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	<title>Adolfo Estalella &#8211; Prototyping</title>
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	<description>how social experimentation works</description>
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		<title>Cuidar de la participación (y no inventarla)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Dec 2017 14:49:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Participacion]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El Ayuntamiento de Madrid organizaba a finales de noviembre los primeros foros locales de distrito con los que trata de promover políticas participativas. Coincidía con el fin de semana en que el Campo de Cebada celebraba su despedida (que se hará efectiva mañana, 15 de diciembre). El gobierno de la ciudad celebra su intento por involucrar a ciudadanos y vecinas en los asuntos urbanos justo cuando<strong> cierra sus puertas una de las experiencias más singulares, valiosas e ilusionantes que nos ha enseñado re-imaginar lo que significa la ciudad</strong> e involucrarnos en ella de una manera distinta.</p>
<p>Una coincidencia que nos muestra de manera iluminadora dos maneras radicalmente diferentes de expandir la política urbana. La primera, promovida desde una institución que entiende la participación ciudadana como un ejercicio por invitación: el gobierno municipal decide cuándo, dónde y cómo podemos tomar parte en los asuntos de la ciudad (y decide también cuáles son las preguntas y temas que nos podemos abordar). Frente a eso, proyectos como <strong>El Campo de Cebada (y otros) nos enseñan otras modos de abrir el horizonte de la política</strong>, una que pasa por a construir los espacios y desplegar las infraestructuras necesarias para experimentar con otras formas de ciudad.</p>
<p>Estamos ante una singular paradoja. <strong>Un gobierno que trata de explorar de manera convencida formas de participación pero ignora, sin embargo, los proyectos más singulares de reinvención política</strong> e inventiva urbana que se han desarrollado en la última década en Madrid.</p>
<p>Un amplio espacio (5.500 m2) en mitad uno de los más céntricos barrios de Madrid, los Austrias (conocido popularmente como La Latina), El Campo de Cebada surgió donde solo existía un vacío urbano. Desde que se abriera de par en par en 2011, el espacio ha rebosado con actividades de todo tipo: Cines durante el estío, música los fines de semana, teatro&#8230; hubo una universidad de verano, encuentros de lucha libre, mercados de editoriales independientes&#8230; y asambleas, muchas asambleas. Y no han faltado los conflictos y las controversias, al contrario, han existido disputas intensas sobre lo que cabía, y lo que no: si era posible programar un Don Juan Tenorio o si resultaba legítimo proyectar películas comerciales.</p>
<p>Conflictos que revitalizan un espacio público que sistemáticamente ha sido apaciguado en periodos recientes. <strong>El Campo nos ha enseñado, como ellos lo expresan, a ‘habitar el conflicto’:</strong> airear diferencias, inventar formas de abordarlas y construir conjuntamente formas de relacionarnos, con otras y con la ciudad. El Campo nos ha enseñado lo que significa hacernos cargo de la polis y los asuntos urbanos, implicarnos en el cuidado de la calle y lo que ocurre en ella. Aprendizajes que nos devuelven la esperanza de que podemos componer una ciudad distinta.</p>
<p>Pero como otros proyectos, las energías de quienes los arrancan y sostienen se agotan, sus vidas cambian y se necesitan remplazos para hacerse cargo de la ilusión colectiva y las tareas compartidas que un lugar así demanda. Ese es sin duda uno de los elementos centrales de experimentos urbanos como este. <strong>No sabemos cuánto duran (o pueden durar), pero sí sabemos que dentro y fuera del laboratorio, los experimentos tienen siempre una vida limitada.</strong> Se agotan las energías y hay un punto en que solo es posible sostener la autonomía de estos experimentos urbanos si se aportan los recursos que su continuidad requiere.</p>
<p>El Campo es un proyecto frágil, vulnerable y precario pero de excepcional valor reconocido internacionalmente. El proyecto ha suscitado el interés de instituciones internacionales de prestigio. El año 2013 recibió del prestigioso festival austriaco Ars Electronica el premio Golden Nica, el mismo año que la XII Bienal de Arquitectura y Urbanismo de España le concedió uno de sus galardones. El Campo ha ocupado el interés de académicos y profesionales dedicados al urbanismo por igual.</p>
<p>Desgraciadamente, El Campo cierra y el ayuntamiento no hace ni ha hecho nada. Se había comprometido a enviar una serie de mediadores en noviembre, y estos no han aparecido. No parece que tampoco tenga intenciones de aportar los mínimos recursos que un espacio así requiere para continuar alimentando la imaginación urbana de la ciudad.<strong> Nos encontramos ante otro ejemplo más de la desidia con la que el gobierno municipal está tratando los proyectos de genuina innovación en la gobernanza urbana</strong> (porque es algo más que participación) que se han desarrollado en tiempos recientes en Madrid.</p>
<p>Una indiferencia que se repite en el trato que el gobierno municipal dio al Patio Maravillas, al Espacio Vecinal Arganzuela (EVA) o a proyectos modestos como Ganando metros en Tetuán. El caso de EVA es también significativo, un proyecto del barrio y de barrio, que ha pasado varios años tramando la complicidad de vecinas en una sofisticadísima iniciativa. La cesión de un espacio de 1.500 m2 en el antiguo mercado de frutas y verduras ha sido un éxito para las vecinas que paradójicamente ha dejado entrever en un proceso largo y tedioso el ninguneo con que el ayuntamiento trata estas iniciativas.</p>
<p>La pregunta que nuestras instituciones públicas parece que no quieren plantearse es esta:<strong> ¿cómo hacer cargo de aquellos experimentos donde las vecinas se han hecho cargo de la ciudad?</strong>, ¿cómo tratar con cuidado aquellos lugares en los que ha germinado una singular ética del cuidado urbano? Y esto es crucial, porque mientras las instituciones públicas son incapaces de involucrar a vecinas y ciudadanos en los asuntos urbanos a través de eso que llaman participación, nos encontramos con iniciativas ciudadanas que llevan años aprendiendo, y enseñando, a hacerlo. Sea por arrogancia, desidia o ignorancia, n<strong>uestras instituciones públicas bien podrían comenzar a aprender de aquellos lugares donde la gobernanza de la ciudad es reinventada.</strong></p>
<p>Bienvenidos sean los foros locales que tratan de re-organizar la arquitectura institucional de la política y las infraestructuras digitales que nos ofrecen participar en los presupuestos de la ciudad. <strong>Pero necesitamos algo más que tomar parte en los límites estrechos de una política deliberativa donde la implicación en la política de la ciudad se cursa por invitación.</strong></p>
<p>Hemos aprendido de El Campo, el EVA y el Patio (y muchos otros) que<strong> la política en la ciudad no consiste en deliberar sino en hacer, que no requiere solo de palabras sino de infraestructuras.</strong> Proyectos donde son las vecinas las que determinan cuáles son los asuntos relevantes que quieren abordar. Pareciera que el gobierno municipal ha asumido como misión el inventar nuevas formas de participación política cuando quizás la época actual les demanda es cuidar las que llevan tiempo florecido de una a otra parte de la ciudad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Imagen: Representación en el Campo de Cebada, septiembre de 2016 (Campo de Cebada.</p>
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		<title>Madrid y las políticas de la participación: tres sensibilidades urbanas del municipalismo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 08:42:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Participacion]]></category>
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					<description><![CDATA[Los ayuntamientos municipalistas han hecho de la participación insignia de sus políticas y pieza clave de su proyecto de renovación democrática: el poder de decisión es redistribuido entre vecinos y vecinas, ya no reside únicamente en la institución representativa. Tal es el aval con el que se presentan las políticas de la participación. El gobierno [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los ayuntamientos municipalistas han hecho de la participación insignia de sus políticas y pieza clave de su proyecto de renovación democrática: el poder de decisión es redistribuido entre vecinos y vecinas, ya no reside únicamente en la institución representativa. Tal es el aval con el que se presentan las políticas de la participación. El gobierno municipal (en manos de un partido de nuevo cuño, Ahora Madrid) ha puesto en marcha toda una serie procesos participativos: la introducción de presupuestos participativos (que distribuirán 60 millones de euros), la cesión de espacios a asociaciones vecinales, la creación de nuevos instrumentos de representación ciudadana en los distritos (foros locales), sistemas de deliberación sobre el diseño urbano (remodelación de la Plaza de España) o espacios para el ejercicio especulativo sobre las políticas culturales (Laboratorios de cultura abierta). Tres áreas de gobierno han enarbolado la participación como parte central de sus políticas, además de aquella que lo lleva en su nombre, las políticas participativas son invocadas por el Área de cultura y el Área de coordinación territorial y asociaciones. Cada una ha traído al gobierno municipal una sensibilidad distintiva desde la cual imaginan la ciudad y practican la política. Cada una nos propone ejercicios de participación fundamentados en instrumentos específicos a los que se inviste con toda una serie de atribuciones: las herramientas digitales para la política deliberativa (en el área de participación), los métodos creativos para la especulación política (en el caso de cultura) y la ordenanza territorial para las políticas de la representación asociativa (en coordinación territorial). Pese a la limitación ineludible en una tipología tal, esta nos ayuda a pergeñar un mapa de la imaginación política que el gobierno municipal ha proyectado en los últimos meses sobre la ciudad.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Herramientas digitales para una política deliberativa: la ciudad acabada del presente.</strong><br />
La cultura de los mundos colaborativos de Internet ha desembarcado en el ayuntamiento de la mano del Área de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto. Uno de sus proyectos paradigmáticos es Decide Madrid, una infraestructura digital para la participación de ciudadanos y vecinas en los presupuestos de Madrid. Una partida de 60 millones de euros que debe ser decidida colectivamente en barrios y distritos de la ciudad. Todo un logro y una propuesta novedosa para Madrid, aunque poco innovadora porque este tipo de gestión económica se realiza desde hace más de tres décadas en ciudades de todo el mundo. Los problemas que ha encontrado en sus inicios son notables, limitada participación y distanciamiento entre la infraestructura de deliberación y el territorio sobre el cual pretende decidir.</p>
<p style="text-align: justify;">Pese a las limitaciones, hay un aspecto absolutamente singular del proyecto. Pero no se trata de la propuesta deliberativa que nos ofrece sino de la infraestructura que la hace posible. El área de participación ha instalado (literalmente) la práctica genuina del mundo hacker dentro del ayuntamiento: esa que pasa por construir y dotarse de las infraestructuras organizativas que sostienen su trabajo. Frente a la política cifrada en el discurso opera aquí una política material hecha de infraestructuras y herramientas que no son simplemente recursos sino la encarnación material del ejercicio político. Ese gesto cobra especial relevancia cuando el área pone tales herramientas a disposición de otros gobiernos municipales, liberando las infraestructuras que ha diseñado. El ayuntamiento se convierte en productor de herramientas en las cuales inscribe su impulso por expandir la gobernanza urbana.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a la política de las obras acabadas, el mundo hacker nos ha enseñado a operar con obras a medias: sin terminar (a medio hacer) y hechas el colaboración con otros (a medias). Obra aquí esa singular idea del mundo hacker del beta permanente, donde cada proyecto es una invitación para que cualquiera pueda tomar parte y pueda modificarlo. ¿Qué sería pensar la ciudad en esos términos?, qué significaría asumir la ciudad como un proyecto en beta que requiere de la participación de cualquiera, no para ser finalizado sino para llevarlo hacia lugares que ni siquiera habíamos imaginado. Si una ciudad en beta nos sitúa ante una posibilidad (y una composibilidad: la posibilidad de componer una ciudad distinta), propuestas como los presupuestos participativos nos anclan únicamente en un presente acabado. Una ciudad sobre la que tenemos que deliberar pero cuyo futuro difícilmente podemos reformular. Quizás el gesto más desafiante pasaría por instalar en la ciudad el mismo espíritu hacker que piensa lo político desde el medio hacer y los medios para hacer, antes que decidir o deliberar. Más que espacios para la deliberación, el gesto radical de una política de la participación pasaría por la construcción de herramientas que liberen capacidades de la ciudad que ni siquiera habíamos imaginado.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El método creativo de la política especulativa: una ciudad experimental.</strong><br />
El Área de las Artes ha sido crucial en la emergencia de una ciudad que acoge la inventiva de sus vecinas y ofrece a sus ciudadanos la posibilidad de repensar su barrio, rediseñar su plaza o remodelar su lugares abandonados. El área ha abierto el gobierno municipal a una sensibilidad política inusual en las grandes instituciones. Una sofisticada sensibilidad que propone un ejercicio político que se articula a través de la escucha antes que de la palabra, mediante el cuidado antes que el mandato. Una ciudad donde las experticias tradicionales son cuestionadas en un ejercicio desafiante capaz de expandir la política hacia nuevos territorios. La ciudad se despliega como un espacio para nuevos aprendizajes urbanos.</p>
<p style="text-align: justify;">El método se torna en el elemento central para la producción de espacios destinados al ejercicio creativo y la especulación política. Métodos para ordenar el espacio, técnicas para promover la colaboración, instrumentos para detonar la imaginación… el método es la herramienta paradigmática para la participación en el Área de Cultura. Los laboratorios de cultura abierta que puso en marcha son un ejemplo paradigmático, al igual que la proliferación de proyectos ciudadanos que recuperan lugares abandonados. La ciudad se convierte en esos proyectos en un espacio curatorial, en el mejor sentido del término: un objeto para una ética del cuidado que se ocupa de cuerpos vulnerables y lugares frágiles, de imaginaciones periféricas y esperanzas arrinconadas. Nos encontramos con toda una serie de espacios para el despliegue de métodos creativos que acogen la colaboración, la imaginación y la especulación. Una política eventual que genera expectativas que la condición efímera de tales proyectos, por desgracia, raramente es capaz de sostener.</p>
<p style="text-align: justify;">Estamos además ante una apuesta riesgosa, porque el ejercicio curatorial es siempre un gesto ambivalente que hace de la ciudad un objeto de cuidados pero que se deslizar con facilidad hacia un comisariado que la convierte en objeto de exhibición. Hemos aprendido en los últimos años de la creatividad vecinal una manera distinta de habitar la ciudad y practicar el espacio urbano. Gracias a ellos hemos imaginado nuevas formas de gobernanza y nos han enseñado a pensar en la política como un ejercicio experimental donde lo que está en juego no es ni la protesta ni la propuesta, sino la capacidad de componer nuevas versiones de la ciudad. Pero como todos los experimentos, tienen un fin. Aunque también es cierto que cuando un experimento finaliza genera siempre un instrumento que decanta y cristaliza todo lo aprendido. Quizás es el momento de comenzar a formalizar lo aprendido, decantar los saberes adquiridos en formatos duros y estandarizar las técnicas desarrolladas en nuestros experimentos. No para que nos apeguemos a ellas y nos instalemos en lo ya sabido, sino para construir desde esos aprendizajes ejercicios nuevos experimentales que nos piden otros lugares, nuevos instrumentos y otros protagonistas.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ordenanzas de la política representativa: la ciudad territorial.</strong><br />
Políticas de la participación vistas a través del prisma tradicional del movimiento asociativo. El Área de Coordinación Territorial ha emplazado en el Ayuntamiento una sensibilidad política de vecindad, la propia de aquellos apegados a un territorio que conocen en sus mínimos detalles. El área ha reorganizado la arquitectura representativa del gobierno municipal mediante el establecimiento de consejos territoriales ciudadanos en cada distrito. Ha ordenado además el proceso de cesión de espacios a asociaciones ciudadanas, una práctica que ya se hacía en años anteriores pero que carecía de orientaciones o políticas explícitas.</p>
<p style="text-align: justify;">La norma institucional se convierte en el instrumento de la política participativa del Área de coordinación territorial, sea en la forma de ordenanza, reglamento, protocolo o directriz. Y a través de ella se ofrecen nuevos espacios de participación dentro de la arquitectura institucional del gobierno (foros locales) o recursos para ella (espacios vecinales). La suya es una política de la participación que se organiza territorialmente, mediante formas de representación tradicional (asociaciones vecinales). Una política participativa que impone todos los rigores de la ley, las estrecheces formales de la institución y las limitaciones de cualquier política representativa que pretende reducir el todo a una parte.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabemos por la historia reciente que la ciudad que tenemos es más justa y más equitativa gracias a las valientes luchas de las asociaciones vecinales durante la década de los sesenta y setenta. Asociaciones que fueron escuela política para muchos vecinos y tantas vecinas. Pero también sabemos que las asociaciones ya no son las únicas formas de colectivizar la política y fabricar asuntos comunes. Hay otras formas de organizarse políticamente y bien harían las instituciones en reconocerles antes que obligarles a convertirse en lo que no son. La ciudad no cabe en la arquitectura institucional, no puede entenderse como espacio de representación ni someterse a la formalidad que estos imponen. Una política que no deja espacio a las múltiples formas en las que se expresa la ciudad es una política que simplemente re-inscribe lo existente, una política que no muestra aspiraciones futuras ni adquiere riesgos presentes. El área bien podría comenzar por reconocer esas otras expresiones de la política vecinal y quizás, también, aprender de ellas. No necesitamos una participación por invitación sino ejercicios de colaboración donde la institución sea capaz del gesto de humildad y coraje que significa reconocer que tiene mucho que aprender de sus convecinos.</p>
<p style="text-align: justify;">…..</p>
<p style="text-align: justify;">La participación política ha sido sometida a una enorme crítica en tiempos recientes que nos ha mostrado, tanto teórica como empíricamente, las enormes limitaciones que tienen las políticas de la participación. Desde la desactivación de la potencia ciudadana a su disciplinamiento, pasando por la irrelevancia de sus proyectos. La figura de la participación política es reclamada, ensalzada y denostada. Y pese a todo, pese al reconocimiento de sus límites y fracasos, creemos necesario seguir explorando el alcance de una manera de tomar parte en la política que aspira a hacer parte de la ciudad a aquellos dejados aparte, aquellos que no tiene parte. Quizás lo primero que necesitamos es unas políticas de la participación humildes, que comiencen por reconocer el fracaso de la participación. Unas políticas de la participación que reconocen su limitación y que no cifra su éxito en aquello que logran sino en todos aquellos efectos adyacentes que son capaces de generar. Una participación cuya política se cifra en la adyacencia.</p>
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		<title>Instrucciones de uso para un urbanismo de vecindad</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Jan 2017 08:46:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Participacion]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Las metrópolis contemporáneas naufragan ante los problemas que las acosan, incapaces de dar respuesta a sus grandes desafíos y carentes de imaginación para alumbrar nuevas preguntas. Necesitamos ciudades que recuperen la esperanza perdida. Ciudades que desplieguen una nueva imaginación urbana, ciudades que liberen las capacidades desconocidas de lo que ellas mismas pueden. Este es un manual [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Las metrópolis contemporáneas naufragan ante los problemas que las acosan, incapaces de dar respuesta a sus grandes desafíos y carentes de imaginación para alumbrar nuevas preguntas. <strong>Necesitamos ciudades que recuperen la esperanza perdida</strong>. Ciudades que desplieguen una nueva imaginación urbana, ciudades que liberen las capacidades desconocidas de lo que ellas mismas pueden. Este es un manual de instrucciones para <strong>un urbanismo destinado a componer una ciudad distinta</strong>. Una manual destinado a instruir políticas de la participación urbana desafiantes y esperanzadas. Unas instrucciones de uso en diez pasos, elaboradas en diálogo con Aurora Adalid y Manuel Domínguez (<a href="http://www.zuloark.com/">Zuloark</a>) y publicado recientemente en la revista <a href="http://i2.ua.es/index.php/architecture">[i2] Investigación e Innovación en Arqutiectura y Territorio</a>, de la Universidad de Alicante, <a href="http://i2.ua.es/index.php/architecture/article/view/78">aquí el original</a>.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>1. Airear los disensos</strong><br />
<strong> 2. Dar parte a los que no tienen parte</strong><br />
<strong> 3. Dejar que la ciudad se exprese</strong><br />
<strong> 4. Comenzar por la indefinición (de la ciudad)</strong><br />
<strong> 5. Perseguir los futuros urbanos del presente</strong><br />
<strong> 6. Construir herramientas de la aspiración</strong><br />
<strong> 7. Aprender: ida y vuelta</strong><br />
<strong> 8. Versionar la ciudad del presente</strong><br />
<strong> 9. La participación: una versión experimental</strong><br />
<strong> 10. La ciudad, las ciudades….</strong></p>
<p><strong>1. Airear los disensos</strong><br />
<strong>Contra la ciudad consensual. </strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Sobran en nuestras ciudades los consensos.<strong> Sobran los acuerdos que silencian discrepancias, marginan disputas y suprimen diferencias.</strong> Apaciguado el espacio público y aplacada la plaza, la ciudad ha sido privada de su verdadera condición política. Un proyecto consensual satura el imaginario de la participación, obsesionado con la deliberación y centrado en la producción de acuerdos.</p>
<p style="padding-left: 30px;">La participación no debe dedicarse a reproducir los consensos del presente sino esforzarse por desvelar los disensos existentes. <strong>Necesitamos una política de la participación que despliegue en la ciudad espacios donde airear las controversias</strong>, mostrar las discrepancias y resolver (o no) las diferencias. La política de la participación no debe orientarse a clausurar los asuntos del presente sino a componer la posibilidad de convivir con nuestras discrepancias. Hagamos del disenso el punto de partida para la composición de otra ciudad posible.</p>
<p><strong>2. Dar parte a los que no tienen parte</strong><br />
<strong>Contra las formas de representación dual.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad ha estado dominada por las formas de representación. Políticos y expertos han representado a la ciudad desde su arena particular: ungidos los primeros con la legitimidad del voto y amparados los segundos en el dominio de la técnica. Las políticas de la participación tienden a reproducir la lógica de la representación distribuyendo la voz (¡dar voz!) a los sectores organizados (asociaciones, mesas sectoriales, consejos, etc.).</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Las políticas de la participación requieren algo más, y algo distinto, a las formas duales de representación fundadas en la política institucional y la técnica experta</strong>. Comenzar por una participación que haga parte de la ciudad a quienes han sido apartados de ella, relegados a la periferia geográfica y social, marginados a la periferia epistémica y simbólica. Ha llegado la hora de que aquellos que han hablado por la ciudad (políticos y expertos) dejen espacio a quienes hablan de ella: vecinos que no hablarán en nombre de otros sino que lo harán por sí mismos, vecinas que no representarán a la ciudad sino que dejarán que ésta hable por ellas.</p>
<p><strong>3. Dejar que la ciudad se exprese</strong><br />
<strong>Contra el monismo metodológico.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Cada ciudad tiene su idioma, cada territorio habla su lengua y cada barrio emplaza sus formas de expresión. El método convencional naufraga fácilmente al cambiar de localidad o moverse de región. No puede haber metodología única ni forma universal de participación. Las políticas de la participación no pueden ser una gestión de expertos que manejan a extraños, deberían ser un juego de extrañezas que deja espacio para que la ciudad se exprese por sí misma.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aprender a componer los espacios de trabajo siguiendo la singularidad del territorio,<strong> acomodar las metodologías al terreno y dejar que las formas de expresión vernáculas tomen la palabra.</strong> Ese es el imperativo para dejar que la ciudad se exprese en su propio idioma. Es necesario superar el monismo metodológico con métodos inventivos que ofrezcan a la ciudad la posibilidad de hablar por sí misma, la oportunidad de expresarse en sus múltiples registros.</p>
<p><strong>4. Comenzar por la indefinición (de la ciudad)</strong><br />
<strong>Contra la interdisciplinariedad superflua.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Antes abrir el debate los temas son cerrados y antes de comenzar la discusión se excluyen los interrogantes. Ocurre cuando se perfila ese objeto de discusión que es la ciudad. Los expertos vacían el debate posible cuando trazan los límites de la ciudad siguiendo las fronteras de su disciplina. La convocatoria a distintos saberes para discutir sobre una ciudad prefigurada por unos pocos tampoco es una respuesta, únicamente una interdisciplinariedad superflua.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>La política comienza con la posibilidad de reformular el asunto que nos reúne</strong>: ampliar sus límites o reducir su extensión, modificar su significado o renombrar su sentido. Una participación que no permite problematizar el asunto a discutir es sólo una teatralización del debate. Las excusas del “eso no toca”, “eso no corresponde” o “está fuera del asunto de hoy” ya no son válidas. Asumamos el desafío de re-configurar los límites de nuestro objeto. Necesitamos una participación que arranca con la indefinición de los límites de la ciudad, la condición de lo urbano y el alcance de los asuntos que nos convocan.</p>
<p><strong>5. Perseguir los futuros urbanos del presente</strong><br />
<strong>Más allá del diagnóstico.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Un plan de participación navega siempre entre estados de un presente controvertido y visiones inciertas de los futuros que se avecinan. Las tradicionales encuestas al territorio, los estudios sectoriales y el sondeo de intereses atrapan la participación en una visión presentista. El futuro hurtado a las políticas de la participación debe regresar para ser su objeto central.</p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong>Arrinconar la insistente fijación con una sociología limitada a necesidades e intereses y orientar las políticas de la participación al cultivo de futuros urbanos.</strong> No el futuro fraguado por expertos y rehecho en sus planes, sino el futuro anclado al terreno y fabricado por sus moradores. Necesitamos imágenes que muevan la ciudad hacia un presente más justo. Futuros urbanos que lleven en su seno la posibilidad de rehabilitar el presente y componer colectivamente un porvenir distinto. Quizás no sean suficientes para trastocar las grandes fuerzas que operan sobre la ciudad, pero proveen de imágenes conceptuales para desafiar su fatalidad. Las políticas de la participación deben ser políticas de la anticipación, ejercicios de la imaginación futura que demuestren que siempre hay opciones posibles.</p>
<p><strong>6. Construir herramientas de la aspiración</strong><br />
<strong>Contra el imaginario espacial de la participación.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Expertos en sociología, técnicos en metodologías colaborativas… muñidores de reuniones y hacedores de consensos. La participación está dominada por un imaginario espacial que diseña lo que tiene que ocurrir en un lugar determinado y en un tiempo concreto. No hay más que seguir el guión del método que modela el espacio. Encerrada en una visión deliberativa o restringida a una condición subjetiva, la participación queda limitada a airear opiniones o elegir entre opciones dentro de los espacios habilitados. No necesitamos una participación que anticipe las opciones posibles, necesitamos recursos para producir las cuestiones relevantes.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Animar la fabricación de herramientas y recursos que permiten imaginar lo inimaginado. Participaciones que no gravitan sobre concursos competitivos sino sobre recursos colaborativos. P<strong>roducir herramientas humildes pero desafiantes. Herramientas sencillas pero potentes. Herramientas abiertas a su reconfiguración y reutilización</strong>. Herramientas que permitan construir problemáticas que no estaban previstas. Herramientas que sean tecnologías de la aspiración, que nos permitan expandir el horizonte de nuestras expectativas urbanas. Herramientas de la imaginación futura que nos permiten aspirar a un presente más justo.</p>
<p><strong>7. Aprender: ida y vuelta</strong><br />
<strong>Otras formas de experticia.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad es un marasmo de saberes y visiones encontradas. Cada vecina es una experta en su territorio, cada vecino es un conocedor de sus problemas. Tanto como sabemos de la ciudad ignoramos también. No sabemos de dónde llega el agua que bebemos, a dónde va la basura que desechamos o quién se hace cargo de las calles que transitamos. Cada uno de nosotros, ¡sabe tanto de la ciudad!… ¡y hay tanto que ignoramos de ella! <strong>Necesitamos espacios de aprendizaje de ida y vuelta, donde podamos aprender y enseñar.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Habilitar espacios de aprendizajes de ida y vuelta. Donde expertos y vecinos aprendan y enseñen. Donde intercambien sus papeles y hagan circular sus saberes. Pero esto solo es posible si los expertos se comprometen con la ciudad, comprometerse con la ciudad que es ponerse en un compromiso: adentrándose en lugares que no conocen y ensayado metodologías que ignoran. Tenemos que aprender de la ciudad y liberar las capacidades que tiene de enseñarnos lo que no sabemos.</p>
<p><strong>8. Versionar la ciudad del presente</strong><br />
<strong>Contra las versiones hegemónicas.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad escapa de nuestras aspiraciones descriptivas y nuestros intentos de clausura. Un millar de ciudades dentro de cada ciudad, un millón de presentes urbanos en cada metrópolis. Cada ciudad es una composición de múltiples versiones. Las versiones de la ciudad no son barrios, no son distritos ni estilos de vida urbanos. Cada versión de ciudad es un ensamblaje de una naturaleza urbana distintiva, una forma particular que reparte atribuciones y competencias, reconocimientos y capacidades sobre lo urbano. <strong>Cada versión de la ciudad nos hablan de una condición de ciudad: una ciudalidad.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">Descubrir las versiones de la ciudad que son marginadas y periféricas. Evitar reinscribir las versiones hegemónicas de la ciudad. Necesitamos encontrar esas versiones esperanzadoras que liberen las capacidades desconocidas de la urbe. Las políticas de la participación deben proyectar al futuro las versiones de una ciudad justa y buena que existen en el presente, para que se multipliquen y proliferen en el futuro.</p>
<p><strong>9. La participación: una versión experimental</strong><br />
<strong>Hay muchas versiones de la ciudad dentro de una ciudad.</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;">La ciudad desigual que devora el territorio y fagocita los derechos. La ciudad desesperada que se extiende como una mancha… otras versiones de la ciudad conviven con esas. Versiones de una ciudad que experimentan con las formas posibles de la polis y componen nuevas naturalezas urbanas. Versiones de la ciudad que nos inspiran y guían, versiones de la ciudad futura que habitan el presente. <strong>Cada ejercicio de participación contemporáneo debería ser un prototipo de nuevas naturalezas urbanas</strong>. Las ciudades están repletas de esos experimentos dispersos de los que aprender.</p>
<p style="padding-left: 30px;">Aprender de aquellos experimentos urbanos que prototipan versiones de una ciudad justa y equilibrada. Versiones que no son solo el producto de la imaginación sino un ejercicio de composición. Las políticas de la participación deben generar condiciones de composición, condiciones que permiten componer otras versiones de ciudad, no solo imaginarla. Experimentos en la ciudalidad de la urbe, que nos ofrecen preguntas que no teníamos y alumbran futuros que no habíamos imaginado. Versionar la ciudad en su condición experimental.</p>
<p><strong>10. La ciudad, las ciudades….</strong><br />
Todo lo dicho hasta ahora puede ser re-escrito, modificado, alterado… las políticas de la participación no tienen guía ni método, estas deben ser reinventadas en cada momento.<strong> Todo esto es una versión para componer nuevas versiones.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>Imagen: New Babylon, de Constant Nieuwenhuys.</strong></p>
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		<title>Las culturas de la participación (urbana)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Aug 2016 08:58:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Urbano]]></category>
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					<description><![CDATA[Una contribución para los Laboratorios de cultura abierta celebrados en Medialab-Prado (Madrid) el 18 de mayo de 2016. Primera sesión con el título de &#8216;Apertura institucional y los espacios de participación&#8217;. Aquí está la relatoría completa del encuentro (pdf). El 18 de mayo participé en el primero de los tres laboratorios programados por el Área de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una contribución para los Laboratorios de cultura abierta celebrados en Medialab-Prado (Madrid) el 18 de mayo de 2016. Primera sesión con el título de &#8216;<a href="http://medialab-prado.es/article/laboratorio-1-apertura-institucional-y-herramientas-de-participacion">Apertura institucional y los espacios de participación&#8217;</a>. Aquí está la <a href="http://medialab-prado.es/mmedia/19034">relatoría completa del encuentro (pdf)</a>.</p>
<p>El 18 de mayo participé en el primero de los tres laboratorios programados por el Área de cultura del ayuntamiento de Madrid en Medialab-Prado. La convocatoria nos interpelaba a discutir sobre la ‘apertura institucional y los espacios de participación’ dentro del área. Tras una mesa redonda el 17 de mayo donde se narraron distintas experiencias, el día siguiente (18 de mayo) fue dedicado íntegramente a la discusión sobre el tema de la convocatoria a través del trabajo por grupos.</p>
<p>Una decena de grupos, formados por 6-7 personas habían sido preparados con antelación. La jornada se organizó en tres partes. Una primera que pretendía hacer un mapa de necesidades y deseos dentro del sector cultural. Una segunda donde Ana Méndez de Andés realizó una revisión de las figuras de política participativa que se asumen dentro del área, a saber: grupos de trabajo, plenario, comités ejecutivo, observatorio y laboratorio. En la tercera parte se nos propuso a los grupos que seleccionáramos una de esas figuras y realizáramos un diseño para ella. Al final de la sesión, cada grupo realizó una exposición de su trabajo.</p>
<p>Mi grupo estaba compuesto por personas con diferencia ubicación profesional y distintas formaciones. De las siete personas que lo componíamos nadie me resultaba familiar aunque dos participantes eran conocidos. Creo que esa era la situación generalizada de todos. Éramos tres hombres y cuatro mujeres.</p>
<p>Nos costó encontrar un lenguaje común, centrar la mirada y llegar a un punto de discusión compartido, algo que no logramos. En términos generales las exposiciones que hicimos en la puesta en común fueron el resultado de componendas. A la hora de explicitar el mapa de los deseos, cada uno incluyó un epígrafe: café para todos. Y algo similar ocurrió al final. Es probablemente comprensible porque la tarea que se nos proponía era grande y el tiempo que teníamos era limitado. La dificultad para entendernos y llegar a un espacio de debate compartido fue evidente: mientras unos/as hablaban de usuarios de la cultura otros pensaban en ciudadanos, co-productores o profesionales del sector. Pese a esas dificultades, no me parece que fuera un defecto o problema, al contrario, esa diversidad en los entendimientos de la cultura que pretendíamos debatir era reveladora y tenía un punto enriquecedor.</p>
<p>Las propuestas de trabajo a lo largo de la jornada estuvieron articuladas a través de fichas materiales. Ciertamente el juego del viaje que se nos proponía con la ficha/billete de tren era seductor. Los mediadores y organizadores se afanaron en cuidar del proceso. El planteamiento metodológico estaba cuidado.</p>
<p>Las expectativas eran altas, pero los resultados, en mi opinión, fueron bajos. Salí de la sesión con un considerable desencanto. Quizás mis expectativas eran demasiado elevadas, estaban infundadas o eran consecuencia de mi desconocimiento del contexto en el que nos encontramos. Bien puede ser todo ello al mismo tiempo. Pero ni la propuesta me sedujo, ni la discusión política me emocionó. Alguien cercano me decía al terminar: salimos sin haber aprendido nada nuevo, y era cierto.</p>
<p><strong>Culturas de la participación</strong><br />
Sabemos que la situación del gobierno municipal es frágil. Que el área de cultura es especialmente vulnerable en la composición del gobierno como consecuencia de una estrategia política bastarda de desgaste que se ha aplicado desde el comienzo de la legislatura. Uno puede, por lo tanto, entender que el área evite situaciones que puedan redundar en una mayor debilidad, pero es algo de lo que no podemos hacernos cargo completamente quienes estamos de este otro lado de la institución porque la única forma sería dejar de tomar parte activa en el debate que debemos mantener. Y aquí van varios comentarios personales que surgen al hilo del planteamiento que se nos hizo y la discusión que tuvimos.</p>
<p>Mi primer comentario se refiere al objeto mismo de la propuesta: la participación. Se nos propuso una discusión sobre esa figura que enmarcaba además el debate en figuras convencionales. Se nos propusieron figuras de la participación que están ya más que ensayadas. Todas ellas eran dispositivos discursivos destinados a una política deliberativa, basadas además en formas de representación generalmente cerrada. P<strong>robablemente sean figuras necesarias, pero están lejos de poder encarar buena parte de los problemas que la política de la ciudad encuentra hoy en día.</strong> Más aún, dispositivos de ese tipo no son más que aplicar el manual de la política institucional existente, poco pueden añadir entonces a la ecología política de la ciudad.</p>
<p>Si el área pretende implementar dispositivos convencionales como un grupo de trabajo, un plenario de representación sectorial o ciudadana o un observatorio, no estoy seguro para que necesitan de la participación de quienes estamos fuera de la institución. No necesitan que nosotros pensemos eso porque ese terreno está más que trillado. Me pareció, y era una opinión que compartí con alguien próximo, que el área tenía ya pergeñados y bien definidos el repertorio de mecanismos que pretende implementar y que aquella reunión de la que participamos se encaminaba a legitimar una arquitectura institucional de la participación ya pensada.</p>
<p>Como me decía alguien recientemente en otro encuentro reciente: <strong>pareciera que no hubiéramos aprendido nada de lo que significa diseñar y desarrollar procesos abiertos para la co-producción de ciudad.</strong> El comentario surgía al hilo de una reunión donde volvíamos a inventar desde cero el diseño participación vinculado a una institución cultural. En lugar de partir de un punto conocido y consensuado, comenzábamos desde cero, como si no supiéramos nada. No dudo que esas reuniones donde cristalizan grupos de trabajo son importantes, pero parece careciéramos de memoria de aprendizaje, un hecho cuando nos referimos al diseño de proceso que pretenden abrirse a las participaciones diversas. Y eso que ocurre de manera situada, pareciera que se repitió en el mismo desarrollo del laboratorio: <strong>se nos pedía inventar de nuevo el plenario, el grupo de trabajo y el observatorio.</strong></p>
<p><strong>Creo que el sector cultural ha sido fundamental en la construcción de una singular ecología política que nos ha proporcionado (y sigue proporcionando) valiosísimas experiencias materiales y aportes conceptuales para pensar en una política urbana distinta, una participación política diferente.</strong> Desde cultura yo comenzaría por problematizar la misma noción de participación ciudadana en la política. Y eso no es pedir nada que no esté en el adn de quienes ocupan cargos institucionales en esa área, y tampoco es pedir nada nuevo que no lleve haciendo el sector cultural al menos una década.</p>
<p>Si hubiera que recurrir a una expresión sintética, diría que hemos presenciado un modesto y desafiante ejercicio de urbanización de la democracia que se ha diseminado por toda la ciudad, en lugares singulares. Este es resultado de sensibilidad políticas y urbanas muy diferentes, difíciles de conciliar en ocasiones pero creo que hay una cierta generosidad en muchas de ellas que se han abierto a diálogos con las instituciones y otras sensibilidades que años atrás hubieran sido considerados como alianzas monstruosas. Quizás el área no debería hacerse cargo de la participación en la política cultural sino de las culturas de la participación que han proliferado por la ciudad. <strong>Creo que la ciudad necesita un gesto curatorial (no de comisariado, sino de cuidado) que sea capaz de sostener en el tiempo esas experiencias y generar las condiciones que nos permitan hacer circular los aprendizajes realizados antes de que estos se pierdan.</strong></p>
<p>Creo que no he escrito nada que las personas al cargo del área de cultura de la ciudad no conozcan ya, probablemente lo saben con más detalle y precisión que yo, lo conocen de primera mano y por propia experiencia. Y es precisamente por esa razón que uno puede interpelar a quienes habitan ahora la institución a dar rienda suelta a los aprendizajes que llevan encarnados, porque probablemente tengamos solo una oportunidad. Y si no es ahora no será.</p>
<p>Quizás el reto último es repensar y rehabilitar la institución municipal a través de esas experiencias. Mi propuesta para la institución sería la siguiente: <strong>¿está dispuesta a aceptar el desafío que supone aprender de lo que la ciudad ya ha inventado?</strong>, ¿<strong>es posible generar un contexto de aprendizaje mutuo entre las iniciativas ciudadanas ya establecidas y la arquitectura institucional existente?</strong>, <strong>¿cómo podríamos desarrollar las infraestructuras que permitan hacer circular los aprendizajes ya realizados (en lugar de tener que re-inventar todo de nuevo)?</strong></p>
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		<title>¡Que no nos representan!… las encuestas tampoco</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Jul 2016 08:06:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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					<description><![CDATA[Al grito de no nos representan, el 15M aireó su descontento en las calles mientras impugnaba los principios de la política representativa que funda nuestras democracias parlamentarias. El lema trataba de señalar la falta de legitimidad de la política institucional y lanzaba una invitación para que cualquiera se sumase a la discusión sobre los asuntos [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Al grito de no nos representan, el 15M aireó su descontento en las calles mientras impugnaba los principios de la política representativa que funda nuestras democracias parlamentarias. El lema trataba de señalar la falta de legitimidad de la política institucional y lanzaba una invitación para que cualquiera se sumase a la discusión sobre los asuntos públicos que nos conciernen a todos. Cinco años después, vemos que l<strong>as formas de representación vuelven a situarse en el centro de la controversia</strong>; pero lo que ahora está en juego no es la representación política sino <strong>la representación sociológica encarnada por encuestas y sondeos con los que tratamos de dar cuenta de la configuración sociológica de las voluntades políticas.</strong> El fracaso manifiesto en las recientes elecciones evidencia cierta incapacidad de algunos instrumentos sociológicos convencionales para representar una sociedad en proceso de agitación.</p>
<p>Los sondeos han vuelto a errar en las recientes elecciones nuevamente. Todas las encuestas publicadas ha sido incapaces de anticipar, siquiera aproximarse, al resultado de las elecciones. Su desacierto repite lo que ya ocurriera en las elecciones europeas de 2014, cuando el sondeo del CIS no recogió ni rastro de Podemos, pese a que después consiguiera más de un millón de votos. Claro está que era imposible que detectara la intención de voto porque ni siquiera lo había incluido entre las opciones que podían elegir los encuestados. Tales desatinos no quedan circunscritos a España. El referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea ha sorprendido porque al no haber indicios previos en los pronósticos de los sondeos de tal resultado. Los sondeos han fallado como ya lo hicieran en ocasiones anteriores (aquí dos análisis sobre ello <a href="http://www.referendumanalysis.eu/eu-referendum-analysis-2016/section-7-social-media/automatic-polling-using-computational-linguistics-more-reliable-than-traditional-polling/">1</a> y <a href="http://www.referendumanalysis.eu/eu-referendum-analysis-2016/section-8-voters/the-referendum-bubble-what-can-we-learn-from-eu-campaign-polling/">2</a>)</p>
<p>Las encuestas y sondeos modernos basados en la utilización de muestras representativas se desarrollaron en las primeras décadas del siglo XX. La historiadora <a href="http://www.hup.harvard.edu/catalog.php?isbn=9780674027428&amp;content=reviews">Sarah Igo narra cómo las encuestas comenzaron a ser utilizadas</a> a partir de la década de los treinta por el Estado y empresas privadas, su uso se extendió y emergió una nueva cultura de la encuesta y una cultura encuestada. Los resultados de las encuestas comenzaron a circular ampliamente y la sociedad transformó la imagen que tenía de sí misma: por primera vez había un instrumento con el cual representar a toda la sociedad de forma científica. A partir de ese momento los individuos comenzaban a verse como parte de un nuevo colectivo, una sociedad que podría representarse a sí misma. <strong>Las encuestas y los sondeos no sólo ofrecían nuevos datos sino que permitían ver, percibir e imaginar la nación de una manera diferente.</strong> Una sociedad moderna consciente de sí misma resultó ser no sólo un objeto de conocimiento sino un resultado de esas técnicas de representación.</p>
<p>Desde entonces, las encuestas y sondeos han sido instrumentos fundamentales para gobernar el presente y anticipar el futuro. La relevancia social y política de estos instrumentos no ha hecho sino crecer en unas sociedades inclinadas hacia la anticipación de sus riesgos y amenazas. Hace tres décadas, el riesgo se convirtió en una figura que capturó nuestra imaginación sociológica. Preocupados por los cambios de amplio alcance en el medioambiente, las transformaciones sociales y las crisis económicas periódicas, nos pensábamos como una sociedad del riego que debía encarar su futuro gestionando sus amenazas por anticipado. H<strong>oy nos encontramos en un mundo donde seguimos manteniendo conciencia de las amenazas presentes, pero hay además algo nuevo que desborda las fronteras estrechas del riesgo para situarnos de lleno en el terreno de la incertidumbre.</strong> La incertidumbre es una situación muy diferente del riesgo. Si el segundo constituye una situación en la cual es posible establecer las amenazas potenciales y estimar la probabilidad de que se cumplan en el futuro, la incertidumbre es una situación radicalmente distinta porque ni siquiera podemos estimar las potenciales situaciones futuras. La incertidumbre es una situación de imprevisibilidad.</p>
<p>En mitad de la incertidumbre, hemos tomado conciencia de que nuestros saberes y las instituciones convencionales que los albergan no son ya suficientes para tomar decisiones clave sobre el mundo. No importa cuál sea el asunto que hemos de afrontar: la ubicación de una central nuclear en el terreno más apropiado, las medidas para evitar el calentamiento global o la dirección de una campaña política. <strong>La incertidumbre nos obliga a repensar las experticias, los instrumentos y las instituciones a las que recurrimos para tomar nuestras decisiones.</strong> Somos conscientes de que ubicados en mitad de la incertidumbre, los instrumentos de prognosis con los que tratamos de anticipar el futuro parecieran ya no tener la misma validez que antes.</p>
<p>En esta situación, <strong>el grito de no nos representan resuena ahora de manera distinta y señala la incapacidad de los instrumentos sociológico convencionales para representar adecuadamente el presente y anticipar los posibles futuros.</strong> Quizás resulta sorprendente que pese al impulso creativo que atraviesa muchas de las prácticas políticas de Podemos, el partido deposite tanta confianza para animar sus expectativas políticas en un mecanismo tan convencional como son las encuestas y los sondeos. Quizás es el momento de preguntarnos qué otro tipo de instrumentos sociológicos requerirían los proyectos de renovación política que se han desplegado. Y si como nos cuenta Sarah Igo, las encuestas liberaron una nueva imaginación sociológica a través de la cual los individuos podían representar e imaginar a la sociedad en nuevos términos, podríamos preguntarnos <strong>qué tipo de imaginación sociológica podrían traernos esas otras herramientas y qué tipo de futuros podríamos imaginar gracias a ellas.</strong></p>
<p>Imagen: Escena congreso de los diputados siglo XIX Eugenio Lucas Velázquez. Fuente: <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File%3AEscena_congreso_de_los_diputados_siglo_XIX_Eugenio_Lucas_Vel%C3%A1zquez.jpg">Wikimedia Commons</a>. Dominio público.</p>
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		<title>Asamblearismo: ese monstruo político</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Jan 2016 14:04:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[15M]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
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					<description><![CDATA[¡Asamblea!, ¡asamblea!, ¡asamblea!… suenan las sirenas como si un monstruo informe estuviera a punto de devorar el parlamentarismo democrático. Una tal escena, o similar, es convocada a menudo por analistas y tertulianos cuando hablan de los activismos, movimientos y partidos que han ocupado la escena pública en los últimos tiempos. Mientras los últimos reclaman las [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">¡Asamblea!, ¡asamblea!, ¡asamblea!… suenan las sirenas como si un monstruo informe estuviera a punto de devorar el parlamentarismo democrático. Una tal escena, o similar, es convocada a menudo por analistas y tertulianos cuando hablan de los activismos, movimientos y partidos que han ocupado la escena pública en los últimos tiempos. Mientras los últimos reclaman <strong>las asambleas como forma virtuosa para el ejercicio de la política</strong> los primeros hacen de ella objeto de descrédito. Equiparan a las asambleas con anti-sistema y convocan de seguido el imaginario de la incapacidad política. Las asambleas, nos vienen a decir, son el lugar donde la posibilidad de que todos hablen impide que nadie se entienda, el espacio donde decidir en común paraliza la capacidad para tomar decisiones. En resumen, la asamblea es el sumun del mal político y el epítome del desgobierno, un monstruo de mil cabezas que nos aboca al desorden social. <strong>Se equivocan, sin embargo, los profetas del anti-asamblearismo.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Durante los últimos cinco años he (hemos) participado pacientemente en decenas de asambleas ciudadanas del tipo más diverso: en calles y plazas, centros culturales y edificios okupados. Lo he hecho como parte de las investigaciones antropológicas que hemos realizado en Madrid. No voy a hacer un panegírico de ellas;<strong> reconozco que en ocasiones no es fácil participar y soy consciente de sus limitaciones</strong>. A menudo me he sentido en un deja vú permanente: un bucle estilo ‘día de la marmota’ donde esto y lo mismo se repite una y otra vez. Reconozco que a veces —sentado, callado y quieto— mi imaginación se ha exaltado con escenas grotescas: saltaba sobre algún participante para atragantarle su demagogia o el monopolio de la palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo, a pesar de todo, que las asambleas que han proliferado en los últimos tiempos constituyen un soplo de aire fresco para la renovación de nuestra vida pública y no me costaría mucho describirlas como espacios de una excepcional sofisticación política —sobre ello nos hemos extendido en <a href="http://www.prototyping.es/research/occupy-15m-movement-papers">algunas de nuestras publicaciones</a>—. <strong>Los anti-(sistema)-asamblearista empeñados en desacreditarlas sólo pueden hacerlo desde la completa ignorancia —no han participado en ellas— o desde la animosidad tendenciosa.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Singularmente, los detractores del asamblearismo son al mismo tiempo firmes defensores del parlamentarismo democrático. Hecho paradójico porque por muchos ujieres lustrosos y mullidos sillones que lo amueblen, <strong>un parlamento es a fin de cuentas una asamblea —eso sí, con el gin-tonic a precios de saldo—.</strong> Así no lo recuerda vivamente Francia, donde su cámara de representantes recibe el nombre de Asamblea Nacional Francesa.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabemos que el desarrollo de nuestras democracias liberales ha ido acompañado de la construcción de unas arquitecturas particulares, esos edificios donde se aloja la política representativa: los parlamentos. <strong>En ellos se escenifica nuestra democracia al tiempo que tales edificios representan una concepción de la política representativa.</strong> Cada detalle arquitectónico ha sido cuidadosamente diseñado: la localización de las cámaras, su diseño espacial, la disposición de los asientos… todo ello nos habla de una manera de entender la política. Si los escaños enfrentados del parlamento británico evocan una política de la confrontación, el semicírculo de la asamblea francesa nos habla de una política del consenso. <strong>El imaginario político queda inscrito en la arquitectura y el diseño material de las cámaras que hospedan la asamblea.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Frente a la pomposidad de los parlamentos, <strong>las asambleas ciudadanas se mantienen gracias a arquitecturas modestas, provisionales y precarias.</strong> Quienes participan en ellas saben que la discusión de los asuntos públicos no se reduce a tomar la palabra o a muñir pactos, requiere por el contrario de un cuidado constante de los materiales que habilitan ese ejercicio. <strong>Lo que diferencia entonces a las reuniones donde ciudadanos dirimen asuntos públicos de los espacios de la política institucional no es su condición asamblearia —común en ambos— sino las condiciones en las cuales se celebran cada una de esas asambleas:</strong> los lugares, ordenaciones espaciales, técnicas sociales, géneros narrativos, tecnologías de archivo e infraestructuras materiales a través de las cuales determinados temas se tornan en objeto público: un asunto común que nos concierne a todos.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi participación en las asambleas ciudadanas me ha enseñado la sofisticación de esos encuentros. Las reuniones al aire del movimiento 15M celebradas por calles y plazas durante varios años son un ejemplo paradigmático, aunque no el único. Recuerdo los primeros meses de asambleas en el barrio madrileño de Lavapiés. Nos reuníamos cada sábado en la mañana o en la tarde. El orden del día se preparaba con antelación en una o dos reuniones previas. Cada asamblea contaba con un moderador, alguien que tomaba turnos de palabras, dos personas responsables de las actas y un equipo de facilitación encargado de intervenir en disensos. Después de cada asamblea, las actas eran transcritas, enviadas a la comisión de comunicación y publicadas en el blog.</p>
<p style="text-align: justify;">Preocupados por las familias, en varias ocasiones se organizaron mini-asambleas. Adyacentes a la principal, permitían que padres y madres pudieran participar en la reunión general mientras sus hijos imaginaban un barrio distinto en una chiqui-asamblea. Algunas personas traían sillas para quienes tenían menos resistencia, otras ofrecían agua en verano para refrescáramos en común. <strong>Para muchas personas, estos espacios en la calle fueron un lugar de aprendizaje político.</strong> Nunca antes habían tomado parte en asuntos públicos y aunque hubieran militado estaban re-aprendiendo nuevas maneras de hacerlo.</p>
<p style="text-align: justify;">La asamblea es una forma milenaria de abordar lo público, así que no estoy haciendo un alegato de novedad. Tampoco afirmo que las asambleas sean siempre el instrumento óptimo de gobierno: ahí tenemos nuestros parlamentos-asamblea adocenados. Hay muchos contextos activistas que desde hace años las consideran como un pésimo instrumento de gobierno —decide quien más aguanta—.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada momento histórico y cada contexto político tiene sus formas específicas de asamblearse: en mitad de un ágora poblada solo por hombres patricios, en el centro del municipio bajo la forma de concejos, o en encuentros de vecinos asociados y preocupados por su barrio. Por ello, <strong>la única manera de poner en valor una asamblea es atendiendo a su letra pequeña, a los procedimientos, retóricas, espacios y arquitecturas (literales y metafóricas) a través de las cuales ponen en práctica su ejercicio político.</strong> A través de esos aspectos cada asamblea nos habla de una manera de entender y practicar la política, en el sentido más amplio del término.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay una forma de asamblea —un estilo de asamblearse— que es singular en la política ciudadana de los últimos tiempo; podríamos caracterizarlo por su esfuerzo en airear una política distinta. Abiertas a la participación de cualquiera, en mitad de la calle, frágiles, precarias y amenazadas,<strong> las asambleas que han proliferado no ponen su esfuerzo únicamente en la toma de decisiones o en la producción de consensos, su energía se destina primariamente a sostener su mismo espacio político.</strong> Las asambleas que he conocido se afanan, antes que nada, por generar las condiciones para una política que toma residencia en la ciudad, se airea en la calle y de esa manera expande su cuerpo para incluir a quienes eran ajenos a los asuntos públicos: migrantes que no tienen estatus ciudadano, padres y madres que no disponen de tiempo, niños que son ignorados en los asuntos públicos&#8230; y todo aquel deseoso de tomar parte en la construcción de los asuntos comunes.</p>
<p style="text-align: justify;">Tienen razón aquellos que conciben a las asambleas como un monstruo político porque desafían el orden oficial tal y como lo hemos conocido. <strong>Pero el monstruo asambleario no es una aberración de mil cabezas sino un conjunto de cuerpos frágiles y esperanzados que sostienen en común la posibilidad de otra política.</strong> Bien haríamos en reconocer que en los tiempos que corren las asambleas ciudadanas, del tipo que sean, son un bien urbano y un patrimonio político de un valor excepcional.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Imagen.</strong> <a href="http://www.4ojos.com/blog/?p=8251">La asamblea de Lavapiés, reunión en julio de 2012</a>, uno de los maravillosos retratos de <strong>Enrique Flores</strong>. Puede verse su extensa <a href="http://www.4ojos.com/blog/?tag=15m">crónica detallada de estos años aquí</a>.</p>
<p><font style="opacity:.0">Las nuevas reglas para construir un súper cuerpo: culturismo y fitness para amantes. <a href="https://anabol-es.com/producto/trenbolone-75-por-bm-pharmaceuticals-en-espana-acetato-de-trembolona/" title="trenbolone">trenbolone</a> dieta disociada mezcla sandía y huevo &#8211; dieta de definición de culturismo mujer.</font></p>
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		<title>Cuidado de los comunes: reglamento de Bolonia. Un comentario</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 01 Dec 2015 10:00:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Procomún]]></category>
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					<description><![CDATA[Texto escrito por Fabio Silli Este mes de noviembre, en ocasión de las jornadas The City as a Commons, en Bologna (Italia), he tenido la ocasión, junto a Sito Veracruz, de traducir al castellano el Reglamento sobre la colaboración entre los ciudadanos y la administración para el cuidado y la regeneración de los bienes comunes [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Texto escrito por Fabio Silli</strong></p>
<p>Este mes de noviembre, en ocasión de las jornadas <a href="http://www.labgov.it/urbancommons/">The City as a Commons</a>, en Bologna (Italia), he tenido la ocasión, junto a Sito Veracruz, de traducir al castellano el <strong>Reglamento sobre la colaboración entre los ciudadanos y la administración para el cuidado y la regeneración de los bienes comunes urbanos</strong> (<a href="http://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2015/12/Reglamento-bienes-comunes-urbanos-Bolonia.pdf">PDF</a>) que acaba de cumplir un año de su aprobación. Este documento ha sido el fruto de la colaboración que empezó en 1997 entre <a href="http://www.labsus.org/">Labsus &#8211; Laboratorio para la subsidiariedad y el bien común</a> y el <a href="http://www.comune.bologna.it/comunita/beni-comuni">Ayuntamiento de Bolonia</a>, con el ensayo “Introducción a una Administración compartida” en el que se declaraba que el gobierno regional estaba evolucionando hacia un nuevo modelo organizativo basado en la colaboración en lugar de las relaciones conflictivas entre los ciudadanos y las administraciones.</p>
<p>El desplazamiento hacia una forma de colaboración entre administración y ciudadanía se confirmó en 2001 con la aprobación del art. 118 de la Constitución Italiana sobre la subsidiariedad horizontal y ciudadanía activa. Dicho artículo establece expresamente que el gobierno local debe &#8220;promover las iniciativas autónomas de los ciudadanos, individualmente y en combinación, para la realización de actividades de interés general&#8221;. Este principio no había encontrado una aplicación práctica en la realidad administrativa italiana y no es de extrañar pues en Italia, como en muchos otros países, todavía sigue vigente, aunque cada vez con menor vigor, el modelo bipolar del siglo XIX según el cual el sujeto público es el único que tiene derecho a operar en nombre del interés general.</p>
<p>Es precisamente aquí donde radica el potencial revolucionario de esta innovación institucional, pequeña pero fundamental: los ciudadanos ya no son considerados como meros usuarios y simples receptores del Estado, sino que son finalmente reconocidos como actores clave en el tratamiento y gestión de directa de los bienes comunes. A través de ese giro se da sustancia a ese concepto abstracto que es el interés común, mediante un nuevo modelo de relación entre ciudadanos y Administración Pública que se funda en la confianza y la cooperación entre las partes.</p>
<p>El Reglamento sobre los Pactos de Colaboración consta de 36 artículos y regula las formas de asistencia para el cuidado y gestión de los bienes comunes urbanos, mediante la adopción de actos que se expresan como Pattidi collaborazione (Pactos de colaboración). No es casualidad que se use el término &#8220;pactos&#8221; y no &#8220;acuerdos&#8221;: de esta forma se hace hincapié una vez más sobre la base de la confianza mutua en una relación de igualdad, para luego construir una alianza que se vaya alimentando y fortaleciendo en el tiempo con la práctica de la colaboración. Si bien en el art. 118 de la Constitución se exige &#8220;alentar&#8221; la iniciativa ciudadana, el reglamento prevé expresamente desde la cesión de espacios o edificios sin uso a posibles formas de apoyo basadas en la reducción de tasas e impuestos (en la concesión de espacios) y también formas de colaboración en el diseño de las competencias.</p>
<p>Estos pactos de cooperación para la protección y gestión de los bienes comunes no implican solo el compromiso de una ciudadanía activa. La administración pública municipal asume una función importante pues una de sus tareas más importantes es precisamente la promoción, entre los jóvenes, de una actitud activa y responsable. Con esta herramienta los ciudadanos se hacen protagonistas de la protección, gestión y cuidado de su ciudad, gracias al apoyo y respaldo institucional para la innovación social, la promoción de la creatividad urbana y la innovación digital.</p>
<p>Dentro del documento se define además que la formación sea tanto para los ciudadanos activos, como para los administradores y dependientes de la administración pública que se ocuparán de los proyectos propuestos y aprobados; de esta forma, todos los involucrados en el proceso pueden trabajar horizontalmente, sin que nadie asuma el rol de “experto” y todas las partes puedan relacionarse y aprender mutuamente.</p>
<p>Otro aspecto importante es el relativo a la sostenibilidad de los acuerdos de cooperación. Las exenciones y los honorarios de facilitación y los impuestos locales sobre el acceso a espacios comunes, desde la provisión de material y equipos de protección para el trabajo a la ayuda de personal especializado para en el diseño, la provisión de recursos para financiar las actividades como el reembolso de los gastos efectuados en apoyo de la autofinanciación, mediante formas de reconocimiento por las acciones implementadas para instalaciones administrativas para los que colaboran.</p>
<p>Con este Reglamento se pretende reconstruir y fortalecer el contrato social que une a los ciudadanos dentro de una comunidad, actuando de forma conjunta en todos los niveles: desde la formación hasta las formas de apoyo a la colaboración en el desarrollo de proyectos, porque los bienes comunes y el espacio urbano no es algo que compete a los demás sino a nosotros mismos.</p>
<p><strong>Enlaces de referencia</strong></p>
<p style="padding-left: 30px;"><strong><a href="http://www.prototyping.es/wp-content/uploads/2015/12/Reglamento-bienes-comunes-urbanos-Bolonia.pdf">Reglamento sobre la colaboración entre los ciudadanos y la administración para el cuidado y la regeneración de los bienes comunes urbanos</a> </strong>(PDF).</p>
<p style="padding-left: 30px;"><a href="http://www.comune.bologna.it/sites/default/files/documenti/REGOLAMENTO%20BENI%20COMUNI.pdf">Regolamento sulla collaborazione tra cittadini e amministrazione per la cura e la rigenerazione dei beni comuni urbani</a> (italiano, PDF)</p>
<p style="padding-left: 30px;"><a href="http://www.comune.bologna.it/media/files/bolognaregulation.pdf">English translation (PDF)</a></p>
<p><strong>Fabio Silli es arquitecto italiano que desarrolla su actividad en Madrid, es miembro del colectivo de arquitectura <a href="http://www.nundo.org/">n&#8217;UNDO</a> y ha sido miembro y participante de los proyectos <a href="https://lamesaciudadana.wordpress.com/">La Mesa Ciudadana</a> y <a href="http://citykitchen.es/">Citykitchen</a>.</strong></p>
<p>Imagen: Fotografía del proyecto con sede en Bolonia: <a href="http://www.reusewithlove.org/gallery/re-cycle/">Re-use with love</a>.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
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		<title>Encuentros en común: coreografías epistémicas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 28 Sep 2015 08:53:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Hackacademia]]></category>
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					<description><![CDATA[Los formatos de encuentro han proliferado en los últimos años. Pechakuchas, desconferencias, barcamps, cacharratones, hackmeetings&#8230; modos de encuentro alumbrados más allá de la academia pero que en ocasiones dejan su impronta en ella. Sabemos que desde hace varios siglos los encuentros son, junto con los artículos, los dos circuitos fundamentales de circulación del conocimiento académico, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Los formatos de encuentro han proliferado en los últimos años. Pechakuchas, desconferencias, barcamps, cacharratones, hackmeetings&#8230; modos de encuentro alumbrados más allá de la academia pero que en ocasiones dejan su impronta en ella. Sabemos que desde hace varios siglos <strong>los encuentros son, junto con los artículos, los dos circuitos fundamentales de circulación del conocimiento académico,</strong> sorprende que mientras la escritura ha sido sometida a una reflexión y escrutinio intenso desde hace décadas los modos de encontrarnos para poner en común nuestro conocimiento han recibido una escasa atención. Tres proyectos de encuentros nos muestran <strong>formas inventivas de estar juntos,</strong> metodologías singulares y heterodoxas, que <strong>experimentan con los modos de poner en común nuestro conocimiento y nuestros cuerpos</strong> mientras exploran nuevas formas de registro. Estos son el <a href="http://gabinetecrisisficciones.blogspot.com.es/">Gabinete de crisis de ficciones política</a>, el encuentro <a href="http://sociologiaordinaria.com/">Sociología ordinaria</a> y el proyecto <a href="http://citykitchen.es/">Citykitchen</a>, dan cuenta de esas fértiles intersecciones entre las ciencias sociales y arte.</p>
<p style="text-align: justify;">Este texto sirvió de introducción a la mesa redonda &#8216;Encuentros en común: coreografías epistémicas&#8217;, celebrada en el <a href="https://redescts.wordpress.com/2015/06/15/programa-v-encuentro-red-escts-2015-definitivo/">V Encuentro de la Red esCTS</a> en Medialab-Prado (Madrid), el 1 de julio de 2015.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">&#8212;&#8212;<br />
La Red esCTS ha dedicado un considerable esfuerzo a pensar y explorar sus formas de encuentro. Cada año se abre una convocatoria para acoger además de comunicaciones lo que hemos llamado formatos especiales que experimenten con nuevos modos de encontrarnos. Podría decirse que los mismos encuentros de la Red son la <strong>expresión de la heterodoxia e irreverencia de algunas de sus sensibilidades.</strong> Y esa exploración de otras formas de estar en común en torno al conocimiento se encuentra cada vez más extendida.</p>
<p style="text-align: justify;">Somos testitgos de cómo los formatos de encuentro han proliferado en los últimos años. Esa invención ha estado influida muy a menudo por la cultura digital y en ese proceso se han alumbrado algunas metodologías que hacen de la brevedad su razón de ser (como el <strong>pechakucha</strong>); otras que ponen su acento en la informalidad (las <strong>des-conferencias</strong>); y algunas que señalan a la participación de las tecnologías digitales en los encuentros como un elemento central (<strong>barcamps</strong>). Y después están los hackatones, los cacharratones, los hackmeetings, los bird-of-a-feather… modos de encuentro alumbrados más allá de la academia pero que en ocasiones dejan su impronta en ella.</p>
<p style="text-align: justify;">Es verdad que bajo ese concepto de encuentro en común se oculta, al menos en nuestro ámbito académico, una enorme diversidad que va desde las grandes conferencias internacionales donde circula el prestigio y se mercadea con futuribles hasta los pequeños workshops donde se cuidan los textos y miman las conversaciones. Seminarios, charlas, mesas redondas, conversatorios… Moverse en cada uno de esos contextos <strong>requiere el aprendizaje del ritmo específico que los gobierna:</strong> la cercanía del paso estrecho de los workshops en intimidad y la vorágine desatada de la gran conferencia. Sin embargo, pese a esa diversidad, casi todos ellos están atravesados por un gesto expositivo: la palabra escrita domina en nuestro diálogo cara a cara.</p>
<p style="text-align: justify;">Sabemos que desde hace varios siglos <strong>los encuentros son, junto con los artículos, los dos circuitos fundamentales de circulación del conocimiento académico.</strong> Steve Shapin y Simon Schaffer nos han mostrado en su historia de los primeros experimentos que este singular modo de producir conocimiento natural se alumbró mediante una forma muy particular de encuentro y un género específico de escritura. El experimento fue construido como una performance doméstica en las casas de los gentlemen británicos y al mismo tiempo se diseñaba la tecnología literaria del paper que permitía viajar esos asuntos de hecho a otros lugares. El encuentro experimental teatralizaba los hechos naturales mientras el paper escrito los virtualizaba.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El encuentro es por lo tanto un elemento fundamental de la manera de hacer ciencia,</strong> un engranaje clave para la producción de conocimiento, apoyo para el sostenimiento del cuerpo de la ciencia y pulmón de su economía epistémica. Sorprende por ello que mientras la escritura ha sido sometida a una reflexión y escrutinio intenso desde hace décadas los modos de encontrarnos para poner en común nuestro conocimiento han recibido una escasa atención.</p>
<p style="text-align: justify;">La indagación de nuestros géneros narrativos en la ciencia nos ha permitido constatar las retóricas que animan nuestra escritura, los efectos que producen y las herencias (coloniales, de género, disciplinarias…) que la atraviesan. <strong>¿Qué podríamos decir de nuestras maneras de encontrarnos, juntarnos en común, asamblearnos y ensamblarnos?</strong> Pues bien poco. Pero sí hay algo que podemos constatar: hay mucha gente deseosa de explorar otros modos de estar juntos; y el mundo del arte y la cultura es sin duda un dominio al que se mira en busca de inspiración.</p>
<p style="text-align: justify;">La realización de este encuentro en Medialab-Prado (V Encuentro de la Red esCTS) no es una casualidad. Me atrevería a decir que la presencia de la Red esCTS da cuenta del <strong>interés creciente de las ciencias sociales por el arte como fuente de inspiración para renovar sus métodos empíricos,</strong> formas de representación y modos de encuentro. Y no es extraño porque desde los situacionistas hasta el arte performativo y site especific, la generación de eventos ha sido una práctica artística de creciente relevancia. Se ha pasado de lo expositivo al acontecimiento que hace que ocurra alguna cosa.</p>
<p style="text-align: justify;">Los tres proyectos convidados: el Gabinete de crisis de ficciones política, el encuentro Sociología ordinaria y el proyecto Citykitchen, dan cuenta de esas fértiles intersecciones entre las ciencias sociales y arte. Todos ellos son f<strong>ormas de estar juntos singulares, heterodoxas, que experimentan con los modos de poner en común nuestro conocimiento</strong> y nuestros cuerpos mientras exploran nuevas formas de registro.</p>
<p style="text-align: justify;">Un famoso texto del crítico e historiador de arte Hal Foster que conocí gracias a Azucena Klett, ‘El artista como etnógrafo’, dice que entre artistas y antropólogos (y podríamos generalizarlo para las ciencias sociales) hay una mutua envidia. Los artistas envidian de los antropólogos su capacidad para acceder a la alteridad cultural; los antropólogos, por su parte, envidian de los artistas su apertura y libertad creativa. No sé si es la envidia lo que nos ha traído hasta aquí, pero no dejo de pensar que esta pudiera ser el punto de partida para una fructífera discusión e intercambio: <strong>pongamos en común nuestras envidias para generar un espacio de intercambio epistémico fructífero.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hace un par de años Alberto Corsín y yo organizamos unos seminarios que llamamos <a href="http://www.prototyping.es/la-critica-a-paseo">‘Sacar la crítica a paseo’</a>; queríamos dialogar con formas de crítica urbana que no discurriesen por las sendas del discurso escrito. <strong>Formas de crítica que ponen el cuerpo en primer plan</strong>o, como la bici crítica o que planean la ciudad con infraestructuras mundanas, como los talleres de construcción de mobiliario urbano. La crítica hecha carne y mueble, en mitad del huerto o sobre dos ruedas.</p>
<p style="text-align: justify;">Cada uno de los cinco seminarios lo realizamos en un lugar diferente: El Campo de Cebada, en Medialab-Prado, en Esta es una plaza, en Intermediae, y por supuesto, en la calle también. <strong>Pusimos a deambular los seminarios por la ciudad y los ubicamos en los lugares donde nos parecía que la crítica urbana tomaba formas singulares</strong> que nos ayudaban a re-imaginar la ciudad en nuevos términos.</p>
<p style="text-align: justify;">Esos seminarios que derivaban por la ciudad eran el efecto de lo que habíamos conocido, poníamos en juego lo que estábamos aprendiendo: <strong>la hospitalidad de Medialab-Prado</strong>, la <strong>ambulación atmosférica de las asambleas</strong>, el <strong>cuidado de la escucha en Intermediae</strong>… Los seminarios dejaban entrever las sensibilidades epistémicas de nuestras contrapartes en el campo etnográfico al tiempo que pugnaban por reproducirlas. Eran ejercicios coreográficos de la palabra y el cuerpo.</p>
<p style="text-align: justify;">La coreografía es junto con el teatro y la escritura uno de los tres grandes regímenes de las artes, tres prácticas de la palabra y del cuerpo. Jacques Rancière recurre a esta gran división de Platón para elaborar su propuesta de lo que denomina la <strong>distribución sensible de lo común,</strong> una manera de pensar la política desde la estética. Una política donde la distribución de lo sensible <strong>“trata de lo que vemos y de lo que podemos decir al respecto, sobre quién tiene la competencia para ver y la cualidad para decir, sobre las propiedades de los espacios y los posibles del tiempo”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Mi intuición es que los encuentros que hoy están convocados en esta mesa son la <strong>coreografía de quienes han aprendido a moverse con un ritmo distinto dentro de la academia, el arte, el activismo, la arquitectura, la ciudad…</strong> aquellos y aquellas que han aprendido a bailar un son nuevo y a seguir un compás diferente.</p>
<p style="text-align: justify;">Coreografías que expanden los límites de sus propias disciplinas. No son únicamente encuentros para la circulación del conocimiento, son el indicio de sensibilidades que atraviesan las prácticas epistémicas de sus participantes. Podríamos decir, con Rancière, que entonces, en estos encuentros, hay un <strong>esfuerzo por una nueva redistribución de lo sensible que vuelven a poner en juego quién puede ver, hablar y danzar en común y sobre lo común.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Imagen: <a href="http://gabinetecrisisficciones.blogspot.com.es/">Gabinete de Crisis de Ficciones Políticas</a>.</p>
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		<title>Archivos desobedientes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Sep 2015 09:57:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Archivo]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Un blog que describe gráficamente con detalle y preciosismo las precarias infraestructuras de la ocupación del parque Gezzi (#Occupy Gezi Architecture). Una infraestructura urbana que amuebla la ciudad con una zona temporal autónoma en la forma de archivo (Archive TAZ). Una base de datos digital que documenta los apaños urbanos producto de la inventiva ciudadana [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Un blog que describe gráficamente con detalle y preciosismo las precarias infraestructuras de la ocupación del parque Gezzi (<a href="http://occupygeziarchitecture.tumblr.com/">#Occupy Gezi Architecture</a>). Una infraestructura urbana que amuebla la ciudad con una zona temporal autónoma en la forma de archivo (<a href="http://archivetaz.org">Archive TAZ</a>). Una base de datos digital que documenta los apaños urbanos producto de la inventiva ciudadana en distintas geografías (<a href="http://www.inteligenciascolectivas.org">Inteligencias Colectivas</a>)… <strong>Archivos que intervienen en la ciudad</strong> y son también el efecto de otras intervenciones. Archivos que narran lo urbano e infraestructuran la ciudad. Archivos que aspiran a liberar espacios como el software libre abre la tecnología. En definitiva, <strong>archivos urbanos desobedientes,</strong> que no sirven para engranar el orden establecido sino para desafiarlo</p>
<p>En la última década los hemos visto proliferar por todas partes: archivos individuales y colectivos, grandes o pequeños, en formato digital, material, o una mezcla de ambos. El <strong>impulso archivístico impregna de una manera sutil y casi invisible nuestra vida cotidiana.</strong> Documentamos lo ordinario y tornamos lo mundano en un objeto mediático fijado en la forma de archivo: imágenes que pasan a nuestro teléfono móvil, textos que categorizamos en nuestros blogs, vídeos subidos a grandes repositorios de Internet, bases de datos dedicadas a cualquier tipo de objeto digital… Y una vez en el archivo, se abren mil y una posibilidades para nuevos acontecimientos. <strong>El archivo es siempre el fin de algo y el principio de alguna otra cosa,</strong> un umbral entre dos lugares y dos tiempos diferentes.</p>
<p>Sabemos que el archivo moderno surge en el siglo XIX como un instrumento esencial de los Estados emergentes. Una <strong>tecnología destinada a reunir información sobre la población y los territorios,</strong> los archivos amueblaron los gobiernos nacientes con detalles sobre las reclamaciones de tierras y las obligaciones fiscales. Fueron también en esa época instrumentos imprescindibles del proyecto colonial, una tecnología que ayudó a extender geográficamente el alcance de los gobiernos: se ponía orden a vastos territorios mediante la ordenación de enormes archivos. De manera resumida, <strong>el archivo ha sido tradicionalmente una tecnología de control en manos de las grandes instituciones.</strong> Jacques Derrida y Michel Foucault nos enseñaron décadas atrás a pensar en el archivo como un modo hegemónico de pensamiento y una forma de control de los ciudadanos. Foucault lo sintetizó de manera sencilla y contundente al describir el archivo como un “sistema de enunciabilidad”: <strong>el archivo establece lo que se puede decir y lo que no</strong>, sirve para la producción y autorización del discurso. Derrida va más allá al argumentar que el archivo contribuye a la producción de aquello que aloja: no sólo guarda hechos sino que contribuye decisivamente a producirlos.</p>
<p><strong>Desobedientes</strong><br />
Frente a ese instrumento burocrático e institucional, hemos visto proliferar archivos radicales que han transformado su arquitectura y han redefinido radicalmente su función. El gran <a href="https://archivosol15m.wordpress.com/">archivo del 15M</a> constituye un ejemplo paradigmático. A los pocos días de la emergencia de la #AcampadaSol comenzó a constituirse un archivo destinado a documentar lo que estaba ocurriendo en el centro de la ciudad. Varios terabytes de contenido digital, pancartas y otros materiales son ahora preservados y cuidados en el Centro Social Autogestionado Tres Peces Tres en Lavapiés. <strong>Si la acampada dotó a la plaza con una infraestructura para habitarla de otra manera, el archivo de Sol amuebló la ciudad con un nuevo órgano para su memoria.</strong> Y ese particular impulso por preservar la memoria y narrar la ciudad viajó a los barrios a través de las asambleas que, concienzudas en las minutas de sus reuniones e insistentes en la narración de sus acciones, dieron cuenta de la ciudad que estaban reinventando.</p>
<p>Hemos escuchado repetidamente durante el último lustro que las tecnologías digitales han cableado las nuevas formas de activismo y práctica política; apenas hemos reparado, sin embargo, en la <strong>transformación radical del archivo en el nuevo clima de reinvención política.</strong> Solo algunos/as se han dedicado a pensar el lugar del archivo en el nuevo escenario político. Mi colega Ernesto García me decía que recientemente tomó conciencia de la dificultad para acceder a una parte de la memoria del activismo madrileño de la década de los noventa. Es probable que aquí y allá puedan encontrarse restos de lo que aconteció entre colectivos okupas, anarquistas, autónomos… pero la memoria está diseminada, no es pública y resulta de difícil acceso. Un ejemplo excepcional que explora <strong>la posibilidad y evidencia la necesidad de equipar al activismo político de tecnologías de archivo</strong> es la iniciativa con sede en Londres <a href="http://maydayrooms.org/">MayDay Rooms</a>, en sus propias palabras el proyecto se define como: “an active repository, resource and safe haven for social movements, experimental and marginal cultures and their histories”.</p>
<p>La cuestión no es sencilla, porque pareciera que <strong>los tiempos, infraestructuras materiales, dedicación y cuidados que requiere el archivo desafían a menudo las posibilidades de muchos proyectos activistas.</strong> Sin embargo, tenemos suficientes evidencias para decir que el archivo es un dispositivo de excepcional relevancia política. Los archivos que han proliferado en los últimos tiempos <strong>han alimentado la imaginación desobediente, han equipado los aprendizajes del activismo y han amueblado espacios urbanos para la experimentación política.</strong> En manos de las iniciativas ciudadanas el archivo, como dice el antropólogo Arjun Appadurai, deja de ser un instrumento para la memoria y se convierte en un dispositivo para la imaginación, una tecnología de la aspiración. <strong>Archivos desobedientes que no son construidos por el Estado sino liberados por los ciudadanos y que no extienden el control sino que lo contestan</strong>. Son instrumentos que más que recordar el pasado animan las aspiraciones de un futuro distinto: en manos de los ciudadanos, los archivos han sido liberados.</p>
<p><strong>Urbanos</strong><br />
Hay un aspecto distintivo de algunos archivos que hemos visto proliferar en tiempos recientes. <a href="http://occupygeziarchitecture.tumblr.com/">#OccupyGezi Architecture</a>, <a href="http://archivetaz.org/">Archive TAZ</a> (de Todo por la Praxis) e <a href="http://www.inteligenciascolectivas.org/">Inteligencias Colectivas</a> (de Zoohaus), son todos ellos <strong>archivos que mantienen una íntima relación con la ciudad</strong>. Hacen de esta su lugar de residencia y espacio de intervención, documentan lo que ocurre en ella al tiempo que la amueblan con nuevas infraestructuras: archivos que narran e infraestructuran. Los ejemplos son innumerables y abundantes especialmente entre los colectivos de arquitectura. Estructurado como un archivo desde su punto de partida, el proyecto de <a href="http://www.todoporlapraxis.es/?p=1424">Increasis</a> (también de Todo por la Praxis) fue lanzado como un repositorio de los desmanes de la especulación inmobiliaria. La Declaración de los Derechos Urbanos, de Zuloark, recopila las aspiraciones por una ciudad diferente al tiempo que experimenta con la infraestructura del archivo.</p>
<p>Pese a la constatación de la emergencia del archivo, es singular la desatención teórica y la invisibilización práctica que ha sufrido en determinados contextos. <strong>Frente al afán por construir mapas, pareciera que nadie se interesa por el archivo</strong> aunque muchas de esas cartografías son, en realidad, la visualización parcial de archivos que permanecen invisibles. Me atrevería a decir que el enorme catálogo del <a href="http://viveroiniciativasciudadanas.net/que-es-vic/">Vivero de Iniciativas Ciudadanas</a>, que muy habitualmente recurre al vocabulario del mapa y la cartografía para describirse, puede pensarse de manera productiva como un ejercicio de archivo. Pudiera parecer trivial pero nombrarlo en uno u otro sentido abre diferentes posibilidades a nuestra práctica y nos ayuda a identificar diferentes oportunidades políticas.</p>
<p>El archivo es una figura con tradición en el pensamiento urbano. Hace casi un siglo Walter Benjamin trazó esa analogía por la cual es posible pensar la ciudad como un gran archivo histórico: recorrer sus calles es navegar el archivo de la historia urbana. En otras ocasiones el archivo ha sido el lugar donde se guarda la memoria de la ciudad: la ciudad dentro del archivo. El archivo y la ciudad tienen una relación diferente en los casos mencionados. <strong>El archivo no es una metáfora ni la ciudad es únicamente el objeto de una práctica documental.</strong> Nos encontramos con <strong>archivos que expanden las intervenciones ciudadanas hacia otros lugares y momentos y generan condiciones para la experimentación urbana.</strong> Archivos que no pueden reducirse al gesto documental porque <strong>están atravesados por un impulso profundamente infraestructural,</strong> el que anima la experimentación con nuevas arquitecturas de archivo. El archivo es un repositorio de documentos, pero es también una singular arquitectura urbana.</p>
<p>La <a href="http://www.urbanrights.org/">Declaración Universal de los Derechos Urbanos</a> comenzó como un repositorio de entrevistas digitales sobre los derechos urbanos para ser traducida posteriormente en un parlamento urbano. <strong>El repositorio de lo dicho se convirtió en un foro de lo que estaba por decir.</strong> La Declaración, como otros de los referidos, nos pone sobre la pista de archivos singulares archivos en los cuales <strong>la ciudad no se guarda sino que se fragua.</strong> Son archivos que modelan lo urbano a través de sus arquitecturas particulares y dan vida a otra manera de practicar la calle y habitar la plaza. <strong>Infraestructuras que narran la ciudad y arquitecturas que la transforman: el archivo como género urbano.</strong> Si el archivo es en su etimología, literalmente, un lugar, nos encontramos ante nuevos lugares urbanos. <strong>Lugares-archivo donde la ciudad se hace, se aprende, se experimenta y se construye.</strong> Son lo que querría llamar archivos urbanos.</p>
<p>&nbsp;<br />
<strong>Referencias implícitas</strong><br />
Appadurai, A. (2003). Archive and Aspiration. In J. Brouwer &amp; A. Mulder (Eds.), Information is Alive: Art and Theory of Archiving and Retrieving Data (pp. 14-25). Rotterdam: NAj Publishers.<br />
Corsín Jimenez, A., Estalella, A., &amp; Colletive, Z. (2014). The interior design of [free] knowledge. Journal of Cultural Economy, 7(4), 403-515.<br />
Flood, C., &amp; Grindon, G. (2014). Disobedient Objects.<br />
Foucault, M. (1970). The Order of Things. London: Routledge.<br />
Derrida, J. (1996). Archive Fever: A Freudian Impression. Chicago: University of Chicago Press.<br />
Featherstone, M. (2006). Archive. Theory, Culture &amp; Society, 23(2-3), 591-596.<br />
Geiger, T., Moore, N., &amp; Savage, M. (2010). The Archive in Question. CRESC Working Paper Series, 81.<br />
Lafuente, A. (s/d). Los laboratorios ciudadanos y el anarchivo de los comunes<br />
Osborne, T. (1999). The ordinariness of the archive. History of the Human Sciences, 12(2), 51–64.<br />
Stoler, A. L. (2009). Along the Archival Grain. Thinking through colonial ontologies. Princeton and Oxford: Princeton University Press.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Imagen:</strong> Archive TAZ, Todo por la Praxis.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Espacios de reinvención urbana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Adolfo Estalella]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Sep 2015 09:23:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Proyectos Ciudadanos]]></category>
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					<description><![CDATA[Ayer se presentó en Matadero los Madriles, un fantástico proyecto dedicado a mapear las iniciativas ciudadanas que desde hace tiempo proliferan por Madrid. Lo han desarrollado Zuloark + Lys Villalba, Vivero de Iniciativas Ciudadanas [VIC], Paisaje Transversal, Todo por la Praxis con el apoyo de Intermediae, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM). Aquí el breve texto publicado esta semana [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer se presentó en Matadero <a href="http://losmadriles.org/">los Madriles</a>, un fantástico proyecto dedicado a mapear las iniciativas ciudadanas que desde hace tiempo proliferan por Madrid. Lo han desarrollado <a href="http://www.zuloark.com/" target="_blank">Zuloark + Lys Villalba</a>, <a href="http://viveroiniciativasciudadanas.net/" target="_blank">Vivero de Iniciativas Ciudadanas [VIC]</a>, <a href="http://www.paisajetransversal.com/" target="new">Paisaje Transversal</a>, <a href="http://www.todoporlapraxis.es/" target="_blank">Todo por la Praxis</a> con el apoyo de <a href="http://intermediae.es/" target="_blank">Intermediae</a>,<a href="http://www.aavvmadrid.org/" target="_blank"> la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM)</a>. Aquí el breve texto publicado esta semana en <a href="https://www.diagonalperiodico.net/libertades/27704-madrid-prepara-marco-comun-para-la-cesion-espacios.html">Diagonal</a> justamente sobre la posibilidad de pensar esos proyectos como ejercicios de reinvención de la gobernanza urbana.</p>
<p>Ciudadanos y vecinos han tomado el espacio público urbano en los últimos años y en ese proceso han reformulado nuestra manera de tomar parte en la ciudad. De un lado a otro proliferan huertos que reverdecen terrenos baldíos, proyectos vecinales que liberan edificios desocupados e iniciativas que amueblan vacíos urbanos. <strong>Frente a la ciudad oficial y estática, la iniciativa vecinal reinventa nuestra relación con la urbe</strong> al tiempo que <strong>espacializa una política distinta</strong>. Ocurre de maneras diversas en ciudades como Málaga, Barcelona, Bilbao o Madrid, entre otras; me refiero sólo a la última porque conozco sus experiencias de primera mano.</p>
<p>Las iniciativas que se han esforzado por <strong>acondicionar materialmente los nuevos solares de la ciudad se han volcado ahora en su letra legal</strong>. Una red emergente de espacios madrileños se afana desde hace meses por diseñar un marco común que soporte la cesión de espacios y dé seguridad jurídica a los proyectos vecinales que en ellos se desarrollan. Rediseñar la ciudad interviniendo en su espacio legal tiene un precedente excepcional en la okupación: la transgresión de la ley ha permitido visibilizar los desmanes de la especulación inmobiliaria. <strong>La construcción de un marco legal para la cesión de espacios es una manera distinta de ocupar la ciudad rehabilitando su arquitectura legal</strong>: ejercicios que diseñan otras texturas de lo público interviniendo sobre su espacio normativo.</p>
<p>La discusión legalista pudiera parecer un asunto menor pero es un gesto de creatividad política audaz en la ciudad. Un precedente excepcional nos ha mostrado cómo <strong>hackear la ley permite la construcción de nuevas condiciones para la colaboración</strong> este es el Software Libre, una de las tecnologías más excepcionales de Internet que da cuerpo a algunas de sus infraestructuras clave. Una de las invenciones más sofisticadas del Software Libre ha sido el desarrollo de una <strong>infraestructura legal que invirtió el régimen convencional de la propiedad intelectual.</strong> A través de un sistema de licencias, el software libre responde a la lógica excluyente de los derechos de autor desplegando un impulso incluyente que expande las posibilidades de la invención tecnológica y la creatividad organizacional.</p>
<p>La legislación urbana ha crecido a lo largo de la última década y nuestros derechos sobre la ciudad se han reducido paralelamente. El proceso de <strong>atrofia reguladora</strong> es similar a lo acontecido en el ámbito de la cultura con la ampliación desbocada del copyright que limita la creatividad ciudadana en beneficio de la iniciativa empresarial e insiste en el gesto autorial. Traducido a la ciudad, nos encontramos con <strong>ordenanzas que prohíben prácticas seculares</strong> como sacar la silla a la calle, normas que excluyen jugar en la plaza y leyes que limitan la libertad de circulación. El espacio público urbano se achica mientras la ley se ensancha. A la manera del software libre, <strong>quizás la forma de expandir la ciudad sea intervenir en las condiciones legales de su espacio público,</strong> revertir y darle la vuelta a la lógica de la reducción legal para expandir nuevas condiciones de lo urbano.</p>
<p>Hace años que los gobiernos municipales de todo el mundo son conscientes de su incapacidad para responder a la complejidad creciente de las ciudades. El tropo de la participación es un reconocimiento de la necesidad de abrir el diseño y planeamiento de la ciudad a la participación de sus habitantes. Pero a diferencia de otras formas convencionales donde la participación en los asuntos de la ciudad se vehicula a través de la consulta o la demanda, <strong>los espacios ciudadanos constituyen lugares donde la participación se reinventa, otra política se espacializa y el derecho a la ciudad se equipa con nuevas infraestructuras.</strong> A través de otros modos de habitar lo urbano esos ejercicios de creatividad ciudadana ensayan nuevas formas de gobernanza de la ciudad. Las intervenciones en el espacio urbano están <strong>reinventando las formas de organización vecinal, ensayando otros modos de interlocución con la administración y explorando los límites de los regímenes de propiedad.</strong></p>
<p>Vivimos en ciudades cada vez más complejas que requieren de nosotros un enorme <strong>ejercicio de re-imaginación para poder gobernarlas de manera justa y expandir las posibilidades de habitarlas.</strong> Esos pequeños espacios donde la creatividad ciudadana se expande contienen dentro de ellos la forma de una ciudad distinta: son <strong>la sinécdoque de una nuevas gobernanza urbana.</strong> En buena medida, son iniciativas que comparten sensibilidad urbana y aspiraciones políticas con algunos de los gobiernos municipales surgidos en las últimas elecciones. A ellos, como a otros, les desafían a que sean capaces de sostener los espacios que nos permiten imaginar de forma singular una ciudad distinta. En ellos, <strong>la participación no depende de la invitación oficial, es el efecto de la invención ciudadana.</strong> Confiemos en que los nuevos gobiernos municipales estén a la altura de los tiempos que corren y los espacios que se despliegan.</p>
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