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	<title>Participacion &#8211; Prototyping</title>
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	<description>how social experimentation works</description>
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		<title>Cuidar de la participación (y no inventarla)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Dec 2017 14:49:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Participacion]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El Ayuntamiento de Madrid organizaba a finales de noviembre los primeros foros locales de distrito con los que trata de promover políticas participativas. Coincidía con el fin de semana en que el Campo de Cebada celebraba su despedida (que se hará efectiva mañana, 15 de diciembre). El gobierno de la ciudad celebra su intento por involucrar a ciudadanos y vecinas en los asuntos urbanos justo cuando<strong> cierra sus puertas una de las experiencias más singulares, valiosas e ilusionantes que nos ha enseñado re-imaginar lo que significa la ciudad</strong> e involucrarnos en ella de una manera distinta.</p>
<p>Una coincidencia que nos muestra de manera iluminadora dos maneras radicalmente diferentes de expandir la política urbana. La primera, promovida desde una institución que entiende la participación ciudadana como un ejercicio por invitación: el gobierno municipal decide cuándo, dónde y cómo podemos tomar parte en los asuntos de la ciudad (y decide también cuáles son las preguntas y temas que nos podemos abordar). Frente a eso, proyectos como <strong>El Campo de Cebada (y otros) nos enseñan otras modos de abrir el horizonte de la política</strong>, una que pasa por a construir los espacios y desplegar las infraestructuras necesarias para experimentar con otras formas de ciudad.</p>
<p>Estamos ante una singular paradoja. <strong>Un gobierno que trata de explorar de manera convencida formas de participación pero ignora, sin embargo, los proyectos más singulares de reinvención política</strong> e inventiva urbana que se han desarrollado en la última década en Madrid.</p>
<p>Un amplio espacio (5.500 m2) en mitad uno de los más céntricos barrios de Madrid, los Austrias (conocido popularmente como La Latina), El Campo de Cebada surgió donde solo existía un vacío urbano. Desde que se abriera de par en par en 2011, el espacio ha rebosado con actividades de todo tipo: Cines durante el estío, música los fines de semana, teatro&#8230; hubo una universidad de verano, encuentros de lucha libre, mercados de editoriales independientes&#8230; y asambleas, muchas asambleas. Y no han faltado los conflictos y las controversias, al contrario, han existido disputas intensas sobre lo que cabía, y lo que no: si era posible programar un Don Juan Tenorio o si resultaba legítimo proyectar películas comerciales.</p>
<p>Conflictos que revitalizan un espacio público que sistemáticamente ha sido apaciguado en periodos recientes. <strong>El Campo nos ha enseñado, como ellos lo expresan, a ‘habitar el conflicto’:</strong> airear diferencias, inventar formas de abordarlas y construir conjuntamente formas de relacionarnos, con otras y con la ciudad. El Campo nos ha enseñado lo que significa hacernos cargo de la polis y los asuntos urbanos, implicarnos en el cuidado de la calle y lo que ocurre en ella. Aprendizajes que nos devuelven la esperanza de que podemos componer una ciudad distinta.</p>
<p>Pero como otros proyectos, las energías de quienes los arrancan y sostienen se agotan, sus vidas cambian y se necesitan remplazos para hacerse cargo de la ilusión colectiva y las tareas compartidas que un lugar así demanda. Ese es sin duda uno de los elementos centrales de experimentos urbanos como este. <strong>No sabemos cuánto duran (o pueden durar), pero sí sabemos que dentro y fuera del laboratorio, los experimentos tienen siempre una vida limitada.</strong> Se agotan las energías y hay un punto en que solo es posible sostener la autonomía de estos experimentos urbanos si se aportan los recursos que su continuidad requiere.</p>
<p>El Campo es un proyecto frágil, vulnerable y precario pero de excepcional valor reconocido internacionalmente. El proyecto ha suscitado el interés de instituciones internacionales de prestigio. El año 2013 recibió del prestigioso festival austriaco Ars Electronica el premio Golden Nica, el mismo año que la XII Bienal de Arquitectura y Urbanismo de España le concedió uno de sus galardones. El Campo ha ocupado el interés de académicos y profesionales dedicados al urbanismo por igual.</p>
<p>Desgraciadamente, El Campo cierra y el ayuntamiento no hace ni ha hecho nada. Se había comprometido a enviar una serie de mediadores en noviembre, y estos no han aparecido. No parece que tampoco tenga intenciones de aportar los mínimos recursos que un espacio así requiere para continuar alimentando la imaginación urbana de la ciudad.<strong> Nos encontramos ante otro ejemplo más de la desidia con la que el gobierno municipal está tratando los proyectos de genuina innovación en la gobernanza urbana</strong> (porque es algo más que participación) que se han desarrollado en tiempos recientes en Madrid.</p>
<p>Una indiferencia que se repite en el trato que el gobierno municipal dio al Patio Maravillas, al Espacio Vecinal Arganzuela (EVA) o a proyectos modestos como Ganando metros en Tetuán. El caso de EVA es también significativo, un proyecto del barrio y de barrio, que ha pasado varios años tramando la complicidad de vecinas en una sofisticadísima iniciativa. La cesión de un espacio de 1.500 m2 en el antiguo mercado de frutas y verduras ha sido un éxito para las vecinas que paradójicamente ha dejado entrever en un proceso largo y tedioso el ninguneo con que el ayuntamiento trata estas iniciativas.</p>
<p>La pregunta que nuestras instituciones públicas parece que no quieren plantearse es esta:<strong> ¿cómo hacer cargo de aquellos experimentos donde las vecinas se han hecho cargo de la ciudad?</strong>, ¿cómo tratar con cuidado aquellos lugares en los que ha germinado una singular ética del cuidado urbano? Y esto es crucial, porque mientras las instituciones públicas son incapaces de involucrar a vecinas y ciudadanos en los asuntos urbanos a través de eso que llaman participación, nos encontramos con iniciativas ciudadanas que llevan años aprendiendo, y enseñando, a hacerlo. Sea por arrogancia, desidia o ignorancia, n<strong>uestras instituciones públicas bien podrían comenzar a aprender de aquellos lugares donde la gobernanza de la ciudad es reinventada.</strong></p>
<p>Bienvenidos sean los foros locales que tratan de re-organizar la arquitectura institucional de la política y las infraestructuras digitales que nos ofrecen participar en los presupuestos de la ciudad. <strong>Pero necesitamos algo más que tomar parte en los límites estrechos de una política deliberativa donde la implicación en la política de la ciudad se cursa por invitación.</strong></p>
<p>Hemos aprendido de El Campo, el EVA y el Patio (y muchos otros) que<strong> la política en la ciudad no consiste en deliberar sino en hacer, que no requiere solo de palabras sino de infraestructuras.</strong> Proyectos donde son las vecinas las que determinan cuáles son los asuntos relevantes que quieren abordar. Pareciera que el gobierno municipal ha asumido como misión el inventar nuevas formas de participación política cuando quizás la época actual les demanda es cuidar las que llevan tiempo florecido de una a otra parte de la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Representación en el Campo de Cebada, septiembre de 2016 (Campo de Cebada.</p>
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		<title>Madrid y las políticas de la participación: tres sensibilidades urbanas del municipalismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 08:42:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Participacion]]></category>
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					<description><![CDATA[Los ayuntamientos municipalistas han hecho de la participación insignia de sus políticas y pieza clave de su proyecto de renovación democrática: el poder de decisión es redistribuido entre vecinos y vecinas, ya no reside únicamente en la institución representativa. Tal es el aval con el que se presentan las políticas de la participación. El gobierno [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los ayuntamientos municipalistas han hecho de la participación insignia de sus políticas y pieza clave de su proyecto de renovación democrática: el poder de decisión es redistribuido entre vecinos y vecinas, ya no reside únicamente en la institución representativa. Tal es el aval con el que se presentan las políticas de la participación. El gobierno municipal (en manos de un partido de nuevo cuño, Ahora Madrid) ha puesto en marcha toda una serie procesos participativos: la introducción de presupuestos participativos (que distribuirán 60 millones de euros), la cesión de espacios a asociaciones vecinales, la creación de nuevos instrumentos de representación ciudadana en los distritos (foros locales), sistemas de deliberación sobre el diseño urbano (remodelación de la Plaza de España) o espacios para el ejercicio especulativo sobre las políticas culturales (Laboratorios de cultura abierta). Tres áreas de gobierno han enarbolado la participación como parte central de sus políticas, además de aquella que lo lleva en su nombre, las políticas participativas son invocadas por el Área de cultura y el Área de coordinación territorial y asociaciones. Cada una ha traído al gobierno municipal una sensibilidad distintiva desde la cual imaginan la ciudad y practican la política. Cada una nos propone ejercicios de participación fundamentados en instrumentos específicos a los que se inviste con toda una serie de atribuciones: las herramientas digitales para la política deliberativa (en el área de participación), los métodos creativos para la especulación política (en el caso de cultura) y la ordenanza territorial para las políticas de la representación asociativa (en coordinación territorial). Pese a la limitación ineludible en una tipología tal, esta nos ayuda a pergeñar un mapa de la imaginación política que el gobierno municipal ha proyectado en los últimos meses sobre la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Herramientas digitales para una política deliberativa: la ciudad acabada del presente.</strong><br />
La cultura de los mundos colaborativos de Internet ha desembarcado en el ayuntamiento de la mano del Área de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto. Uno de sus proyectos paradigmáticos es Decide Madrid, una infraestructura digital para la participación de ciudadanos y vecinas en los presupuestos de Madrid. Una partida de 60 millones de euros que debe ser decidida colectivamente en barrios y distritos de la ciudad. Todo un logro y una propuesta novedosa para Madrid, aunque poco innovadora porque este tipo de gestión económica se realiza desde hace más de tres décadas en ciudades de todo el mundo. Los problemas que ha encontrado en sus inicios son notables, limitada participación y distanciamiento entre la infraestructura de deliberación y el territorio sobre el cual pretende decidir.</p>
<p style="text-align: justify;">Pese a las limitaciones, hay un aspecto absolutamente singular del proyecto. Pero no se trata de la propuesta deliberativa que nos ofrece sino de la infraestructura que la hace posible. El área de participación ha instalado (literalmente) la práctica genuina del mundo hacker dentro del ayuntamiento: esa que pasa por construir y dotarse de las infraestructuras organizativas que sostienen su trabajo. Frente a la política cifrada en el discurso opera aquí una política material hecha de infraestructuras y herramientas que no son simplemente recursos sino la encarnación material del ejercicio político. Ese gesto cobra especial relevancia cuando el área pone tales herramientas a disposición de otros gobiernos municipales, liberando las infraestructuras que ha diseñado. El ayuntamiento se convierte en productor de herramientas en las cuales inscribe su impulso por expandir la gobernanza urbana.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a la política de las obras acabadas, el mundo hacker nos ha enseñado a operar con obras a medias: sin terminar (a medio hacer) y hechas el colaboración con otros (a medias). Obra aquí esa singular idea del mundo hacker del beta permanente, donde cada proyecto es una invitación para que cualquiera pueda tomar parte y pueda modificarlo. ¿Qué sería pensar la ciudad en esos términos?, qué significaría asumir la ciudad como un proyecto en beta que requiere de la participación de cualquiera, no para ser finalizado sino para llevarlo hacia lugares que ni siquiera habíamos imaginado. Si una ciudad en beta nos sitúa ante una posibilidad (y una composibilidad: la posibilidad de componer una ciudad distinta), propuestas como los presupuestos participativos nos anclan únicamente en un presente acabado. Una ciudad sobre la que tenemos que deliberar pero cuyo futuro difícilmente podemos reformular. Quizás el gesto más desafiante pasaría por instalar en la ciudad el mismo espíritu hacker que piensa lo político desde el medio hacer y los medios para hacer, antes que decidir o deliberar. Más que espacios para la deliberación, el gesto radical de una política de la participación pasaría por la construcción de herramientas que liberen capacidades de la ciudad que ni siquiera habíamos imaginado.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El método creativo de la política especulativa: una ciudad experimental.</strong><br />
El Área de las Artes ha sido crucial en la emergencia de una ciudad que acoge la inventiva de sus vecinas y ofrece a sus ciudadanos la posibilidad de repensar su barrio, rediseñar su plaza o remodelar su lugares abandonados. El área ha abierto el gobierno municipal a una sensibilidad política inusual en las grandes instituciones. Una sofisticada sensibilidad que propone un ejercicio político que se articula a través de la escucha antes que de la palabra, mediante el cuidado antes que el mandato. Una ciudad donde las experticias tradicionales son cuestionadas en un ejercicio desafiante capaz de expandir la política hacia nuevos territorios. La ciudad se despliega como un espacio para nuevos aprendizajes urbanos.</p>
<p style="text-align: justify;">El método se torna en el elemento central para la producción de espacios destinados al ejercicio creativo y la especulación política. Métodos para ordenar el espacio, técnicas para promover la colaboración, instrumentos para detonar la imaginación… el método es la herramienta paradigmática para la participación en el Área de Cultura. Los laboratorios de cultura abierta que puso en marcha son un ejemplo paradigmático, al igual que la proliferación de proyectos ciudadanos que recuperan lugares abandonados. La ciudad se convierte en esos proyectos en un espacio curatorial, en el mejor sentido del término: un objeto para una ética del cuidado que se ocupa de cuerpos vulnerables y lugares frágiles, de imaginaciones periféricas y esperanzas arrinconadas. Nos encontramos con toda una serie de espacios para el despliegue de métodos creativos que acogen la colaboración, la imaginación y la especulación. Una política eventual que genera expectativas que la condición efímera de tales proyectos, por desgracia, raramente es capaz de sostener.</p>
<p style="text-align: justify;">Estamos además ante una apuesta riesgosa, porque el ejercicio curatorial es siempre un gesto ambivalente que hace de la ciudad un objeto de cuidados pero que se deslizar con facilidad hacia un comisariado que la convierte en objeto de exhibición. Hemos aprendido en los últimos años de la creatividad vecinal una manera distinta de habitar la ciudad y practicar el espacio urbano. Gracias a ellos hemos imaginado nuevas formas de gobernanza y nos han enseñado a pensar en la política como un ejercicio experimental donde lo que está en juego no es ni la protesta ni la propuesta, sino la capacidad de componer nuevas versiones de la ciudad. Pero como todos los experimentos, tienen un fin. Aunque también es cierto que cuando un experimento finaliza genera siempre un instrumento que decanta y cristaliza todo lo aprendido. Quizás es el momento de comenzar a formalizar lo aprendido, decantar los saberes adquiridos en formatos duros y estandarizar las técnicas desarrolladas en nuestros experimentos. No para que nos apeguemos a ellas y nos instalemos en lo ya sabido, sino para construir desde esos aprendizajes ejercicios nuevos experimentales que nos piden otros lugares, nuevos instrumentos y otros protagonistas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ordenanzas de la política representativa: la ciudad territorial.</strong><br />
Políticas de la participación vistas a través del prisma tradicional del movimiento asociativo. El Área de Coordinación Territorial ha emplazado en el Ayuntamiento una sensibilidad política de vecindad, la propia de aquellos apegados a un territorio que conocen en sus mínimos detalles. El área ha reorganizado la arquitectura representativa del gobierno municipal mediante el establecimiento de consejos territoriales ciudadanos en cada distrito. Ha ordenado además el proceso de cesión de espacios a asociaciones ciudadanas, una práctica que ya se hacía en años anteriores pero que carecía de orientaciones o políticas explícitas.</p>
<p style="text-align: justify;">La norma institucional se convierte en el instrumento de la política participativa del Área de coordinación territorial, sea en la forma de ordenanza, reglamento, protocolo o directriz. Y a través de ella se ofrecen nuevos espacios de participación dentro de la arquitectura institucional del gobierno (foros locales) o recursos para ella (espacios vecinales). La suya es una política de la participación que se organiza territorialmente, mediante formas de representación tradicional (asociaciones vecinales). Una política participativa que impone todos los rigores de la ley, las estrecheces formales de la institución y las limitaciones de cualquier política representativa que pretende reducir el todo a una parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabemos por la historia reciente que la ciudad que tenemos es más justa y más equitativa gracias a las valientes luchas de las asociaciones vecinales durante la década de los sesenta y setenta. Asociaciones que fueron escuela política para muchos vecinos y tantas vecinas. Pero también sabemos que las asociaciones ya no son las únicas formas de colectivizar la política y fabricar asuntos comunes. Hay otras formas de organizarse políticamente y bien harían las instituciones en reconocerles antes que obligarles a convertirse en lo que no son. La ciudad no cabe en la arquitectura institucional, no puede entenderse como espacio de representación ni someterse a la formalidad que estos imponen. Una política que no deja espacio a las múltiples formas en las que se expresa la ciudad es una política que simplemente re-inscribe lo existente, una política que no muestra aspiraciones futuras ni adquiere riesgos presentes. El área bien podría comenzar por reconocer esas otras expresiones de la política vecinal y quizás, también, aprender de ellas. No necesitamos una participación por invitación sino ejercicios de colaboración donde la institución sea capaz del gesto de humildad y coraje que significa reconocer que tiene mucho que aprender de sus convecinos.</p>
<p style="text-align: justify;">…..</p>
<p style="text-align: justify;">La participación política ha sido sometida a una enorme crítica en tiempos recientes que nos ha mostrado, tanto teórica como empíricamente, las enormes limitaciones que tienen las políticas de la participación. Desde la desactivación de la potencia ciudadana a su disciplinamiento, pasando por la irrelevancia de sus proyectos. La figura de la participación política es reclamada, ensalzada y denostada. Y pese a todo, pese al reconocimiento de sus límites y fracasos, creemos necesario seguir explorando el alcance de una manera de tomar parte en la política que aspira a hacer parte de la ciudad a aquellos dejados aparte, aquellos que no tiene parte. Quizás lo primero que necesitamos es unas políticas de la participación humildes, que comiencen por reconocer el fracaso de la participación. Unas políticas de la participación que reconocen su limitación y que no cifra su éxito en aquello que logran sino en todos aquellos efectos adyacentes que son capaces de generar. Una participación cuya política se cifra en la adyacencia.</p>
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		<title>Instrucciones de uso para un urbanismo de vecindad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jan 2017 08:46:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Participacion]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Las metrópolis contemporáneas naufragan ante los problemas que las acosan, incapaces de dar respuesta a sus grandes desafíos y carentes de imaginación para alumbrar nuevas preguntas. Necesitamos ciudades que recuperen la esperanza perdida. Ciudades que desplieguen una nueva imaginación urbana, ciudades que liberen las capacidades desconocidas de lo que ellas mismas pueden. Este es un manual [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Las metrópolis contemporáneas naufragan ante los problemas que las acosan, incapaces de dar respuesta a sus grandes desafíos y carentes de imaginación para alumbrar nuevas preguntas. <strong>Necesitamos ciudades que recuperen la esperanza perdida</strong>. Ciudades que desplieguen una nueva imaginación urbana, ciudades que liberen las capacidades desconocidas de lo que ellas mismas pueden. Este es un manual de instrucciones para <strong>un urbanismo destinado a componer una ciudad distinta</strong>. Una manual destinado a instruir políticas de la participación urbana desafiantes y esperanzadas. Unas instrucciones de uso en diez pasos, elaboradas en diálogo con Aurora Adalid y Manuel Domínguez (<a href="http://www.zuloark.com/">Zuloark</a>) y publicado recientemente en la revista <a href="http://i2.ua.es/index.php/architecture">[i2] Investigación e Innovación en Arqutiectura y Territorio</a>, de la Universidad de Alicante, <a href="http://i2.ua.es/index.php/architecture/article/view/78">aquí el original</a>.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>1. Airear los disensos</strong><br />
<strong> 2. Dar parte a los que no tienen parte</strong><br />
<strong> 3. Dejar que la ciudad se exprese</strong><br />
<strong> 4. Comenzar por la indefinición (de la ciudad)</strong><br />
<strong> 5. Perseguir los futuros urbanos del presente</strong><br />
<strong> 6. Construir herramientas de la aspiración</strong><br />
<strong> 7. Aprender: ida y vuelta</strong><br />
<strong> 8. Versionar la ciudad del presente</strong><br />
<strong> 9. La participación: una versión experimental</strong><br />
<strong> 10. La ciudad, las ciudades….</strong></p>
<p><strong>1. Airear los disensos</strong><br />
<strong>Contra la ciudad consensual. </strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Sobran en nuestras ciudades los consensos.<strong> Sobran los acuerdos que silencian discrepancias, marginan disputas y suprimen diferencias.</strong> Apaciguado el espacio público y aplacada la plaza, la ciudad ha sido privada de su verdadera condición política. Un proyecto consensual satura el imaginario de la participación, obsesionado con la deliberación y centrado en la producción de acuerdos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">La participación no debe dedicarse a reproducir los consensos del presente sino esforzarse por desvelar los disensos existentes. <strong>Necesitamos una política de la participación que despliegue en la ciudad espacios donde airear las controversias</strong>, mostrar las discrepancias y resolver (o no) las diferencias. La política de la participación no debe orientarse a clausurar los asuntos del presente sino a componer la posibilidad de convivir con nuestras discrepancias. Hagamos del disenso el punto de partida para la composición de otra ciudad posible.</p>
<p><strong>2. Dar parte a los que no tienen parte</strong><br />
<strong>Contra las formas de representación dual.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad ha estado dominada por las formas de representación. Políticos y expertos han representado a la ciudad desde su arena particular: ungidos los primeros con la legitimidad del voto y amparados los segundos en el dominio de la técnica. Las políticas de la participación tienden a reproducir la lógica de la representación distribuyendo la voz (¡dar voz!) a los sectores organizados (asociaciones, mesas sectoriales, consejos, etc.).</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Las políticas de la participación requieren algo más, y algo distinto, a las formas duales de representación fundadas en la política institucional y la técnica experta</strong>. Comenzar por una participación que haga parte de la ciudad a quienes han sido apartados de ella, relegados a la periferia geográfica y social, marginados a la periferia epistémica y simbólica. Ha llegado la hora de que aquellos que han hablado por la ciudad (políticos y expertos) dejen espacio a quienes hablan de ella: vecinos que no hablarán en nombre de otros sino que lo harán por sí mismos, vecinas que no representarán a la ciudad sino que dejarán que ésta hable por ellas.</p>
<p><strong>3. Dejar que la ciudad se exprese</strong><br />
<strong>Contra el monismo metodológico.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Cada ciudad tiene su idioma, cada territorio habla su lengua y cada barrio emplaza sus formas de expresión. El método convencional naufraga fácilmente al cambiar de localidad o moverse de región. No puede haber metodología única ni forma universal de participación. Las políticas de la participación no pueden ser una gestión de expertos que manejan a extraños, deberían ser un juego de extrañezas que deja espacio para que la ciudad se exprese por sí misma.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aprender a componer los espacios de trabajo siguiendo la singularidad del territorio,<strong> acomodar las metodologías al terreno y dejar que las formas de expresión vernáculas tomen la palabra.</strong> Ese es el imperativo para dejar que la ciudad se exprese en su propio idioma. Es necesario superar el monismo metodológico con métodos inventivos que ofrezcan a la ciudad la posibilidad de hablar por sí misma, la oportunidad de expresarse en sus múltiples registros.</p>
<p><strong>4. Comenzar por la indefinición (de la ciudad)</strong><br />
<strong>Contra la interdisciplinariedad superflua.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Antes abrir el debate los temas son cerrados y antes de comenzar la discusión se excluyen los interrogantes. Ocurre cuando se perfila ese objeto de discusión que es la ciudad. Los expertos vacían el debate posible cuando trazan los límites de la ciudad siguiendo las fronteras de su disciplina. La convocatoria a distintos saberes para discutir sobre una ciudad prefigurada por unos pocos tampoco es una respuesta, únicamente una interdisciplinariedad superflua.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>La política comienza con la posibilidad de reformular el asunto que nos reúne</strong>: ampliar sus límites o reducir su extensión, modificar su significado o renombrar su sentido. Una participación que no permite problematizar el asunto a discutir es sólo una teatralización del debate. Las excusas del “eso no toca”, “eso no corresponde” o “está fuera del asunto de hoy” ya no son válidas. Asumamos el desafío de re-configurar los límites de nuestro objeto. Necesitamos una participación que arranca con la indefinición de los límites de la ciudad, la condición de lo urbano y el alcance de los asuntos que nos convocan.</p>
<p><strong>5. Perseguir los futuros urbanos del presente</strong><br />
<strong>Más allá del diagnóstico.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Un plan de participación navega siempre entre estados de un presente controvertido y visiones inciertas de los futuros que se avecinan. Las tradicionales encuestas al territorio, los estudios sectoriales y el sondeo de intereses atrapan la participación en una visión presentista. El futuro hurtado a las políticas de la participación debe regresar para ser su objeto central.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Arrinconar la insistente fijación con una sociología limitada a necesidades e intereses y orientar las políticas de la participación al cultivo de futuros urbanos.</strong> No el futuro fraguado por expertos y rehecho en sus planes, sino el futuro anclado al terreno y fabricado por sus moradores. Necesitamos imágenes que muevan la ciudad hacia un presente más justo. Futuros urbanos que lleven en su seno la posibilidad de rehabilitar el presente y componer colectivamente un porvenir distinto. Quizás no sean suficientes para trastocar las grandes fuerzas que operan sobre la ciudad, pero proveen de imágenes conceptuales para desafiar su fatalidad. Las políticas de la participación deben ser políticas de la anticipación, ejercicios de la imaginación futura que demuestren que siempre hay opciones posibles.</p>
<p><strong>6. Construir herramientas de la aspiración</strong><br />
<strong>Contra el imaginario espacial de la participación.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Expertos en sociología, técnicos en metodologías colaborativas… muñidores de reuniones y hacedores de consensos. La participación está dominada por un imaginario espacial que diseña lo que tiene que ocurrir en un lugar determinado y en un tiempo concreto. No hay más que seguir el guión del método que modela el espacio. Encerrada en una visión deliberativa o restringida a una condición subjetiva, la participación queda limitada a airear opiniones o elegir entre opciones dentro de los espacios habilitados. No necesitamos una participación que anticipe las opciones posibles, necesitamos recursos para producir las cuestiones relevantes.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Animar la fabricación de herramientas y recursos que permiten imaginar lo inimaginado. Participaciones que no gravitan sobre concursos competitivos sino sobre recursos colaborativos. P<strong>roducir herramientas humildes pero desafiantes. Herramientas sencillas pero potentes. Herramientas abiertas a su reconfiguración y reutilización</strong>. Herramientas que permitan construir problemáticas que no estaban previstas. Herramientas que sean tecnologías de la aspiración, que nos permitan expandir el horizonte de nuestras expectativas urbanas. Herramientas de la imaginación futura que nos permiten aspirar a un presente más justo.</p>
<p><strong>7. Aprender: ida y vuelta</strong><br />
<strong>Otras formas de experticia.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad es un marasmo de saberes y visiones encontradas. Cada vecina es una experta en su territorio, cada vecino es un conocedor de sus problemas. Tanto como sabemos de la ciudad ignoramos también. No sabemos de dónde llega el agua que bebemos, a dónde va la basura que desechamos o quién se hace cargo de las calles que transitamos. Cada uno de nosotros, ¡sabe tanto de la ciudad!… ¡y hay tanto que ignoramos de ella! <strong>Necesitamos espacios de aprendizaje de ida y vuelta, donde podamos aprender y enseñar.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Habilitar espacios de aprendizajes de ida y vuelta. Donde expertos y vecinos aprendan y enseñen. Donde intercambien sus papeles y hagan circular sus saberes. Pero esto solo es posible si los expertos se comprometen con la ciudad, comprometerse con la ciudad que es ponerse en un compromiso: adentrándose en lugares que no conocen y ensayado metodologías que ignoran. Tenemos que aprender de la ciudad y liberar las capacidades que tiene de enseñarnos lo que no sabemos.</p>
<p><strong>8. Versionar la ciudad del presente</strong><br />
<strong>Contra las versiones hegemónicas.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad escapa de nuestras aspiraciones descriptivas y nuestros intentos de clausura. Un millar de ciudades dentro de cada ciudad, un millón de presentes urbanos en cada metrópolis. Cada ciudad es una composición de múltiples versiones. Las versiones de la ciudad no son barrios, no son distritos ni estilos de vida urbanos. Cada versión de ciudad es un ensamblaje de una naturaleza urbana distintiva, una forma particular que reparte atribuciones y competencias, reconocimientos y capacidades sobre lo urbano. <strong>Cada versión de la ciudad nos hablan de una condición de ciudad: una ciudalidad.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Descubrir las versiones de la ciudad que son marginadas y periféricas. Evitar reinscribir las versiones hegemónicas de la ciudad. Necesitamos encontrar esas versiones esperanzadoras que liberen las capacidades desconocidas de la urbe. Las políticas de la participación deben proyectar al futuro las versiones de una ciudad justa y buena que existen en el presente, para que se multipliquen y proliferen en el futuro.</p>
<p><strong>9. La participación: una versión experimental</strong><br />
<strong>Hay muchas versiones de la ciudad dentro de una ciudad.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad desigual que devora el territorio y fagocita los derechos. La ciudad desesperada que se extiende como una mancha… otras versiones de la ciudad conviven con esas. Versiones de una ciudad que experimentan con las formas posibles de la polis y componen nuevas naturalezas urbanas. Versiones de la ciudad que nos inspiran y guían, versiones de la ciudad futura que habitan el presente. <strong>Cada ejercicio de participación contemporáneo debería ser un prototipo de nuevas naturalezas urbanas</strong>. Las ciudades están repletas de esos experimentos dispersos de los que aprender.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aprender de aquellos experimentos urbanos que prototipan versiones de una ciudad justa y equilibrada. Versiones que no son solo el producto de la imaginación sino un ejercicio de composición. Las políticas de la participación deben generar condiciones de composición, condiciones que permiten componer otras versiones de ciudad, no solo imaginarla. Experimentos en la ciudalidad de la urbe, que nos ofrecen preguntas que no teníamos y alumbran futuros que no habíamos imaginado. Versionar la ciudad en su condición experimental.</p>
<p><strong>10. La ciudad, las ciudades….</strong><br />
Todo lo dicho hasta ahora puede ser re-escrito, modificado, alterado… las políticas de la participación no tienen guía ni método, estas deben ser reinventadas en cada momento.<strong> Todo esto es una versión para componer nuevas versiones.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Imagen: New Babylon, de Constant Nieuwenhuys.</strong></p>
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