formal repulsa ante situación tan acongojante y nuestra unánime petición de un acertado estudio sobre la necesidad y el <strong>derecho a jugar que tienen los niños</strong>, y aun cuando el mal en muchos casos está hecho, evitemos que la numerosa generación que actualmente pide <strong>espacio libre</strong> no lo encuentre.”” (Angulo Uribarri 1972, 82)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">De esta cita me gustaría quedarme con otras dos cosas. La primera, esa maravillosa fórmula del <em>derecho a jugar</em>. La segunda, esa manera de describir el espacio que necesitan los niños, no como espacio público, sino como <em>espacio libre</em>. Para jugar, dicen las madres, se necesita espacio libre. Si nos detenemos en esas dos palabras—espacio libre, el espacio libre que necesitan los niños y niñas para jugar, para correr—ese espacio de desenfado y de alegría es algo distinto del espacio público, hay algo ahí que la definición urbana de espacio público no termina de recoger. No es fácil pensar y asir ese “algo”. Nos lo volvemos a encontrar en otras frases parecidas, como cuando hablamos de estar “al aire libre” o de “airearnos”. Airear es un verbo muy interesante, lleno de connotaciones, al que volveré luego.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta doble foto, de 1968 y 1971, me permite situar las ideas que querría compartir hoy. Son dos ideas, que están ya más o menos contenidas, aunque en forma balbuciente, en estas citas. La primera la vamos a llamar <em>urbanismo libre</em>; la segunda, <em>urbanismo intransitivo</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sobre el urbanismo libre</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">La idea del <em>derecho a jugar</em> es una idea revolucionaria, pues despliega a un tiempo una reclamación y una emoción, un derecho y un modo de relacionarse con la ciudad. Es una fórmula que cristaliza a la perfección esa meta de la que hablaban los vecinos de Palomeras acerca de la “autotransformación” de la comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El derecho a jugar nos remite, claro, al famoso derecho a la ciudad de Henri Lefebvre. No siempre se recuerda que para pensar el derecho a la ciudad Lefebvre nos insistía sobre la importancia de pensar <em>contra</em> el urbanismo imperante de “modelos” y “planes”. Tirando de ese hilo (y de otros muchos) podríamos crear una contraposición entre las dos corrientes o magmas urbanos y contra-urbanos que han organizado la historia reciente de nuestras ciudades:</p>



<ul class="wp-block-list"><li>El urbanismo público que arranca en el XIX, donde el estado actúa como proveedor, protector y sancionador; y donde se inaugura por tanto <em>la ciudad de los derechos, la ciudad liberal</em></li></ul>



<ul class="wp-block-list"><li>El urbanismo común que nace frente a esa hegemonía liberal y reinventa la ciudad desde los movimientos vecinales y la desobediencia civil, alumbrando al hacerlo el <em>derecho a la ciudad</em> y la <em>ciudad de las libertades</em></li></ul>



<p class="wp-block-paragraph">Germán Labrador, historiador de la cultura de la Transición, ha comparado los movimientos vecinales del tardofranquismo con el 15M, pues en ambos, dice, vemos una confluencia de lo común en defensa de lo público.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Creo que esa dualidad público-común es importante. Es sin duda el marco de gobierno que definió el s. XX. Pero convendría preguntarse si nos sigue sirviendo hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me gustaría sugerir que de hecho hay ya algo en el movimiento vecinal de los 1970s que apunta a una fuga, a un desbordamiento de ese esquema público-común. Yo lo veo en dos momentos:</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. En primer lugar en esa noción a la que he aludido de <em>espacio libre</em>, un espacio de juego, de fantasía y confabulación, un espacio de libertad que necesita ensanchar el régimen de lo público, que necesita “airearlo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. Y en segundo lugar, en ese contraplan que diseñan los vecinos de Palomeras, que no es un listado de derechos y reclamaciones sin más, sino nada más y nada menos que un plan urbanístico, es decir, una propuesta de <em>habitar</em>. Una propuesta que dice claramente: no queremos un barrio, queremos <em>nuestro barrio</em>. Nuestro barrio no es un espacio más, un espacio cualquiera en la ciudad, es, como dicen ellos, un espacio “autotransformado”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Me quedo, entonces, con dos cosas, todavía incipientes, murmurantes, en esa idea de ciudad, que no es ni pública, ni común. La primera es un deseo, un conato, unas <em>ganas</em>. Lo expresa a la perfección la imagen del espacio libre para jugar del que hablan las madres de Bilbao: las ganas de airear, ganas de cambio, pero también ganas de jugar. A mi me gusta la palabra “jovialidad” así que de momento voy a llamar a ese impulso libre de habitar, a esas ganas, lo llamo por ahora <em>jovialidad</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y la segunda cosa es un plan, ese contraplan de Palomeras. Un plan que para su confección requirió la puesta en marcha y la puesta en común de encuestas, entrevistas, inventarios de necesidades, censos, mapas de recursos, planimetrías, etc. Es decir, todo un despliegue de métodos, algunos consolidados (mapas, censos) y algunos que hubo que improvisar y adaptar sobre la marcha. Pero quedémonos con esto: <em>una ciudad que los vecinos traen a la vida, que airean, con sus propios métodos</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bien, pues el <em>urbanismo libre</em> vendría a representar esa forma urbana donde aires y métodos se mezclan; una ciudad que busca airear los métodos de hacer ciudad, y una ciudad que busca métodos para airearse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este sentido creo que el 15M es el momento histórico que hace plenamente visible el urbanismo libre. El 15M es un método para cambiar de aires y un aire para cambiar de métodos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por supuesto, en el 15M también coinciden otras expresiones urbanas. Las transformaciones históricas nunca son totales: no se pasa de un estado líquido a uno gaseoso de un día para otro. En el 15M encontramos desde luego reivindicaciones de lo público (como las mareas por la educación, por la sanidad, etc.), y hay también, claro, reivindicaciones de lo común (el municipalismo asambleario, por ejemplo), pero se ve como en ningún momento anterior esa forma urbana que llamo <em>urbanismo libre</em>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Voy a intentar explicarme a través de dos ejemplos. Mi primer ejemplo son las asambleas populares que tomaron las plazas al calor del 15M</p>



<p class="wp-block-paragraph">Un aspecto importante de las asambleas es que en la mayoría de los casos ocurrían <em>al aire libre</em> (Estalella and Corsín Jiménez 2013). Las asambleas populares se instalan no en parroquias o los locales de asociaciones vecinales o centros sociales, sino en la calle. Las asambleas airean la política, en el doble sentido de que deliberan y discuten en la calle, pero también que la refrescan, la despejan, abren las ventanas para oxigenar el ambiente. Y trabajar así, al aire libre, exige una reformulación completa de nuestra relación con el espacio público, el lugar de encuentro entre extraños por excelencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Metodologías asamblearias, chiqui asambleas, teatralización y juegos: las asambleas “crean ambiente”, y en este sentido se convierte en una suerte de dispositivos climáticos que transforman el espacio público. Amador Fernádez-Savater habla del 15M más que como un movimiento social, como un <em>clima</em> (Fernández-Savater 2012), pero mantener ese clima vivo, ese buen ambiente, exige mucho trabajo, mucho método: Comisiones de Dinamización, comisiones de trabajo, relaciones con vecindario, etc. El clima, el ambiente de la asamblea, transforma el espacio público, lo abre, lo ensancha, lo “autotransforma” en ese espacio libre, ese espacio desenfadado que buscaban las madres bilbaínas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso en el libro hablamos de la importancia del <em>clima de los métodos</em> como ese habitus secreto que orienta nuestros sueños y aspiraciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nótese también que las asambleas se mueven por los barrios, que tienen un ritmo propio. Digo que se “mueven” y lo digo en varios sentidos. En primer lugar, van cambiando sus lugares de reunión: buscan sombra, buscan sol, buscan refugio de la lluvia; buscan emplazamientos que les permita conectarse a la red eléctrica (para la megafonía) o cuyos locales circundantes les presten sillas o agua para los pulverizadores durante los meses sofocantes de verano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y se mueven en otro sentido también: las asambleas transitan por el barrio, callejean, desde luego cuando desde las asambleas se organizan pasacalles o marchas; pero de manera más tranquila, más pausada, cuando, por ejemplo, desde las comisiones de inmigración acompañan a personas sin papeles a centros de salud, cuando se organizan obras de teatro para las AMPAs de los colegios del barrio o festivales con los huertos urbanos. Las asambleas, en suma, <em>deambulan</em>, son una suerte de ambulatorio, en el doble sentido de la palabra: espacios de acogida y atención, pero también espacios nómadas, que vibran y modulan el barrio con ritmos y pasajes y tiempos propios. Las asambleas se <em>mueven</em> al mismo tiempo que <em>conmueven.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi segundo ejemplo es El Campo de Cebada, un espacio de autogestión ciudadana de 3000 m<sup>2 </sup>que vio la luz el mismo día 15 de mayo de 2011, unas horas antes de la ocupación de Sol.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El Campo se organiza en un principio a través de una mesa de gestión con representantes del ayuntamiento que da pie a una gestión compleja con el vecindario. Durante el tiempo que se mantuvo abierto (casi siete años) en El Campo se organizan talleres de brico-urbanismo de colectivos de arquitectura, talleres de fabricación de mobiliario urbano con licencias libres, universidades de verano, obras de teatro, conciertos, un huerto urbano, mercadillos, seminarios, competiciones deportivas o un TEDx (el primer TEDx gratuito, al aire libre y abierto a todo el público). Y recibe varios premios: el Premio de la Bienal de Arquitectura, Premio Europeo Espacio Público, Golden Nica Ars Electrónica a Comunidad Digital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No es desde luego un espacio exento de contradicciones y fricciones internas: hay numerosos problemas de gestión, de representación, cruces de acusaciones de explotación de la marca “El Campo de Cebada”…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Que no fuera un espacio “puro”, que supurara todo tipo de intensidades, lo hace justamente interesante para pensar. ¿Qué clase de sitio fue la Cebada? ¿Una plaza, un centro social, un proyecto de intervención comunitaria, un procomún bastardo (por la vaga supervisión administrativa), una página web?</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mi me gusta esa frase que ya hemos escuchado antes de boca de las madres bilbaínas: un <em>espacio libre</em>, un espacio que aireaba su relación con la ciudad todo el rato, que la cuestionaba, que no daba por sentado sus límites y fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La Cebada nos vuelve a mostrar ese cruce intenso de aires y proyectos en la construcción de ciudad, ese <em>clima de métodos</em> que envuelve y orienta otros modos de habitar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hablar del diseño urbano como un diseño de aires y métodos sin duda deber sonar muy etéreo. Y es en este punto, al tiempo que voy concluyendo, que aprovecho para introducir la segunda idea de las que os hablé al principio, la noción de “urbanismo intransitivo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Sobre el urbanismo intransitivo</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los verbos intransitivos no tienen complemento directo, pues no obran sobre algo o alguien, por ejemplo, pasear, bailar, llorar, bromear, cantar. Son verbos que acaecen por sí solos, verbos que, podríamos decir, nos <em>mueven</em> sin presiones o incentivos externos. Son verbos en movimiento, y a uno le tienta decir que son los verbos propios de los <em>movimientos</em> sociales.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las ciudades no suelen pensarse con verbos intransitivos. De hecho, casi todas las herramientas que tenemos para pensar las ciudades son transitivas. Hoy por ejemplo está de moda hablar de “transiciones ecológicas”, con sus planes, programas, modelos, mapas, métricas, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hay un modo de acercarse a las ciudades, un modo de hablar de ellas, un registro descriptivo que opera en otro plano. Las descripciones del movimiento vecinal de los 1970s, de las asambleas del 15M y el Campo de Cebada que he ofrecido aspiran a trabajar ese otro tono, ese otro registro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esas son las dos ideas que traía hoy para compartir. En primer lugar, la idea de un urbanismo libre distinto del urbanismo público y el urbanismo común que dominaron las formas de pensar la ciudad en el s. XX. Y en segundo lugar, la apuesta por un urbanismo intransitivo, por una manera de mirar y hablar de la ciudad, de sus ritmos y cadencias, de sus deseos y de sus aires; una apuesta por otro lenguaje y otras descripciones. Pues necesitamos, por encima de todas las cosas, pluralizar y ensanchar nuestras descripciones de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Referencias</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Angulo Uribarri, Javier. 1972. <em>Cuando Los Vecinos Se Unen</em>. Madrid: Propaganda Popular Católica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estalella, Adolfo, and Alberto Corsín Jiménez. 2013. “Asambleas al aire: La arquitectura ambulatoria de una política en suspensión” <em>Revista de Antropología Experimental </em>13: 73–88.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Fernández-Savater, Amador. 2012. “¿Cómo se organiza un clima?” <em>Fuera de lugar</em> (blog). January 9, 2012. https://blogs.publico.es/fueradelugar/1438/%c2%bfcomo-se-organiza-un-clima.</p>
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		<title>La ciudad de los 15 minutos: ¿Bluff aceleracionista o el futuro de las ciudades?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 May 2023 08:45:18 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Quiero empezar por hacer una distinción entre el programa de la ciudad de los 15 minutos (C15M) y el libro editado por Más Madrid. Desconozco qué razones han llevado a Más Madrid a hacer suyo el programa de la C15M. Pero lo cierto es que nada de lo que se dice en este libro necesita, [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Quiero empezar por hacer una distinción entre el programa de la ciudad de los 15 minutos (C15M) y el <a href="https://lenguadetrapo.com/libros/fuera-de-serie/la-ciudad-de-los-15-minutos/">libro editado por Más Madrid</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desconozco qué razones han llevado a Más Madrid a hacer suyo el programa de la C15M. Pero lo cierto es que nada de lo que se dice en este libro necesita, en realidad, del marco teórico de la C15M. Nada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, hasta cierto punto, las propuestas que contiene el libro son antitéticas al marco teórico de la C15M. Poner en el centro el “tiempo”, como hace la filosofía del cronourbanismo de la C15M, no sólo no es equiparable a poner en el centro la vida, lo colectivo o lo común, sino que la historia entera del urbanismo desde el siglo XIX nos ha enseñado que la “gestión del tiempo”—su racionalidad calculadora, sus logísticas de la optimización, su infraestructura epistemológica—subyace y alimenta el aceleracionismo desarrollista que nos ha traído hasta aquí. Pocas cosas más contrarias al derecho a la ciudad que esta obsesión por el tiempo como vector y recurso de la planificación urbana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, en mi intervención me gustaría centrarme en la teoría de la C15M. &nbsp;Porque trae al frente una serie de tensiones sobre cuya conceptualización depende, efectivamente, el futuro de nuestras ciudades: conceptos como proximidad, densidad o cohesión, que juegan un papel central en la C15M, pero que lo hacen desde presupuesto equivocados, por no decir perversos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que con vuestro permiso me gustaría empezar por situar un poco la idea de la C15M: de dónde viene, con qué tradiciones dialoga, a qué intereses responde, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De partida, creo que no está de más decir que Carlos Moreno, la persona detrás de la idea, es especialista en robótica y tecnología industrial, y que su primer acercamiento al mundo de la ciudad, allá por 2006, es en el contexto de la aplicación de la robótica y sistemas electrónicos de vigilancia al mundo urbano, lo que durante muchos años (y todavía hoy) se conoce como el “urbanismo smart”, las smart cities.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El concepto de la C15M coge vuelo en 2020 cuando Anne Hidalgo lo usa como eslogan de la campaña política para su reelección como alcaldesa de Paris.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta ese momento la idea carecía de la más mínima fundamentación conceptual o académica. Había circulado más que nada en textos muy breves o entrevistas que le hacen a Moreno en revistas de negocios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, si no me equivoco, el primer artículo propiamente académico que escribe Moreno con su equipo—el artículo que hoy ya sí cita todo el mundo—no es publicado hasta 2021 en una revista cuyo nombre lo dice todo: <em>Smart Cities.</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">Así que lo que voy a hacer es detenerme en este artículo pues es el texto más completo que tenemos donde se desarrolla la idea de la C15M. De hecho, es <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-revolucion-de-la-proximidad-carlos-moreno-9788411482004/">más completo que el libro que acaba de ser traducido y publicado por Alianza Editorial</a>, sobre el que podemos hablar luego si a alguien le interesa, pero que salvo por un brevísimo capítulo, apenas fundamenta tampoco esta idea de los 15 minutos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Bien, entonces permitidme entrar la artículo, que lleva por título “<a href="https://www.mdpi.com/2624-6511/4/1/6">Introducing the “15-minute city”: Sustainability, Resilience and Place Identity in Future Post-Pandemic Cities</a>”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El artículo presenta la ciudad de los 15 minutos como alternativa a la planificación urbana en un mundo post-COVID. El COVID nos muestra la vulnerabilidad de nuestras ciudades y la ciudad de los 15 minutos, argumentan los autores, nos ofrece una alternativa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué pasó durante la COVID que nos exige replantearnos la condición urbana hoy? ¿Qué ciudad asomó entonces? Vimos, dicen Moreno y su equipo, la aparición de “innovadoras infraestructuras urbanas temporales”. El ejemplo que dan, el único ejemplo (ver figura 1) es una apuesta masiva por el transporte en bicicletas en Beijing y Nueva York, para evitar el uso del transporte público, acompañado, por ejemplo, de la declaración de los talleres de reparación de bicicletas en Copenhague como servicios esenciales o la puesta en marcha de dos nuevos carriles bici en Berlín.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta obsesión por la bicicleta es fascinante. Pero no es casual.</p>



<figure class="wp-block-image size-full is-style-default"><a href="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/05/Screenshot-2023-05-05-at-10.26.00.png"><img decoding="async" width="578" height="496" src="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/05/Screenshot-2023-05-05-at-10.26.00.png" alt="" class="wp-image-2599" srcset="https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/05/Screenshot-2023-05-05-at-10.26.00.png 578w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/05/Screenshot-2023-05-05-at-10.26.00-300x257.png 300w, https://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2023/05/Screenshot-2023-05-05-at-10.26.00-450x386.png 450w" sizes="(max-width: 578px) 100vw, 578px" /></a><figcaption>Figura 1. Servicios temporales urbanos durante la COVID (Moreno et al, 2021, p. 96</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En este punto aparece por primera vez uno de los vectores centrales del artículo, del programa entero de la C15M, que es la “digitalización”. La explosión en el uso de la bicicleta, dicen los autores, abre una ventana oportunidad al desarrollo de tecnologías digitales para la gestión de servicios de bicicleta compartidas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La digitalización permite unificar los tiempos y espacios de uso de servicios y funciones de la ciudad, “densificando” nuestra relación con la ciudad en determinados momentos de disfrute y experiencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta idea es absolutamente central y está en el corazón mismo de la propuesta. La gestión del tiempo, su capitalización como recurso, organiza la filosofía entera del programa de la ciudad de los 15 minutos, y de hecho forma parte del engranaje de la epistemología del “cronourbanismo”, a la que ya me he referido antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo el programa del cronourbanismo gira en torno a la fantasía de que una mejor gestión del tiempo nos va a permitir disfrutar más de la ciudad, cohesionar más y mejor las relaciones y los tramas de nuestra vida en comunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y que la receta para conseguir ese acoplamiento mágico entre espacios, comunidades y tiempo son las tecnologías digitales y smart, y especialmente la llegada del Internet de las Cosas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>The”15-Minute City” concept, further expounded on in Section 5 below, aligns with the tenet of “chrono-urbanism” and advocates for increased proximity, social interaction captured by the “density” dimension, digitalisation and diversity pillars which in essence would lead to more closely knitted community fabrics. This would by a larger margin be facilitated by the increased technological advancements that have led to the emergence of such novel urban planning models like the Smart City concept, which is based on the success of digital revolution. On this, the underlying principle of Smart City concept is the deployment of diverse technologies to optimize different urban fabrics. Numerous authors champion this concept as a novel model that can assist cities to achieve sustainability and improved liveability status for an increased quality of life for their residents.</p><p>The achievement of Smart City concept in the current epoch is tied to availability of a rich interconnected array of Internet of Things (IoT) devices that have the capacity to collect, and send data to a centralized network, where this data is then computed, analyzed and distributed, in real-time to respective urban department for actions. The availability of IoT devices, which Alam [49] note will be in excess of over 75 billion devices by 2025, coupled with technologies such as Artificial intelligence (AI), Big Data, Machine Learning and Crowd Computing and others is expected to actualize the proposed 15-Minute City concept. (Moreno et al, 2021, p. 98)</p><p>For instance, with technology such as AI, IoT and Big Data, technologies such as bike sharing [51], online shopping [52], car sharing [53], and drone delivery services (currently being tested by Amazon [54]), amongst others, are on the rise in different cities. Such services are geared to ensure that people are safe and on time by eliminating the need to travel to purchase different items (Moreno et al, 2021, p. 99)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">No menos importante, esta oportunidad que nos brindan las tecnologías digitales de densificar y cohesionar el espacio-tiempo y dotarlo de vitalidad comunitaria, dicen los autores, es muy posible que permita intensificar las identidades de los lugares, de las plazas, los barrios o los parques donde hacemos vida en común, y de este modo que permita explotar la “marca” ciudad o el “branding” de estos lugares, atrayendo el turismo y, en palabras textuales, “capitalizando los resultados de la resiliencia”:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>in the future with the emergence of 6G mobile connectivity technology and have become critical tool in generating massive amounts of data, which when processed and analyzed have enabled cities to improve on areas like branding through place identity… The advantage of this practice is that cities are able to draw not only tourism traffic, but also local ones, which ultimately help improve their economic status through increased job opportunity and increased revenue flow, while capitalizing on resiliency outcomes (Moreno et al, 2021, p. 99)</p></blockquote>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>modern technologies have become accessible and practical, especially due to availability of wearables (including those gathering biodata) and urban sensors and data collection techniques that not only allow people to keep tab of their health, but also provide large datasets that could be used to improve the liveability of the area. (Moreno et al., 2021, p. 100)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Pocas expresiones más nítidas y mesiánicas del urbanismo smart que esta. Estamos ante un urbanismo computacional y de datos de libro, donde se aboga por el uso de tecnologías blockchain, sensores urbanos y sistemas de computación de big data (incluidos biodatos) para “optimizar la densidad” de la trama de recursos, relaciones y experiencias que conforman la vida en la ciudad. Dígase de paso que nada se dice sobre la propiedad intelectual de esos datos: dónde se alojan, quién ostenta sus derechos de explotación, para qué usos y con qué criterios, etc.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y es a esta altura del argumento donde nos encontramos a los autores declarar, ya sin ambages, que la “digitalización”, y estoy citando, “alinea el concepto de la ciudad de los 15 minutos con el concepto de la Ciudad Smart, del cual deriva, en parte, su inspiración” (Moreno et al, 2021, p. 104).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hasta aquí el programa de la ciudad de los 15 minutos según sus fuentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Qué podemos decir sobre él?</p>



<p class="wp-block-paragraph">1. Yo empezaría cuestionando que esto sea urbanismo. Hay una visión romántica de cómo sería una ciudad mejor, más verde y azul, que optimiza el uso de la tecnología para alcanzar &nbsp;mayor calidad de vida, una vida en comunidad más rica. Una imagen con la que evidentemente es difícil no estar de acuerdo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero por otro lado la “ciudad” que se invoca es una ciudad genérica a la que se le aplica un análisis igual de genérico de sus males. Se habla en abstracto sobre “desigualdad” o&nbsp; “cambio climático” pero apenas hay referencias a los procesos de acumulación, financiarización, gentrificación, dataficación, precarización laboral, consumo energético o expulsión poblacional que alimentan y osifican esas mismas dinámicas de desigualdad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso que quizás sea marketing de ciudades o quizás prospectiva tecnológica aplicada a la explotación de servicios urbanos. Pero yo titubearía a la hora de describirlo como “urbanismo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">2. Mi segunda observación está relacionada con el “cronourbanismo”. Esta manera de entender el tiempo como un recurso preñado de costes de oportunidad se soporta sobre una epistemología muy cuestionable, donde la ciudad aparece ya de antemano como un lienzo capitalista donde gestionar no es otra cosa que “optimizar” ecuaciones entre recursos económicos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, precisamente porque la C15M no ofrece otra cosa que un modelo de gestión del tiempo, el <a href="https://diario.madrid.es/blog/notas-de-prensa/nueve-de-cada-diez-madrilenos-viven-bajo-la-teoria-de-la-ciudad-de-los-15-minutos/">Ayuntamiento de Madrid salió todo ufano a decir que el 99,8% de los madrileños ya vivían “bajo la teoría de la ciudad de los 15 minutos”</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero es que incluso <a href="http://vps181.cesvima.upm.es/re-hab/2020/05/06/hacia-la-ciudad-de-los-15-minutos-frente-al-covid19-la-densidad-espacial-de-madrid/">aproximaciones mucho más sofisticadas a la C15M, como la que llevaron a cabo desde el Grupo de Investigación en Arquitectura, Urbanismo y Sostenibilidad de la ETSAM</a>, cruzando los datos de densidad del padrón con los parámetros dotacionales para una ciudad sostenible que Agustín Hernández Aja, Julio Alguacil et al analizaron en 1997 en el libro <em>La ciudad de los ciudadanos</em>; incluso estos análisis al final sólo nos ofrecen fotos sincrónicas de qué hay en un barrio, no de lo que pasa en él, que apenas arañan la superficies de las desigualdades que atraviesan la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sé si alguno se acordará de la geografía temporal de Torsten Hägerstrand, geógrafo sueco quien en los 1960-70s dedicó una parte de su vida a pensar la ciudad como una suerte de ecosistema de “gusanos” espacio-temporales que se atraviesan, cruzan y solapan unos con otros, orillando, decantando así hábitos, esperas, costumbres, modos de hacer y de habitar la ciudad. El tiempo en esta epistemología es un <em>efecto</em>, no un recurso, y nos obliga a hacernos cargo de las estructuras de fondo, las desigualdades socio-económicas, de género, de raza, etc., que reticulan la ciudad de una manera u otra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">3. Por último quiero detenerme en el escenario post-COVID que da pie al lanzamiento del proyecto de la ciudad de los 15 minutos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ciudad se plantea siempre como un ente abstracto, un espacio que necesita ser gobernado y gestionado, siempre en singular: se habla de las desigualdades socio-económicas de las ciudades, de desequilibrios territoriales, pero la inteligencia de gestión se da siempre por arriba, desde un nivel urbano total. De hecho, de interpelar a alguien en concreto, creo que es justo decir que el texto interpela a empresas de tecnología y administraciones públicas, y las interpela a trabajar por la digitalización de la ciudad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es más, cuando aparecen los ciudadanos, aparecemos siempre como individuos, bien como usuarios de bicicletas, bien como conductores de coches. Incluso de alguna manera podríamos decir que esos dos vehículos, la bici y el coche, organizan todo el paradigma de transformación de la C15M.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Decía que me llamaba la atención que todo esto cogiera carrerilla tras la COVID porque si algo nos ha enseñado la pandemia ha sido el <a href="https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/02637758241242219#bibr20-02637758241242219">extraordinario papel de las logísticas e infraestructuras comunitarias durante lo peor del confinamiento</a>: <a rel="noreferrer noopener" href="https://revistas.ucm.es/index.php/CUTS/article/view/90162" target="_blank">redes de apoyo mutuo, redes de recados, redes de derivaciones, despensas solidarias, centros sociales, asociaciones de comerciantes, de vecinos, comunidades de cuidados, centralitas telefónicas de asistencial vecinal, etc</a>. Pero nada de esto aparece en el relato de Moreno. En <em>La revolución de la proximidad</em> Moreno se apoya a menudo en <em>Las ciudades invisibles</em> de Italo Calvino. Pero para ciudades invisibles todo el entramado comunitario del urbanismo COVID que pasa totalmente desapercibido a sus ojos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De hecho, hay dos pasajes en el libro de Más Madrid que me parecen iluminadores en este sentido:</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el capítulo de Nerea Morán Alonso sobre la necesidad de repensar el urbanismo alimentario hay un momento en el que desarrolla la idea de los “centros comunitarios para la alimentación” (siguiendo el ejemplo de los Community Food Centres en Canadá), se dice lo siguiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>En estos centros comunitarios se pondría a disposición del vecindario unas instalaciones que permitan cocinar y comer colectivamente, visibilizando y compartiendo un trabajo reproductivo que usualmente se realiza en la esfera privada. De esta forma se pueden reforzar los lazos sociales y <em><strong>liberar presión de muchos hogares para los que es un problema contar con el tiempo, el espacio o el dinero que hacen falta para cocinar</strong></em>. (p. 93-94, énfasis añadido)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Fijaos bien que esa apuesta por la liberación de presión no se refiere directamente a la liberación de un recurso, el “tiempo”, cuya disponibilidad nos va a permitir organizarnos de otra manera. Se refiere, por el contrario, a una puesta en escena de una nueva manera de estar juntos. <strong>Lo que se libera aquí no es tiempo sino comunidad</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y ese es para mí el quid de la cuestión: ¿qué clase de comunidades tejen una ciudad en el siglo XXI? No qué hacemos con el tiempo, pregunta cuya imaginación pertenece a una epistemología racionalista y posesivo-individualista, sino qué clase de complicidades y complejidades traman la ciudad hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El segundo pasaje lo encontramos en el capítulo de Nacho Murgui y apunta al mismo tipo de inquietud. Todo el capítulo está dedicado a pensar qué clase de comunidad pueda ser un barrio, qué forma de gobernanza es necesaria para pensar la escala barrio, teniendo en cuenta que la escala territorial administrativa más pequeña que tenemos son las Juntas de Distrito, y que éstas apenas tienen competencias. En este contexto, Murgui dice lo siguiente:</p>



<blockquote class="wp-block-quote has-small-font-size is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>La ciudad de los 15 minutos no puede construirse sobre la base de una estructura municipal diseñada como una herramienta para el despliegue de unos planes generales concebidos para la mercantilización del suelo y el desarrollo de proyectos faraónicos concebidos de espaldas a la ciudadanía. Un gobierno municipal que quiera avanzar hacia la ciudad de los 15 minutos deberá construir <em><strong>una estructura de poder local</strong></em> acorde con esa finalidad venciendo la inercia contraria de décadas de centralismo y burocratismo.” (p. 179, énfasis añadido)</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">No se puede decir más claro: la C15M es una ficción cronoutópica si no nos anclamos primero en el territorio. El tiempo es un recurso teleológico y desarrollista, que nos empuja siempre a imaginarnos mejores, más guapos, más simpáticos, capaces de llegar antes a los sitios, pero no de estar más cerca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese <em>estar cerca </em>no se mide por el tiempo que tardamos en llegar, sino por el vínculo social que establecemos. Una y otra vez nos olvidamos de los peligros aceleracionistas de pensar el tiempo como rendimiento socio-económico.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, para mi, la C15M es un bluff, un engaño aceleracionista. Porque si lo que nos interesa es la proximidad, la densidad o la cohesión ecoterritorial, entonces la pregunta debe ser siempre por los bienes públicos e infraestructuras colectivas que ensayan nuestra cercanía como sociedad, no nuestras capacidades de llegar antes a los sitios.</p>
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		<title>¡Nuestros derechos serán nuestras infraestructuras!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Mar 2018 12:33:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Ciudad Escuela]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Proyectos Ciudadanos]]></category>
		<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Urbano]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace unos días La Aventura de Aprender&#160;(LADA) publicó una nueva serie de sus Guías de Aprendizaje, en esta ocasión un conjunto de guías sobre ciencia ciudadana que aspiran a promover mayor conocimiento sobre cómo son y funcionan los bienes comunes. Una de las guías incluidas en la nueva colección es&#160;Reclamar las Infraestructuras. El texto nos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días <a href="http://laaventuradeaprender.educalab.es/home" target="_blank" rel="noopener noreferrer">La Aventura de Aprender</a>&nbsp;(LADA) publicó una nueva serie de sus <a href="http://laaventuradeaprender.educalab.es/guias" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Guías de Aprendizaje</a>, en esta ocasión un conjunto de <a href="http://laaventuradeaprender.educalab.es/guias/ciencia-ciudadana" target="_blank" rel="noopener noreferrer">guías sobre ciencia ciudadana</a> que aspiran a promover mayor conocimiento sobre cómo son y funcionan los bienes comunes.</p>
<p>Una de las guías incluidas en la nueva colección es&nbsp;<a href="http://laaventuradeaprender.educalab.es/documents/10184/73911/AlbertoCorsin_infraestructurasD.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer"><em>Reclamar las Infraestructuras</em></a>. El texto nos invita a reflexionar&nbsp;y jugar&nbsp;(¡pues incluye varios juegos!)&nbsp;con la noción de &#8220;infraestructura&#8221;:&nbsp;a hablar con las infraestructuras, a pensar con y desde ellas, ¡incluso a pensar <em>como una infraestructura</em>!&nbsp; Os copiamos un breve extracto del último capítulo de la guía, &#8220;Infraestructuras que echan a volar&#8221;, que da buena cuenta de su aspiración general:</p>
<p>• Vuestros derechos serán vuestras infraestructuras: haceos cargo pero no dejéis de jugar.</p>
<p>• Pensad con las infraestructuras: sacad a la luz e inventad lenguajes.</p>
<p>• Pensad desde las infraestructuras: buscad complicidades, buscad las cosquillas, mapead vuestros territorios</p>
<p>• Pensad como una infraestructura: abrid un espacio para toda controversia, echad a volar.</p>
<p>La guías LADA tienen todas una licencia Creative Commons y se pueden descargar libremente desde la página web del proyecto.</p>
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		<title>Cuidar de la participación (y no inventarla)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Dec 2017 14:49:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Participacion]]></category>
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					<description><![CDATA[El Ayuntamiento de Madrid organizaba a finales de noviembre los primeros foros locales de distrito con los que trata de promover políticas participativas. Coincidía con el fin de semana en que el Campo de Cebada celebraba su despedida (que se hará efectiva mañana, 15 de diciembre). El gobierno de la ciudad celebra su intento por [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>El Ayuntamiento de Madrid organizaba a finales de noviembre los primeros foros locales de distrito con los que trata de promover políticas participativas. Coincidía con el fin de semana en que el Campo de Cebada celebraba su despedida (que se hará efectiva mañana, 15 de diciembre). El gobierno de la ciudad celebra su intento por involucrar a ciudadanos y vecinas en los asuntos urbanos justo cuando<strong> cierra sus puertas una de las experiencias más singulares, valiosas e ilusionantes que nos ha enseñado re-imaginar lo que significa la ciudad</strong> e involucrarnos en ella de una manera distinta.</p>
<p>Una coincidencia que nos muestra de manera iluminadora dos maneras radicalmente diferentes de expandir la política urbana. La primera, promovida desde una institución que entiende la participación ciudadana como un ejercicio por invitación: el gobierno municipal decide cuándo, dónde y cómo podemos tomar parte en los asuntos de la ciudad (y decide también cuáles son las preguntas y temas que nos podemos abordar). Frente a eso, proyectos como <strong>El Campo de Cebada (y otros) nos enseñan otras modos de abrir el horizonte de la política</strong>, una que pasa por a construir los espacios y desplegar las infraestructuras necesarias para experimentar con otras formas de ciudad.</p>
<p>Estamos ante una singular paradoja. <strong>Un gobierno que trata de explorar de manera convencida formas de participación pero ignora, sin embargo, los proyectos más singulares de reinvención política</strong> e inventiva urbana que se han desarrollado en la última década en Madrid.</p>
<p>Un amplio espacio (5.500 m2) en mitad uno de los más céntricos barrios de Madrid, los Austrias (conocido popularmente como La Latina), El Campo de Cebada surgió donde solo existía un vacío urbano. Desde que se abriera de par en par en 2011, el espacio ha rebosado con actividades de todo tipo: Cines durante el estío, música los fines de semana, teatro&#8230; hubo una universidad de verano, encuentros de lucha libre, mercados de editoriales independientes&#8230; y asambleas, muchas asambleas. Y no han faltado los conflictos y las controversias, al contrario, han existido disputas intensas sobre lo que cabía, y lo que no: si era posible programar un Don Juan Tenorio o si resultaba legítimo proyectar películas comerciales.</p>
<p>Conflictos que revitalizan un espacio público que sistemáticamente ha sido apaciguado en periodos recientes. <strong>El Campo nos ha enseñado, como ellos lo expresan, a ‘habitar el conflicto’:</strong> airear diferencias, inventar formas de abordarlas y construir conjuntamente formas de relacionarnos, con otras y con la ciudad. El Campo nos ha enseñado lo que significa hacernos cargo de la polis y los asuntos urbanos, implicarnos en el cuidado de la calle y lo que ocurre en ella. Aprendizajes que nos devuelven la esperanza de que podemos componer una ciudad distinta.</p>
<p>Pero como otros proyectos, las energías de quienes los arrancan y sostienen se agotan, sus vidas cambian y se necesitan remplazos para hacerse cargo de la ilusión colectiva y las tareas compartidas que un lugar así demanda. Ese es sin duda uno de los elementos centrales de experimentos urbanos como este. <strong>No sabemos cuánto duran (o pueden durar), pero sí sabemos que dentro y fuera del laboratorio, los experimentos tienen siempre una vida limitada.</strong> Se agotan las energías y hay un punto en que solo es posible sostener la autonomía de estos experimentos urbanos si se aportan los recursos que su continuidad requiere.</p>
<p>El Campo es un proyecto frágil, vulnerable y precario pero de excepcional valor reconocido internacionalmente. El proyecto ha suscitado el interés de instituciones internacionales de prestigio. El año 2013 recibió del prestigioso festival austriaco Ars Electronica el premio Golden Nica, el mismo año que la XII Bienal de Arquitectura y Urbanismo de España le concedió uno de sus galardones. El Campo ha ocupado el interés de académicos y profesionales dedicados al urbanismo por igual.</p>
<p>Desgraciadamente, El Campo cierra y el ayuntamiento no hace ni ha hecho nada. Se había comprometido a enviar una serie de mediadores en noviembre, y estos no han aparecido. No parece que tampoco tenga intenciones de aportar los mínimos recursos que un espacio así requiere para continuar alimentando la imaginación urbana de la ciudad.<strong> Nos encontramos ante otro ejemplo más de la desidia con la que el gobierno municipal está tratando los proyectos de genuina innovación en la gobernanza urbana</strong> (porque es algo más que participación) que se han desarrollado en tiempos recientes en Madrid.</p>
<p>Una indiferencia que se repite en el trato que el gobierno municipal dio al Patio Maravillas, al Espacio Vecinal Arganzuela (EVA) o a proyectos modestos como Ganando metros en Tetuán. El caso de EVA es también significativo, un proyecto del barrio y de barrio, que ha pasado varios años tramando la complicidad de vecinas en una sofisticadísima iniciativa. La cesión de un espacio de 1.500 m2 en el antiguo mercado de frutas y verduras ha sido un éxito para las vecinas que paradójicamente ha dejado entrever en un proceso largo y tedioso el ninguneo con que el ayuntamiento trata estas iniciativas.</p>
<p>La pregunta que nuestras instituciones públicas parece que no quieren plantearse es esta:<strong> ¿cómo hacer cargo de aquellos experimentos donde las vecinas se han hecho cargo de la ciudad?</strong>, ¿cómo tratar con cuidado aquellos lugares en los que ha germinado una singular ética del cuidado urbano? Y esto es crucial, porque mientras las instituciones públicas son incapaces de involucrar a vecinas y ciudadanos en los asuntos urbanos a través de eso que llaman participación, nos encontramos con iniciativas ciudadanas que llevan años aprendiendo, y enseñando, a hacerlo. Sea por arrogancia, desidia o ignorancia, n<strong>uestras instituciones públicas bien podrían comenzar a aprender de aquellos lugares donde la gobernanza de la ciudad es reinventada.</strong></p>
<p>Bienvenidos sean los foros locales que tratan de re-organizar la arquitectura institucional de la política y las infraestructuras digitales que nos ofrecen participar en los presupuestos de la ciudad. <strong>Pero necesitamos algo más que tomar parte en los límites estrechos de una política deliberativa donde la implicación en la política de la ciudad se cursa por invitación.</strong></p>
<p>Hemos aprendido de El Campo, el EVA y el Patio (y muchos otros) que<strong> la política en la ciudad no consiste en deliberar sino en hacer, que no requiere solo de palabras sino de infraestructuras.</strong> Proyectos donde son las vecinas las que determinan cuáles son los asuntos relevantes que quieren abordar. Pareciera que el gobierno municipal ha asumido como misión el inventar nuevas formas de participación política cuando quizás la época actual les demanda es cuidar las que llevan tiempo florecido de una a otra parte de la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Representación en el Campo de Cebada, septiembre de 2016 (Campo de Cebada.</p>
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		<title>On the prototyping of method</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 May 2017 09:16:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Metodologias Encuentro]]></category>
		<category><![CDATA[Prototyping]]></category>
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					<description><![CDATA[Celia Lury has coordinated the general edition of the monumental&#160;Routledge Handbook of Interdisciplinary Research Methods that is scheduled to see the light later this year. I have contributed an entry on ‘Prototyping’ to the handbook. Entries are not very long (c. 2000 words) so I thought I’d post it in its entirety here (although you [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Celia Lury has coordinated the general edition of the monumental&nbsp;<em>Routledge Handbook of Interdisciplinary Research Methods</em> that is scheduled to see the light later this year. I have contributed an entry on ‘Prototyping’ to the handbook. Entries are not very long (c. 2000 words) so I thought I’d post it in its entirety here (although you can also download the pre-print <a href="http://digital.csic.es/bitstream/10261/149133/1/PROTOTYPING_Corsin%20Jimenez.pdf" target="_blank" rel="noopener noreferrer">here</a>).</p>
<p><strong>PROTOTYPING</strong></p>
<p>Abstract</p>
<p><em>The prototyping of method calls for, at a minimum, three operations of design: rethinking the proprietary and legal economy of research; rethinking the frontiers that separate those who use methods from those to whom methods are applied to; designing infrastructures of apprenticeships for every problem.</em></p>
<p><strong>Re-sourcing</strong></p>
<p>The website and digital database of the Spanish guerrilla architectural platform <em>Inteligencia Colectiva</em> (IC) showcases hundreds of designs of do-it-yourself, retrofitted, community-driven, grassroots technological and architectural solutions and adaptations from all over the world.<a href="http://alberto-corsin-jimenez.org/?p=310#_edn1" name="_ednref1">[1]</a> These designs, which include diagrams and architectural sketches, 3D renders, text, photographs and even videos, are all licensed freely with creative commons licenses. They are open-source prototypes, as IC likes to think of them: designs that are at once gratis and ‘free’ to access, but also technical templates that simultaneously ‘free’ the very practice of design by enabling third parties to extend, modify, adapt or simply share the original source code. They are prototypes that liberate design as both a technical and cultural practice.</p>
<p>The prototypes that IC documents in their website offer an example of how the philosophy of free and open-source (F/OS) software has taken root in domains of practice that extend well beyond the digital realm. Architects, artists, designers, engineers, activists and grassroots organisations have found in the philosophy F/OS a toolkit for reimagining the material, aesthetic and environmental affordances of their work. Every component and aspect of their work, whether it be the infrastructural systems that support it or the aesthetic languages and registers that frame it, whether the dimensions of its material exchanges or its collaborative dynamics, are held to examination as both <em>resources</em> and <em>re-sources</em>: that is, for their capacity to work as foundations and support-structures but also as springs and openings for future extensions and modifications. In this sense we may think of the concept of <em>open-source prototyping</em> as a figure of complexity that is ‘less than one and more than many’: a prototype is always less than itself, in the sense that the source code enables expansions and bifurcations to the original design. Therefore, the design never reaches closure, it is never ‘one’ properly speaking. At the same time, the very possibility of having new additions and modifications defines the infra-ontology of prototyping as ‘more than many’, for the source code remains forever open to ‘more’ designs being added to the ‘many’ already in existence (Corsín Jiménez 2014).<a href="http://alberto-corsin-jimenez.org/?p=310#_edn2" name="_ednref2">[2]</a></p>
<p>In this guise, the language and praxis of open-source prototyping provides an instance of complex, adaptive, self-organized systems whose heuristic and metaphoric vectors are not drawn from biology, chemistry or physics (cf. Barad 2007; Stengers 2010). These are emergent socio-infrastructural assemblages that re-source themselves through an inventive and on-going exploration of how human and nonhuman sources and resources – including legal licenses, technical specifications, organic and inorganic processes, or social relations – work on each other. They delineate the contours of ecologies that are forever ‘in beta’ (Corsín Jiménez and Estalella 2017).</p>
<p>Such an understanding of how open-source prototypes work differs in important and significant ways from how the concept has historically been used in design and engineering contexts. As the standard dictionary definition has it, a prototype is an original on which something is modelled; that is, an exemplar or first model. In the history of science and technology, the process of prototyping has traditionally been marginalized as a backstage operation. Prototypes were hid inside the ‘black boxes’ of engineering and design processes (Winner 1993): the prototyping phase of a design project indexed that stage where decisions regarding the use of components, materials, protocols or standards were thought-of as residual and of secondary importance; processes whose very subjection to on-going revision and reassembling, whose inhabiting a space of messiness and uncertainty invited no interest or curiosity. Prototypes were thought to be little more than drafts, provisional templates whose bodies functioned as tests grounds for trials and errors, groundwork and experimental assays whose efforts pointed somewhat unremarkably to things-that-were-not-quite-objects-yet.</p>
<p><strong>White-boxing</strong></p>
<p>Recent interest in the material semiotics and biographies of modelling practices has allowed us to unpack and recuperate the prototype from its relegation within the black boxes of the history of science and technology (Chadarevian and Hopwood 2004; Daston 2000). In particular, scholarship on critical making and open source design invites us to reconsider prototyping from a <em>white-boxing</em> perspective, where the emphasis is on how socio-technical practices constantly exfoliate, disclose and re-source their capacities for agency and relation (Corsín Jiménez, Estalella, and Zoohaus Collective 2014).</p>
<p>As both method and epistemic orientation, white-boxing opens up novel vistas for social theory. First, it shows us how the work of prototyping has traditionally been tensed against the proprietorial boundaries of technology. It makes evident the role that the opacity of black boxes has played in keeping industrial designs secret. Prototypes were only allowed to upgrade from the ‘proto’ phase to the final ‘type’ stage once properly locked into an intellectual and industrial property regime (Biagioli 2011). Theirs was therefore an existence <em>before</em> and/or <em>in suspension of property</em>: where the relations between persons and things remained as yet unmediated by the entanglements of ownership or authorship. Similarly, black boxes contributed towards keeping knowledge ‘in places’ (in boxes, so to speak), such that it became meaningful to speak of the places and geographies of technoscience: university and industry laboratories, science parks, etc. (Smith and Agar 1998). In their place, from the perspective of white-boxing, we can ask instead about the recursive processes through which the ‘proto’ and the ‘type’ have been parenthesized with respect to each other: what tensions and practices traverse such states of suspension?; why is there a parenthesis to start with?, what is it about a prototype that makes us imagine it as being ‘stuck’ in a permanent state of anteriority?; and finally, how does form finally emerge out from the parenthesis, what drives the extraction of the proto-type?</p>
<p>White-boxing further allows us to understand how prototyping has demarcated a political economy for the circulation of expert knowledge. Prototypes have signalled to the umbra separating experts from lay people, scientists from amateurs, insiders and outsiders to the technoscientific black box. In this sense, a perspective focused on white-boxing challenges how expert knowledge travels and circulates in society by destabilizing the epistemic status of technology itself as a sociological vector. The sources and resources most often associated with technoscientific expertise – laboratory equipment, scientific authority and credentials, university settings, intellectual property – are seen, when looked at from a white-boxing perspective, to be constantly unfolding, hacked and re-sourced. If ‘technology is society made durable’, as Latour famously put it (1991), prototyping and white-boxing would therefore seem to make technology un-durable, fragmented and dispersed. Or perhaps it is ‘the social’ that we should be looking at unboxing and destabilizing? Chris Kelty speaks for instance of how F/OS software ‘modulates’ anew the relation between power and knowledge: free software programmers work on themselves as a social and political community by working on (writing code, editing, patching, compiling, improving) the infrastructure that enables their coming into being in the first place. As an expression of a prototyping culture such ‘recursive publics’, as Kelty calls them (2008), would indeed seem to point to how white-boxing allows for novel forms and new locations of social durability to emerge – new expressions of cultural, political and aesthetic materiality and critique.</p>
<p>White-boxing finally comes full circle in helping us unpack and interrogate the very sources and resources through which we, as social scientists, take presence in the world. It invites us to reconsider the infrastructures, spaces and times that give shape to our research methodologies: What would social scientific inquiry look like if it were an open-source design?, if it were modulated recursively as it responded and accommodated to the disturbances, challenges and co-inventions of the fieldwork process? How does research wireframe itself into suspension? What would method look like as a prototype?</p>
<p>I have pointed at three re-sources through which the prototyping of method might take shape. First, by reconsidering the proprietary and, more amply, legal economy of research. In other words, making sure that we open access (consultation, readership, editing) to our work. There are a number of ways in which this can be done: licensing our work with Creative Commons licenses, avoiding publication in subscription journals, promoting the use of Open Access institutional repositories, as well as helping define the terms of discoverability (the algorithms, the metrics) that will shape the future public sphere of scholarly communication.</p>
<p>Secondly, the method of prototyping invites us to reconsider how the process of research separates ‘researchers’ from ‘informants’, experts from amateurs, knowledge-makers from knowledge-users. For instance, we may wish to ask about the role that methods play in the design of inquiry and analysis. What technologies, spaces, materials and social relations are bundled together in the production of method? Who gets to question our methods, when and in what terms, and do our methods have the capacity to incorporate such voices? In other words, is there scope for white-boxing our methods, making the people with whom we work party to our methodological agenda and design?</p>
<p>Finally, this explicit self-grounding of the problem of method as something that is constantly ‘prototyping’ itself calls for re-examining the multiple and criss-crossing ‘trajectories of apprenticeship’ through which research comes into being (Pignarre and Stengers 2011). We prototype by designing an ecology for every method: one where we stake stock of our mutual competences and constrains, our respective obligations and requirements, the resources and the conditions through which we each, collectively and individually, operate. We prototype every method when we come to the realisation that the organisation of research calls for nothing less than the design of an <em>infrastructure of apprenticeships</em>.</p>
<p><strong>References</strong></p>
<p>Barad, Karen. 2007. <em>Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning</em>. Duke University Press.</p>
<p>Biagioli, Mario. 2011. «Patent specification and political representation». En <em>Making and unmaking intellectual property: creative production in legal and cultural perspective</em>, edited by Mario Biagioli, Peter Jaszi, and Martha Woodmansee, 25-39. Chicago and London: The University of Chicago Press.</p>
<p>Chadarevian, Soraya de, and Nick Hopwood, eds. 2004. <em>Models: The Third Dimension of Science</em>. 1.<sup>a</sup> ed. Stanford, California: Stanford University Press.</p>
<p>Corsín Jiménez, Alberto. 2014. «Introduction. The prototype: more than many and less than one.» <em>Journal of Cultural Economy</em> 7 (4): 381-98. doi:10.1080/17530350.2013.858059.</p>
<p>Corsín Jiménez, Alberto, and Adolfo Estalella. 2017. «Ecologies in beta: the city as infrastructure of apprenticeships». In <em>Infrastructures and social complexity</em>, edited by Penny Harvey, Casper Bruun Jensen, and Atsuro Morita. London and New York: Routledge, pp. 141-156.</p>
<p>Corsín Jiménez, Alberto, Adolfo Estalella, and Zoohaus Collective. 2014. «The Interior Design of [Free] Knowledge». <em>Journal of Cultural Economy</em> 7 (4): 493-515. doi:10.1080/17530350.2013.859632.</p>
<p>Daston, Lorraine. 2000. <em>Biographies of Scientific Objects</em>. University of Chicago Press.</p>
<p>Kelty, Christopher M. 2008. <em>Two bits: the cultural significance of free software</em>. Durham and London: Duke University Press.</p>
<p>Latour, Bruno. 1991. «Technology is society made durable». En <em>A sociology of monsters: essays on power, technology and domination</em>, edited by John Law, 103-31. London: Routledge.</p>
<p>Pignarre, Phillipe, and Isabella Stengers. 2011. <em>Capitalist Sorcery: Breaking the Spell</em>. Palgrave Macmillan.</p>
<p>Smith, Crosbie, and Jon Agar, eds. 1998. <em>Making space for science : territorial themes in the shaping of knowledge</em>. Basingstoke: Macmillan Press.</p>
<p>Stengers, Isabelle. 2010. <em>Cosmopolitics I</em>. Minneapolis and London: University of Minnesota Press.</p>
<p>Strathern, Marilyn. 2004. <em>Partial connections</em>. Walnut Creek: AltaMira Press.</p>
<p>Winner, Langdon. 1993. «Upon Opening the Black Box and Finding It Empty: Social Constructivism and the Philosophy of Technology». <em>Science, Technology, &amp; Human Values</em> 18 (3): 362-78.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Notes</strong></p>
<p><a href="http://alberto-corsin-jimenez.org/?p=310#_ednref1" name="_edn1">[1]</a> Inteligencias Colectiva, <a href="http://www.inteligenciascolectivas.org/">http://www.inteligenciascolectivas.org/</a></p>
<p><a href="http://alberto-corsin-jimenez.org/?p=310#_ednref2" name="_edn2">[2]</a> A playful take on the ‘more than one and less than many’ that Marilyn Strathern (2004) suggested characterises fractality as a figure of contemporary complexity.</p>
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		<title>Vergüenza y política</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Apr 2017 16:55:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy en uno de esos milagros de la lectura y la imaginación se me han cruzado Caro Baroja y Castoriadis&#8230; Nunca los hubiera imaginado juntos pero esta mañana he sido testigo de un fugaz y curioso encuentro. Escribió Caro Baroja allá por 1964 un importante ensayo, &#8216;Honor y vergüenza&#8217;, que inauguró lo que en su [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy en uno de esos milagros de la lectura y la imaginación se me han cruzado Caro Baroja y Castoriadis&#8230; Nunca los hubiera imaginado juntos pero esta mañana he sido testigo de un fugaz y curioso encuentro.</p>
<p>Escribió Caro Baroja allá por 1964 un importante ensayo, <a href="http://search.proquest.com/openview/5cc85b37c8691c31b7cd2e88ec8f7600/1?pq-origsite=gscholar&amp;cbl=1817834">&#8216;Honor y vergüenza&#8217;</a>, que inauguró lo que en su día se llamó el &#8216;sistema de pensamiento&#8217; mediterráneo. Decía Caro Baroja que la honra y el honor habían funcionado históricamente como marcadores de<span class="text_exposed_show"> clase social, especialmente de la limpieza y pureza de sangre, y en este sentido del linaje, marcadores hoy ya muy diluidos si bien quizás todavía operantes en nuevas formas de honor burgués y en la fascinación por el dinero. (Creo que Caro Baroja se sonreiría al ver a nuestra casta política inflarse al dictado de la supuesta &#8220;honorabilidad&#8221; y &#8220;ejemplaridad&#8221; que unos y otros dicen ostentar y demostrar.)</span></p>
<div class="text_exposed_show">
<p>El caso es que la contraparte del honor, su desgracia, es la vergüenza. Hemos hablado mucho de la &#8216;indignación&#8217; de un tiempo atrás pero quizás sería conveniente pensar esta indignación desde la vergüenza.</p>
<p>La vergüenza que sentimos hacia los políticos corruptos nos deshonra a nosotros tanto como a ellos. Sentir pudor, avergonzarse y sentir, también, vergüenza ajena, no es otra cosa que intuir, pulsar, un marco de convivencia. Sentir vergüenza de nuestros políticos, por tanto, no vendría a ser otra cosa que sentir el colapso íntegro, el vaciamiento, de ese sistema de convivencia, en este caso, el sistema que nos hemos dado entre todos para la organización de lo público.</p>
<p>Y es en estas que me encuentro con un pasaje de Castoriadis en el que se para brevemente en la vergüenza como, justamente, vector constitutivo de lo político. Se pregunta así Castoriadis en <em>La ciudad y las leyes</em> qué distingue a un ciudadano responsable hoy, qué significa construir entre todos un espacio público. Y dice:</p>
<p>&#8220;¿Qué hace la gente con esos derechos [sus derechos políticos]? En ese nivel, los conceptos decisivos no dependen de la ley sino que conciernen al ethos de los ciudadanos, su comportamiento político. Cosas que Rousseau caracteriza en <em>El Contrato Social</em> con las palabras &#8220;coraje&#8221; y &#8220;vigilancia&#8221;, y Platón, aunque adversario de la democracia, denota en las <em>Leyes</em> con dos términos que son su complemento: <em>aidós</em> y <em>aiskhyne</em>, la vergüenza y el pudor. Por mi parte, agruparía de buena gana las cuatro bajo el término de responsabilidad. Sin ciudadanos responsables de sí mismos no sólo como individuos particulares sino, sobre todo, como miembros solidarios de su comunidad política, el espacio público se convierte en un espacio formal, se vacía de su sustancia para abandonarse a la publicidad, la mistificación y la pornografía, puesto que en eso estamos en las sociedades occidentales.&#8221; (<em>La ciudad y las leyes</em>, p. 147)</p>
</div>
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		<title>Political exhaustion and the experiment of street</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alberto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 19 Mar 2017 11:57:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Antropología]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Experimentation]]></category>
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					<description><![CDATA[We have recently published an article on the role of ‘exhaustion’ (fatigue and weariness but also ‘vacuum’) as an engine of political hope and assembly in the Spanish Occupy / 15M movement. Specifically the essay describes the complex negotiations around stranger sociability, public space, and democratic knowledge that shaped the meetings of popular assemblies in the [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>We have recently published an article on the role of ‘exhaustion’ (fatigue and weariness but also ‘vacuum’) as an engine of political hope and assembly in the Spanish Occupy / 15M movement.</p>
<p>Specifically the essay describes the complex negotiations around stranger sociability, public space, and democratic knowledge that shaped the meetings of popular assemblies in the wake of the popular protests. The work of assembling was ‘exhausting’, by which participants would mean two things. In one sense, meetings would often turn into tiresome affairs, trying the patience and resilience of participants. In another sense, attendants would describe assemblies as spaces of political ‘exhaustion’, where politics as usual was emptied out and replaced by new democratic possibilities. We offer here an account of exhaustion as an ethnographic category. We are particularly interested in the role accorded to exhaustion as a vacuum enabling the appearance of novel social and political roles. We develop our argument by drawing a provocative analogy with the early history of scientific experimentation, where the nature of an ‘assembly’ of trusted peers and its location in genteel space became constitutive of a new type of experimental knowledge. What social and epistemic figures are popular assemblies bodying forth today?</p>
<p>You can access the article here [paywall]: http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/1467-9655.12597/full</p>
<p>Or here [pre-print]: https://digital.csic.es/handle/10261/150627</p>
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