Comisarios: Javier Barón, Jefe de Departamento de Pintura del Siglo XIX y Richard Rand, Jefe de Conservación del Sterling and Francine Clark Art Institute
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Garantía del Estado: 152.053.493,71 euros (ver BOE 17 de septiembre de 2010)

Pierre-Auguste ' Autorretrato' (c. 1897) óleo sobre lienzo, 16 1/4 x 13 3/16 in. (41.3 x 33.5 cm). Firmadp arriba a la izquierda: Renoir. Sterling and Francine Clark Art Institute, 1955 /Copyright © 2010 Sterling and Francine Clark Art Institute

Pierre-Auguste Renoir. 'Bañista Rubia' (1881) óleo sobre lienzo, 81.8 x 65.7 cm. Adquirido por Sterling and Francine Clark, 1926 /Copyright © 2010 Sterling and Francine Clark Art Institute
Pierre Auguste Renoir (1841-1919)
Hay una distancia, una brecha que nos produce una cierta desazón, si contemplamos a un lado las fotografías o autorretratos de Renoir de las últimas décadas de su vida y al otro la producción correspondiente a esas fechas. De una parte podemos ver al hombre, al pintor que ya se resiente de la enfermedad reumática que le dejará paralizado en una silla de ruedas y, de la otra, mujeres desnudas, ninfas, venus llenas de colores vivos, cálidos, repletas de luz y de calor.
Es difícil entender que del cuerpo dolorido que apenas pesa 48 kilos y esas manos artríticas retorcidas, vendadas para sujetar los pinceles, se correspondan a pinturas tan llenas de vida, llenas de sensualidad, que hablan del placer.

Renoir. 'Escena de Tannhäuser, tercer acto' (1879) óleo sobre la ópera de Wagner /Copyright © 2010 Sterling and Francine Clark Art Institute
Pero si por algo es conocido popularmente Renoir es precisamente por estas pinturas de desnudos. Bañistas a la luz del sol, redondas jóvenes de pieles nacaradas, muchachas que respiran salud. Son lienzos de vivísimos colores, anaranjados, amarillos, ocres, la luz de una siesta sin fin en la Provenza.
El mismo Renoir lo reconoce una y otra vez:
“Pinto porque disfruto y me relaja. Me gusta pintar lo bello, la pintura debe reflejar lo bonito. Si la pintura sirve para decorar, debe ser bella”.
“Para mí un cuadro debe ser algo amable, alegre y bonito”.
Amarillo de Nápoles, ocre amarillo, tierra de Siena, ocre rojo, tierra verde, verde veronese, azul cobalto, negro marfil. Esta es la paleta que utiliza, sencilla, muy simple.
Nada en estos cuadros habla por un momento del hombre que hay detrás. Renoir elimina del lienzo cualquier arista, el mínimo dolor o angustia. Nada que inquiete o asuste. No hay grietas ni abismos. Todo es tibio, suave. No hay gravedad.
Voluntariamente Renoir busca un encuentro con lo amable, lo cordial , un clima complaciente y tranquilo. El paraíso de Renoir es aquel en el que se puede tomar el sol y adormecerse, o comer una manzana porque no hay castigo.
Renoir excluye de sus cuadros cualquier borde afilado, elimina los peligros. Con sumo cuidado lima los contornos, tapa las amenazas, diluye los riesgos. Hay una ausencia de drama.
De forma deliberada, Renoir crea su mundo.
Por los recuerdos que el director de cine Jean Renoir, hijo del pintor, tiene de su padre, tenemos noticia, sin embargo, de que debajo de estas promesas de felicidad eterna, hay un hombre angustiado, cada vez más lleno de miedos e inseguridades: no quiere que sus hijos se corten el pelo para protegerles de golpes o caídas, ni que se corten las uñas para no perder el tacto. Es capaz de coger un martillo para eliminar los salientes de algún mueble con el que se puedan herir. Le aterrorizan los instrumentos que cortan o pinchan: “Te caes sobre una aguja, se te mete en el ojo y luego se queda uno ciego para toda la vida”.
Tras los paraísos eternamente soleados, se esconde la ansiedad que el pintor transforma y conjura con su pintura.

Pierre-Auguste Renoir. 'Bañista peinándose' (1885) óleo sobre lienzo /Copyright © 2010 Sterling and Francine Clark Art Institute
“Lo que me gusta es la piel, una piel de muchacha sonrosada y que permite intuir una circulación sanguínea venturosa. Lo que me gusta por encima de todo es la serenidad”.
“Hablo de las mujeres que hacen las tareas domésticas, que trabajan… Las intelectuales pierden el sentido de la eternidad y ya no valen para pintarlas”.
Resulta sencillo ridiculizar comentarios del pasado, resulta fácil. De lo que Renoir habla es de un determinado tipo de cuerpo, de un vientre, de unas manos o de un pecho en el que cualquier hombre o mujer se pudiera recostar.
Son pinturas que redimen, mujeres poderosas, de las que vienen en sueños para dar consuelo, alivio o perdón.
Impresiones 1. París,1840
(Durand-Ruel vende ‘Renoires’)
En la tienda de papel Durand-Ruel se venden imágenes de artistas como Gericault o Delacroix, con tanto éxito que se convierte en un punto de encuentro para artistas y coleccionistas y se transforma en galería, galería que se traslada al 103 rue des Petits Champs, un lujoso barrio cerca de la Place Vendôme.
Las subastas de arte ya existían en el XVI, los marchantes en el XVII, pero es a partir de mediados del XIX con la nueva prosperidad de las clases medias cuando el mercado de las artes se convierte en industria.
Al comienzo del movimiento impresionista, estos intermediarios son lo bastante influyentes como para canalizar y crear la demanda. La historia del coleccionismo está intimamente ligada al desarrollo del capitalismo. En París, hacia 1870, hay más de cien marchantes.
La galería Durand-Ruel había comprado cuadros impresionistas a bajo precio, pagando entre 140 y 500 francos por lienzo con un beneficio razonable. Paul Durand-Ruel podía comprar cargamentos enteros de cuadros de golpe o se comprometía a comprar la obra completa de un artista.
En 1873 compró 23 cuadros a Manet por 35.000 francos que luego despachó entre 4.000 y 20.000 francos por pieza. En 1881 firmó un contrato por el que compraba a Pisarro todo lo que pintara en el futuro, que entonces sólo vendía a 300 francos, cifra que multiplicó considerablemente.
En 1872 había comprado dos cuadros a Renoir, en 1881 le compra ya con regularidad hasta llegar a ser su distribuidor a lo largo de su vida. En 1883 organiza una exposición monográfica de Renoir.
En 1886 da el gran salto y si hasta entonces los estadounidenses ricos habían acudido a él hasta París, es el propio Durand-Ruel el que monta en la Academia Nacional de Diseño de Nueva York una muestra con 289 cuadros de impresionistas franceses, respondiendo con ello a una invitación de James Sutton, exdirector de los almacenes Macy´s y el Gran Bazar y entonces presidente de la Asociación de Arte de América, junto con el subastador Thomas E. Kirby: 17 Manet, 48 Monet, 38 Renoir, 42 Pisarro, 33 Degas, 15 Sisley, 3 Seurat, entre otros.
Aunque se vende poco (del valor inicial de 80.000 dólares, no se colocan mas que 17.500), esta exposición sirvió de encuentro con acaudalados estadounidenses que constituyeron el fondo de los futuros clientes: Fuller, Spencer, Lawrence Cyrus (banca), Fitzerald y Kingman (coleccionistas) y H.O. Havemeyer (azucareras, ferrocarril).
En 1892 Durand-Ruel monta una gran retrospectiva de Renoir.
Su casa fue una de las principales proveedoras del americano Barnes y los rusos Morozov y Shchukin para formar sus respectivas y magníficas colecciones de pintura moderna francesa.
En 1911 Durand-Ruel traspasó las riendas de su negocio a sus hijos Joseph y George. La filial neoyorkina de la empresa, abierta en 1886 cerró en 1950, mientras que la galería parisiense continuó hasta 1974, dirigida por el hijo de Joseph, Charles.
Impresiones 2. Paris, 1845
(La sastrería)
La familia Renoir llega a París en diligencia desde Limoges, un viaje que dura dos largas semanas. El negocio de sastrería del padre ya no da dinero suficiente. Los trajes de buen paño, confeccionados a medida, de los que duran para toda la vida, estaban siendo desplazados por las nuevas formas de confección en serie, mucho más económicas.
Pierre tiene cuatro años.
París 1.200.000 habitantes.
Para beber o lavarse se contaba con el aguador. Los pobres iban a la fuente. Para calentarse había que encender fuegos de leña en las chimeneas. Los incendios se apagaban pasando cubos de mano en mano.
Las aguas fecales no circulaban por las alcantarillas. No había. Reinaba el orinal.
Las verduras crecían en jardincillos detrás de las casas o en el huerto del horticultor del vecindario. Los carniceros mataban a los animales en la trastienda o en el patio.
No se conocían la anestesia, ni los microbios, ni los antisépticos. Las mujeres parían con dolor. Las mujeres pobres amamantaban a sus niños y las ricas alquilaban los pechos de una nodriza.
Se forjaban a mano las cerraduras, los muelles de las berllinas, las herramientas, las barandillas.
Los artesanos vivían en el piso superior, encima de sus tienda. No conocían los largos trayectos para ir a la fábrica. Los obreros trabajaban doce horas diarias y cobraban franco y medio.
La docena de huevos costaba cinco céntimos y era de trece por docena. Cinco céntimos era muchísimo dinero.
La media de vida en Francia era de 35 años.
No existían el cine, la radio ni la televisión. No existía la fotografía.
Pierre dormía en un colchón que se extendía en la tabla donde cosía su padre.
Impresiones 3. Nueva York, 1851
(Singer y Clarck)
Los socios Isaac Merrit Singer y el abogado neoyorkino Edward S. Clark fundan la Compañía I.M. Singer & Co. Mientras el primero aporta la novedosa máquina de coser, el segundo introduce el sistema de venta a plazos, la venta a domicilio, las franquicias, repuestos, etc. con gran éxito gracias a estas modernas técnicas que lograron, rápidamente, una gran difusión.
Una pincelada
(Singer, Clarck, Francine y Renoir)
A Renoir le gustaba explicar la vida como si fuera un corcho, “en la vida hay que dejarse llevar como un corcho por la corriente”.
A su padre, una corriente que venía del otro lado del Atlántico en forma de máquinas de coser y nuevas técnicas de confección en serie, le desplazó del pequeño negocio de sastrería que tenía la familia en Limoges. Buscó un futuro mejor en París.
Curiosamente la marea hizo el camino de vuelta años más tarde.
Robert Sterling Clark, nieto heredero de la gran fortuna que Edward S. Clark había hecho con la Singer Company, viaja a París donde conoce a la actriz, que será su esposa, Francine. Juntos adquirirán una de las más grandes colecciones de pintura impresionista francesa, entre las que se encuentran las más de 35 obras de Pierre Auguste Renoir que conforman esta exposición.

Mr. y Mrs. Clarck examinando un catálogo en Durand-Ruel. Paul Clemens (1942) óleo sobre tela, 48,7x36,2 cm / Sterling and Francine Clark Art Institute
Un dibujo
“Propongo que se cree una sociedad…..Esa sociedad llevará el nombre de Sociedad de los Irregulares. Quien sea irregular debe saber que un redondel nunca debe ser redondo”. Pierre-Auguste Renoir.
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>Late Renoir, en el Museo de Philadelphia philamuseum.org
>Renoir llega al Prado + Las 10 obras imprescindibles de Renoir elcultural.es
>La amable, alegre y bonita pasión por Renoir aaaaarte.com
>Renoir en el Prado elmundo.es/Efe
>Renoir en el Museo del Prado lavanguardia.es/Efe
>Renoir en el Prado lavozdegalicia.es/Efe
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>6 March 2011. Renoir’s painting of Camille is being sold by the Sterling and Francine Clark Institute guardian.co.uk
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Lista de obras:
Etiquetas: Museo del Prado, Renoir, Robert Sterling Clark